Jeremías
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Jeremías fue un sacerdote israelita que vivió y trabajó en Jerusalén durante las últimas décadas del reino del sur en Judá. Fue llamado como profeta para advertir a Israel de las graves consecuencias de romper su pacto con Dios debido a la idolatría y la injusticia. Predijo que el imperio de Babilonia vendría a destruir Jerusalén y que los llevaría al exilio. Tristemente, sus palabras se hicieron realidad. Vivió el asedio y la destrucción de la ciudad y fue testigo del exilio (2 Reyes 24-25).
Este libro surgió de una manera muy interesante. El capítulo 36 nos dice que, después de haber predicado en Jerusalén por veinte años, Jeremías sintió que Dios le impulsaba a reunir todos sus sermones, poemas y ensayos y a escribirlos. Entonces, el profeta hizo precisamente eso. Empleó a un escriba llamado Baruc, quien escribió y compiló todo el material en un rollo. Además, Baruc recopiló muchas historias sobre Jeremías y luego entrelazó todas las piezas. Por eso el libro se lee como una antología o colección de colecciones que fue organizada para presentar a este profeta como un mensajero de la justicia y la gracia de Dios.
Jeremías 1-25: Acusaciones y advertencias de juicio
El libro de Jeremías comienza con Dios llamando a Jeremías para que sea profeta y dándole una doble vocación. Él iba a ser un profeta para Israel y las naciones, y sus palabras iban a "arrancar y destruir", y también a "plantar y edificar" (Jeremías 1:10). En otras palabras, Jeremías debía acusar a Israel y advertirles del juicio venidero de Dios, pero también debía darles un mensaje de esperanza para el futuro. Esta introducción resume perfectamente la primera gran sección, capítulos 1-24. La misma consiste en una recopilación de los escritos de Jeremías anteriores al exilio.
La idea central que encontramos aquí consiste en que Israel ha quebrantado su pacto con Dios y ha violado todos los términos del acuerdo de varias maneras. El pueblo comenzó a adorar todo tipo de dioses cananeos y a construir santuarios de ídolos en todo el territorio. Jeremías utiliza la metáfora de la idolatría como adulterio, y el lenguaje de la prostitución, la promiscuidad y la infidelidad para describir cómo Israel ha entregado su lealtad a otros dioses. Sumado a esto, Jeremías acusa a los líderes corruptos de Israel en varias ocasiones. Sus sacerdotes, reyes y profetas han abandonado la Torá y el pacto, causando la trágica consecuencia de una injusticia social desenfrenada. Los más vulnerables de sus comunidades, las viudas, los huérfanos y los inmigrantes, están siendo explotados en clara violación de las leyes de la Torá, y a los líderes de Israel ni siquiera les importa.
El clásico lugar donde se unen todos estos temas es el capítulo 7, llamado: "El sermón del templo de Jeremías". Los israelitas acuden a adorar a su Dios en el templo de Jerusalén como si todo estuviera bien. Sin embargo, fuera del templo, adoran a otros dioses e incluso adoptan la horrible práctica cananea del sacrificio de niños. Así que Jeremías hace este anuncio muy impopular: el Dios de Israel viene a juzgar, a destruir su propio templo y a castigar a Israel enviando a un "enemigo del norte". Este es un ejército al que Dios permitiría conquistar Jerusalén, conocido como el gran imperio de Babilonia.
Esto nos lleva a una transición en el capítulo 25. Israel aún no ha regresado a su Dios, por lo que, en el primer año del nuevo rey de Babilonia, Nabucodonosor, Dios le dice a Jeremías que anuncie que el ejército de Babilonia vendrá a conquistar y llevar a Israel al exilio durante 70 años. Él compara a Babilonia con una copa de vino, llena de la justa ira de Dios por toda la injusticia e idolatría de Israel, y dice que hará que Israel y las naciones vecinas beban de esa copa. Este capítulo es clave para el diseño del libro, ya que todo lo que viene a continuación se centrará en los ataques venideros de Babilonia, primero contra Israel (capítulos 26-45) y luego contra las demás naciones (capítulos 46-51).
