Esdras-Nehemías
Títulos

En la mayoría de las Biblias modernas, Esdras-Nehemías son dos libros separados, pero esa división se produjo mucho después de que fuera escrito. Originalmente era una obra unificada escrita por un único autor que vivió mucho después de la invasión de Jerusalén por los babilonios y el exilio (2 Reyes 24-25). Los libros de Esdras-Nehemías retoman la historia unos cincuenta años después, relatando el regreso de algunos israelitas a Jerusalén y lo que sucedió cuando se dedicaron a reconstruir la ciudad y sus vidas.
En particular, el libro se enfoca en tres líderes importantes que lideraron los esfuerzos de reconstrucción: Zorobabel, Esdras y Nehemías. Zorobabel lideró un gran grupo de regreso a Jerusalén para reconstruir el templo (Esdras 1-6). Unos 60 años después, Esdras llegó a Jerusalén para enseñar la Torá y reconstruir la comunidad (Esdras 7-10). Pronto le siguió Nehemías, quien lideró la reconstrucción de los muros de Jerusalén (Nehemías 1-7).
Las tres historias están diseñadas para ser paralelas entre sí. Cada una de ellas comienza con un rey de Persia al que Dios impulsa para que envíe un líder a Jerusalén y le ofrezca recursos y apoyo. Luego, cada líder se enfrenta a obstáculos que supera, pero de una manera que da lugar a un extraño anticlímax.
Esdras 1-6: Zorobabel lidera el regreso de los primeros exiliados y reconstruye el templo
La historia comienza con un decreto de Ciro (Esdras 1:1-4), rey de Persia, movido por Dios, a permitir que los exiliados regresen a Jerusalén y reconstruyan el templo. El autor dice que esto cumple una promesa hecha por el profeta Jeremías (Jeremías 25) que decía que un día los exiliados regresarían. Ahora bien, este cumplimiento debería despertar nuestras esperanzas en muchas otras promesas proféticas de que el exilio de Israel no sería el final de su historia. El lector debe recordar las esperanzas proféticas de la venida de un rey mesiánico del linaje de David (Isaías 11; Oseas 3), la reconstrucción del templo en el que moraría la santa presencia de Dios (Ezequiel 40-48; Zacarías 2), y que el Reino de Dios llegaría a todas las naciones y bendeciría a todos (Isaías 2; Zacarías 8) tal como lo prometió a Abraham (Génesis 12:1-3).
Con todas estas esperanzas en mente, leemos la historia de Zorobabel. Su nombre significa "plantado en Babilonia". Él representa a la generación nacida en el cautiverio babilónico y lidera una oleada de personas que regresan a Jerusalén (Esdras 1-2).
Después de establecerse en Jerusalén, los que regresan reconstruyen el altar para ofrecer sacrificios y más tarde el templo. La ceremonia de colocación de los cimientos (Esdras 3) y la dedicación final del templo (Esdras 6) son momentos clave. Vienen a la mente las historias pasadas del tabernáculo y de la dedicación del templo, cuando descendió la nube ardiente de la presencia de Dios (Levítico 9; 1 Reyes 8). Eso no es lo que ocurre en este caso y aunque algunas personas se alegraron por el nuevo templo, los ancianos que habían visto el templo anterior de Salomón lloraron de dolor. Este templo no se parecía en nada a su glorioso pasado ni a las esperanzas que tenían para el futuro.

