Joel
Títulos

El antiguo orden de la TaNaK de la Biblia hebrea tiene un aspecto importante en común con la Biblia cristiana: las doce obras proféticas, desde Oseas hasta Malaquías, a veces denominadas “Los Profetas Menores”, fueron concebidas como un único libro llamado "Los Doce". Joel es el segundo libro de "Los Doce".
El libro de Joel es una breve colección de poemas proféticos que son tanto poderosos como enigmáticos. Este libro es único entre los libros de los profetas por algunas razones, comenzando por el hecho de que no hay una indicación explícita de cuándo fue escrito. Es muy probable que esté ambientado durante el periodo de Esdras y Nehemías, tras el regreso del exilio, ya que el autor menciona Jerusalén y el templo, pero no un reino. Otro aspecto que distingue a este libro es que Joel está claramente familiarizado con muchos otros libros de las Escrituras, ya que alude o cita a los profetas Isaías, Amós, Sofonías, Nahúm, Abdías, Ezequiel y Malaquías, así como al libro de Éxodo. Por último, Joel nunca acusa a Israel de ningún pecado específico. Al igual que los demás profetas, anuncia que la justicia de Dios es inminente y que vendrá para confrontar el pecado de Israel, aunque nunca explica el por qué. Esto se debe a que Joel asume que, al igual que él, tú has estado leyendo los libros de los profetas y ya sabes todo sobre la rebelión de Israel.
Ahora bien, en su conjunto, estas tres características nos ayudan a entender un poco mejor este pequeño y fascinante libro. Joel es un autor bíblico que se dedicó a estudiar escritos bíblicos antiguos. El haber reflexionado respecto a dichos escritos, le ayudó a darle un sentido a las tragedias de su época que a su vez, le dieron esperanza para el futuro.
Joel 1–2: Un Día del Señor pasado y futuro
En los capítulos 1 y 2, Joel se centra en "El Día del Señor". Esta frase es clave en los profetas, ya que describe eventos del pasado en los que Dios se manifestó de manera poderosa para salvar a su pueblo o confrontar el mal. Entre los ejemplos se incluyen las plagas del libro de Éxodo. Sin embargo, estos eventos pasados sirven como una especie de hoja de ruta para los profetas, indicando cuándo Dios volverá a confrontar el mal y salvar al mundo entero. Estos capítulos iniciales presentan dos poemas paralelos que se centran en este tema.
El capítulo 1 trata sobre el Día del Señor del pasado, comenzando con el recuerdo de una calamidad reciente en la que una plaga de langostas devastó a Israel. La descripción nos recuerda el Día del Señor contra Egipto, específicamente la octava plaga del capítulo 10 de Éxodo, ¡excepto que ahora las langostas son enviadas contra Israel! Joel exhorta a los ancianos y sacerdotes a guiar al pueblo al arrepentimiento y la oración. Él mismo se une a la oración, diciendo: "A Ti clamo, oh Señor" (Joel 1:19).
El capítulo 2 comienza anunciando otro Día del Señor, excepto que esta vez se trata de un acontecimiento futuro, un desastre inminente que se avecina sobre Jerusalén. Joel comienza describiendo lo que al principio parece otra plaga de langostas, pero los atacantes se transforman en un tipo diferente de amenaza cuando Joel empieza a utilizar metáforas sobre rangos militares y catástrofes cósmicas. Las langostas se convierten en un ejército, con caballería e infantería, que marcha y destruye todo a su paso. El sol se oscurece y la tierra tiembla. Joel resume acertadamente, "El Día del Señor. Es terrible, ¿quién puede soportarlo?" (Joel 2:11).
Joel llama al pueblo a que ore y se arrepienta, esta vez dando más detalles sobre cómo hacerlo: "Rasguen su corazón y no sus vestidos, y regresen a su Dios" (Joel 2:13). En otras palabras, el arrepentimiento no puede ser solo un espectáculo para evitar problemas. Dios está interesado en un cambio genuino, en el que su pueblo deje de lado su egoísmo y su maldad. Luego, Joel explica por qué Israel debe arrepentirse: "Dios es compasivo y clemente, lento para la ira, abundante en misericordia" (Joel 2:13). Esta es una cita de Éxodo 34:6, en la que Dios perdona a Israel después de que fabricaron el becerro de oro. Joel es consciente, por lo que está escrito en las Escrituras, de que la misericordia y el amor de Dios son más poderosos que su ira y su juicio, por lo que vuelve a guiar a los sacerdotes a que realicen actos de arrepentimiento y oración, diciéndole a Dios: "Perdona, oh Señor, a Tu pueblo" (Joel 2:17).