Jeremías 26-45: Historias de desastres y un mensaje de esperanza
La sección que tiene que ver con Israel comienza con relatos sobre Jeremías llamando al pueblo al arrepentimiento (capítulos 26-29). Les advierte hasta el último momento, a pesar del constante rechazo de los líderes israelitas. Esta sección concluye con relatos sobre el asedio y la eventual destrucción de Jerusalén, así como con relatos sobre cómo Jeremías fue perseguido y posteriormente secuestrado y llevado contra su voluntad a Egipto junto a un grupo de rebeldes israelitas (capítulos 34-45).

Ahora bien, justo aquí, entre estas oscuras historias de desastre y juicio, hay una colección de mensajes de esperanza de Jeremías para el futuro de Israel (capítulos 30-33). Él se remonta a la predicción de Moisés de que Israel rompería el pacto con su Dios e iría al exilio. Pero Moisés también prometió que Dios no abandonaría a su pueblo; renovaría su pacto con ellos y transformaría sus corazones (Deuteronomio 30).
Jeremías desarrolla aún más las palabras de Moisés al decir que un día Dios escribiría las leyes de la Torá no en tablas, sino en los corazones de su pueblo (Jeremías 31:33). Dios sanaría sus corazones rebeldes, para que pudieran amarlo y seguirlo verdaderamente. En aquel día, Israel regresaría a su tierra, vendría el Mesías del linaje de David y todas las naciones reconocerían al Dios verdadero. Estos capítulos muestran que, a pesar de la apostasía de Israel, Dios no permitirá que su pecado tenga la última palabra. Su propia fidelidad hará que sus promesas se cumplan, pase lo que pase.
Jeremías 46-52: Juicio para Babilonia y exilio
Después encontramos otra gran colección de poemas que describen cómo Dios utilizará a Babilonia para juzgar a las naciones que rodean a Israel: Egipto (capítulo 46), Filistea (capítulo 47), Moab (capítulo 48) Edom, Amón, Damasco y Hazor (capítulo 49). Entonces, sorprendentemente, los poemas más largos hacia el final del libro tratan sobre el juicio venidero de Dios sobre la propia Babilonia (capítulos 50-51). Aunque Dios utilizó a esta nación para ejecutar su justicia, no aprueba su violencia e idolatría. Babilonia también es juzgada según el estándar de la justicia de Dios, por lo que Jeremías igualmente denuncia su orgullo e injusticia.

Babilonia sobresale en estos poemas, recordándonos la imagen de la ciudad y la torre de Babilonia que se remonta a Génesis 11. En estos poemas, el personaje de Babilonia se ha convertido en un arquetipo de todas las naciones rebeldes. Debido a su glorificación de la riqueza y la guerra, Dios entregará a los babilonios a su propia destrucción.
El libro concluye con una historia tomada del final de 2 Reyes 25 y narra la historia del último ataque de Babilonia contra Jerusalén. Los soldados destruyeron las murallas de la ciudad, quemaron el templo y llevaron a muchos de sus habitantes al exilio. La historia muestra cómo las advertencias de Jeremías de juicio de los capítulos 1-24 realmente se cumplieron, y cómo Jeremías fue reivindicado como un verdadero profeta.
Pero el libro no termina así. La conclusión cuenta una breve historia sobre el rey israelita cautivo, Joaquín, del linaje de David. Después de varias décadas en prisión, el rey de Babilonia lo libera, le muestra su favor y lo invita a comer en la mesa real por el resto de su vida, y así termina el último párrafo.
Este libro relativamente sombrío está diseñado para terminar con un pequeño rayo de esperanza que nos recuerda las profecías esperanzadoras de Jeremías. Dios no ha abandonado a su pueblo ni la promesa de un futuro rey descendiente de David. Y así, el libro de Jeremías ofrece a sus lectores una evaluación sobria del pasado de Israel junto con una mirada esperanzada hacia su futuro.

