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Zacarías

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Zacarías
8:11
Resúmenes del Antiguo Testamento
Zacarías

El antiguo orden de la TaNaK de la Biblia hebrea tiene un aspecto importante en común con la Biblia cristiana: las doce obras proféticas, desde Oseas hasta Malaquías, a veces denominadas “Los Profetas Menores”, fueron concebidas como un único libro llamado: "Los Doce". Zacarías es el undécimo libro de "Los Doce".

Zacarías se desarrolla después del regreso de los exiliados de Babilonia a Jerusalén. El libro de Esdras (Esdras 5:1-2) nos dice que Zacarías y Hageo desafiaron y motivaron al pueblo a reconstruir el templo y buscar el cumplimiento de las promesas de Dios. Hace mucho tiempo, el profeta Jeremías dijo que el exilio de Israel duraría 70 años (Jeremías 25:1; Jeremías 29:10) y que después Dios restauraría su presencia en un nuevo templo. Es entonces cuando Dios traería su Reino y el gobierno del mesías sobre todas las naciones (Jeremías 30-33). Las fechas al comienzo del libro nos dicen que esos 70 años estaban por terminar, pero como la vida en la tierra era dura, parecía que las promesas de Dios no se cumplirían. El libro de Zacarías ofrece una explicación sobre lo que salió mal.

El diseño literario es bastante claro. Tiene una introducción que marca la pauta de una gran colección de visiones en sueños de Zacarías en los capítulos 1-6. Los sueños concluyen en los capítulos 7 y 8, a los que les siguen dos colecciones más de poesía y profecía en los capítulos del 9-11 y del 12-14. Veamos cómo funciona todo.

Zacarías 1:1-6: Exhortación al arrepentimiento

El libro comienza con Zacarías exhortando a su generación a volver a Dios en lugar de seguir los pasos de sus antepasados, que se rebelaron y se negaron a escuchar a los profetas anteriores. Esa rebelión los llevó al exilio. La respuesta del pueblo a Zacarías fue ideal, ya que se arrepintieron y se humillaron ante Dios, o al menos eso parecía.

Zacarías 1:7-6:15: Visiones en sueños sobre el exilio y la reconstrucción

La siguiente sección del libro de Zacarías es una recopilación de ocho visiones que tuvo el profeta. Solo para prepararte, estas imágenes son tan extrañas e inusuales como tus propios sueños. La idea de que Dios se comunica con las personas a través de sueños simbólicos es muy antigua y se remonta a Génesis. Los sueños de Jacob en Génesis 28, José en Génesis 37 y el faraón en Génesis 41 dieron sentido a los acontecimientos que estaban ocurriendo en su tiempo y abrieron una ventana al futuro.

Los sueños de Zacarías fueron ordenados con un diseño simétrico realmente genial. Las primeras y las últimas visiones (Zacarías 1:8-17; Zacarías 6:1-8) son sobre cuatro jinetes, que son como guardabosques que patrullan el mundo en nombre de Dios. Representan la mirada atenta de Dios sobre las naciones, y su reporte es que el mundo está en paz (Zacarías 1:11; Zacarías 6:8). En los días de Zacarías, esto se refería a cómo Dios levantó a Persia para conquistar Babilonia y traer una paz relativamente estable. Ahora que los 70 años de exilio de Israel estaban a punto de terminar y se había establecido la paz, surge una pregunta: ¿había llegado el momento del Reino mesiánico en Jerusalén? La respuesta de Dios es que cumplirá esas promesas, pero no dice cuándo sucederá.

La segunda y séptima visión (Zacarías 1:18-21; Zacarías 5:5-11) son reflexiones sobre el pecado pasado de Israel que los condujo al exilio. La segunda visión es sobre cuatro cuernos que simbolizan a las naciones que atacaron y dispersaron a Israel. Al igual que Asiria y Babilonia, esos imperios fueron dispersados por un grupo de herreros, una imagen que representa a Persia. El séptimo sueño es sobre una mujer en una cesta. Se nos dice que ella es un símbolo de los siglos de la rebelión del pacto de Israel, y que ella es rápidamente llevada a Babilonia por otras mujeres con alas de cigüeña (¡qué extraño!)

La tercera y la sexta visión (Zacarías 2:1-13; Zacarías 5:1-4) están emparejadas, ya que ambas se centran en la reconstrucción de una nueva Jerusalén. El tercer sueño muestra a un hombre midiendo la ciudad. Es una imagen que representa la promesa de Dios de que Jerusalén será reconstruida y se convertirá en una luz para las naciones que se unirán al pueblo de Dios en adoración. Después, en la sexta visión, un rollo vuela alrededor de la nueva Jerusalén castigando a los ladrones y a los mentirosos, lo que indica que la nueva Jerusalén es un lugar purificado del pecado por las Escrituras.