De repente, la escena cambia y encontramos una breve narración sobre la respuesta de Dios al arrepentimiento de Joel y del pueblo. "Así que Dios se llenó de pasión por su tierra y tuvo compasión de su pueblo" (Joel 2:18). Dios dice que transformará el Día del Señor de un tiempo de juicio a un tiempo de salvación. Él derrotará a los amenazantes invasores y los echará. Él restaurará la tierra devastada y la hará abundante y llena de vida una vez más. Por último, Dios declara que su presencia divina volverá a ser accesible y real para todo su pueblo.
Hasta este punto, los poemas han contado una historia poderosa, en la que Joel lleva a Israel a ver cómo su pecado ha terminado en desastre y juicio divino. Y, sin embargo, debido a la misericordia de Dios, siempre hay esperanza. Joel ve, en todos estos eventos del pasado de desastre y restauración, una imagen del futuro Día del Señor.
Joel 2c-3: El Espíritu empoderador de Dios y la renovación de la creación
En la sección final del libro de Joel (capítulos 2c-3), Joel escribe tres poemas más que se corresponden con la respuesta de Dios en tres partes, entretejiendo imágenes de otros libros proféticos y ampliándolas hasta convertirlas en una visión de esperanza para toda la creación. La esperanza de la presencia de Dios en medio de su pueblo se amplía hasta convertirse en una promesa de que, algún día, el mismísimo Espíritu de Dios y su presencia personal no solo llenarán el templo, sino también a todo su pueblo. Aquí, Joel se basa en las promesas de Isaías 32:15 y 44:3, Jeremías 31:31-34 y Ezequiel 36:23-28, que el Espíritu de Dios vendría a empoderar y transformar a su pueblo, para que pudieran amarlo y seguirlo.

Joel continúa retomando la promesa de Dios de confrontar a los invasores amenazantes. Él ve una similitud entre estas langostas devastadoras y las naciones arrogantes y violentas de su época que devastan y oprimen a su pueblo. Invoca las promesas de Isaías 13, Sofonías 3 y Ezequiel 38-39, sobre el futuro Día del Señor, cuando Dios confrontará el mal entre las naciones, hará que su violencia se vuelva contra ellas mismas y hará justicia para corregir todos los males.
Por último, Joel toma las imágenes de la restauración de la tierra y ve esperanza para la renovación de toda la creación. Reflexiona sobre las promesas de Isaías 35, Ezequiel 47 y Zacarías 14, que después del último día de la justicia de Dios, habría una restauración del mundo entero. El mundo se convertirá en un nuevo Edén, donde la presencia de Dios en Jerusalén fluirá como un río y traerá consigo una renovación cósmica. El poema de Joel termina con el perdón y la misericordia de Dios, que abren paso a una nueva creación.
Este pequeño y singular libro explora ideas profundas, como por ejemplo, cómo el pecado y el fracaso humanos causan destrucción en el mundo, cómo Dios anhela mostrar misericordia a aquellos que reconocen y confiesan sus pecados, y cómo todo esto nos lleva a esperar que algún día Dios derrotará al mal, tanto en nuestro mundo como dentro de nosotros mismos, trayendo su presencia sanadora para renovar todas las cosas. El mensaje de Joel es, ante todo, un mensaje de esperanza.