La cuarta y quinta visión (Zacarías 3:1-10; Zacarías 4:1-14) están en el centro de la sección de los sueños. Presentan a los dos líderes clave de los exiliados que regresaron: Josué, el sumo sacerdote, y Zorobabel, un descendiente del linaje real de David. Josué llevaba el pecado de Israel simbólicamente en forma de ropa sucia, pero en el cuarto sueño se la quitan y le dan ropa nueva y limpia, así como un turbante, como símbolo de la gracia de Dios. Luego, un ángel le dice a Josué que si permanece fiel a Dios, guiará a su pueblo y se convertirá en un símbolo del futuro Rey mesiánico.

La quinta visión es la de dos olivos que proveen aceite para una elaborada lámpara de oro. Esta lámpara es un símbolo de la mirada atenta de Dios sobre su pueblo, mientras que los dos árboles simbolizan a los líderes ungidos Josué y Zorobabel, quienes lideran los esfuerzos de reconstrucción del templo. Sin embargo, Dios dice que el éxito del nuevo templo no es el resultado de maniobras políticas; más bien, estos dos líderes deben depender de la obra del Espíritu de Dios (Zacarías 4:6).

Los sueños concluyen con una breve visión adicional en Zacarías 6:9-15. Esta visión retoma los temas de las visiones centrales: la cuarta y la quinta. Al sacerdote Josué se le entrega una corona y se le presenta como símbolo del futuro mesías, que también será sacerdote en el Reino de Dios. Sin embargo, dice Zacarías, todo esto solo se cumplirá si la generación actual es fiel a Dios y obedece los términos del pacto. En conjunto, estas tres visiones enfatizan cómo la llegada del Reino mesiánico depende de que esa generación sea fiel a Dios.

Zacarías 7 y 8: Invitación a participar en el Reino de Dios

Esto nos lleva a la conclusión de las visiones de los sueños con otro reto, Zacarías 7 y 8. Llega un grupo de israelitas que lleva casi 70 años lamentando la destrucción del antiguo templo. Preguntan: "¿Debemos dejar de llorar? ¿Llegará pronto el Reino de Dios?". En respuesta, Zacarías vuelve a recordar cómo sus antepasados rechazaron el llamado de Dios a través de los profetas, lo que los llevó al exilio (Zacarías 7:4-14). Zacarías repite este antiguo reto profético en el capítulo 8. Esa generación verá el reino mesiánico, si busca la justicia y la paz y permanece fiel al pacto. En otras palabras, Zacarías invierte su pregunta y pregunta: "¿Se convertirán en el tipo de personas que están listas para recibir y participar en el Reino de Dios que viene?"

La pregunta queda pendiente ya que el pueblo no responde, y así, el libro simplemente continúa.

Zacarías 9-14: Imágenes del reino mesiánico

Las dos secciones finales (Zacarías 9-11; Zacarías 12-14) son muy diferentes de los primeros ocho capítulos. Cada uno es un collage caleidoscópico de poemas e imágenes sobre el futuro reino mesiánico. La primera sección (capítulos del 9 al 11) describe a un humilde rey mesiánico que entra en la nueva Jerusalén montado en un burro para establecer el Reino de Dios sobre las naciones. El rey es simbolizado como un pastor sobre el rebaño de Israel. Es rechazado por su propio pueblo y por sus líderes, quienes también son simbolizados como pastores. Como castigo, Dios entrega a Israel en manos de esos líderes corruptos. Esto entonces plantea la pregunta: ¿el rechazo de Israel a su rey pastor durará para siempre?

La sección final (capítulos 12-14) responde con un claro "no". Es otro mosaico de poemas e imágenes sobre el futuro reino mesiánico. Estos capítulos, con imágenes muy similares a las de la poesía de Joel y Ezequiel, representan a la nueva Jerusalén como el lugar donde la justicia de Dios finalmente confrontará y derrotará al mal entre las naciones. Sin embargo, Dios también confrontará la rebelión de su propio pueblo. Va a derramar su Espíritu sobre ellos, para que se arrepientan y se entristezcan por el hecho de que rechazaron a su pastor mesiánico. El capítulo final (capítulo 14) concluye con la nueva Jerusalén como el punto de reunión de todas las naciones. Luego, la ciudad se convierte en un nuevo jardín del Edén, con un río de agua viva que fluye del templo para sanar a toda la creación.

Y ahí termina el libro. Zacarías te deja reflexionando sobre la conexión entre los capítulos 1-8 y 9-14. El punto parece ser que el futuro Reino de la segunda mitad del libro solo vendrá cuando el pueblo de Dios sea fiel al pacto, tal como se deja claro en la primera mitad.

Leer el libro de Zacarías es toda una aventura. Estas visiones y poemas están llenos de imágenes sorprendentes, y en realidad no siguen un flujo lineal de pensamiento. En realidad, eso es parte del punto. Es como la historia o como nuestras propias vidas: no siempre se ajustan a patrones limpios y ordenados. Los profetas nos permiten ver la mano de Dios en acción, guiando la historia hacia su propósito. Así, que al final de todo, Zacarías nos invita a mirar más allá del caos y esperar la llegada del Reino de Dios. Lo que debería inspirarnos a ser fieles en el presente. Ese es el desafío que Zacarías ofrece a todas las generaciones del pueblo de Dios.