Aquí es donde nos encontramos con la primera historia de oposición, y es extraña. Los descendientes de los israelitas que no fueron llevados al exilio y llevaban tiempo viviendo en los alrededores de Jerusalén acuden y ofrecen su ayuda para reconstruir el templo (Esdras 4). Zorobabel los rechaza y dice: "¡Ustedes no tienen nada que ver con nuestro templo!". Esto genera, como es comprensible, un conflicto que Zorobabel termina superando, pero que debería decepcionarnos. Los profetas habían previsto que las tribus de Israel se unirían a todas las naciones para participar en la adoración al Dios de Israel cuando finalmente llegara su Reino (Isaías 2; Zacarías. 8). Este revés es, como mínimo, un comienzo decepcionante.
Esdras 7-10: Esdras lleva de regreso a más israelitas y decreta divorcios
En la siguiente sección (Esdras 7-10), avanzamos décadas en el futuro y conocemos a Esdras, un líder de los israelitas exiliados en Babilonia. Es un erudito y maestro de la Torá designado por Artajerjes, rey de Persia, para guiar a otra oleada de personas de regreso a Jerusalén. Esdras quiere impulsar una renovación social y espiritual entre el pueblo.
Tenemos mucha esperanza, pero una vez más llegamos a otro momento extraño y decepcionante de la historia en los capítulos 9 y 10. Esdras se entera de que muchos de los israelitas exiliados habían regresado y se habían casado con mujeres no exiliadas que vivían en los alrededores de Jerusalén, algunas de las cuales no eran israelitas y otras probablemente sí. A continuación, Esdras hace un apelo al pueblo basándose en los mandamientos de la Torá, instando al pueblo de Israel a ser santo y separarse de los antiguos cananeos (Deuteronomio 23:1-4), y continúa diciendo que los pueblos que viven alrededor de Jerusalén son como los cananeos y que corromperán a los exiliados. Eleva una oración de arrepentimiento, que es muy sincera, pero luego reúne a todos los líderes durante una tormenta de lluvia. Promulga un decreto de divorcio que anula los matrimonios y expulsa a todas las mujeres de los alrededores de Jerusalén y a sus hijos. Este decreto solo se cumple parcialmente, pero a continuación se presenta una lista de algunos de los hombres que lo cumplieron.
Esta historia es extraña por varias razones. Dios nunca le ordenó a Esdras que hiciera nada de esto. Fueron los líderes de Jerusalén quienes lo obligaron a emitir el decreto. Aunque el profeta contemporáneo Malaquías dijo que los exiliados debían preocuparse por la pureza, también afirmó que Dios se oponía al divorcio (Malaquías 2:13-16). Los resultados contradictorios del decreto encajan perfectamente en este patrón de finales extraños y decepcionantes.
Nehemías 1-7: Nehemías regresa para reconstruir los muros de Jerusalén
Esto nos lleva a la sección que tiene que ver con Nehemías, un funcionario israelita que servía en el gobierno persa (Nehemías 1-7). Cuando Nehemías se entera de que los muros de Jerusalén estaban en ruinas, ora y obtiene permiso del rey persa Artajerjes para ir a reconstruirlos. El rey incluso le da una escolta armada y recursos adicionales. Después de llegar y comenzar el proyecto de construcción, él también enfrenta la oposición de las personas que ya vivían en los alrededores de Jerusalén. Una vez más nos encontramos frente una tensión en la historia. El profeta contemporáneo Zacarías decía que la nueva Jerusalén del Reino de Dios sería una ciudad sin muros, rodeada por la presencia de Dios y habitada por personas de todas las naciones (Zacarías 2:3-11). Nehemías parece obrar con la visión opuesta. Él informa a las personas de los alrededores de Jerusalén que "no tenían parte" en la ciudad (Nehemías 2:19-20), lo cual provoca hostilidad. Mientras Nehemías lleva a cabo su visión en la ciudad con integridad y la protege valientemente con guardias armados, nos preguntamos si todo este conflicto hubiera podido ser manejado de manera diferente.

Nehemías 8-13: Una gran fiesta seguida del fracaso de Nehemías
La conclusión del libro llega en dos movimientos, el primero es positivo (Nehemías 8-12) y el segundo es negativo (Nehemías 13). Esdras y Nehemías combinan fuerzas para promover una renovación espiritual en el pueblo. Reúnen a los antiguos exiliados para celebrar una gran fiesta, durante la cual se lee y se enseña la Torá a todos durante siete días. A continuación, celebran la fiesta de los tabernáculos, recordando la fidelidad de Dios durante el éxodo y los viajes por el desierto. Después de esto, el pueblo confiesa sus pecados así como los pecados de sus antepasados, prometiendo renovar su pacto con Dios y seguir todos los mandamientos de la Torá. Terminan con una gran celebración sobre los muros de Jerusalén ya levantados, que hace eco de la celebración del templo descrita anteriormente en el libro.
Es posible que a esta altura pensemos que este será el punto de inflexión de la historia, pero no lo es. El libro termina con una gran derrota (Nehemías 13). Nehemías recorre la ciudad y descubre que el pueblo no ha cumplido sus votos del pacto. El trabajo de Zorobabel se deshace porque el templo es descuidado y atendido por personas no calificadas. El trabajo de Esdras también se ve afectado, ya que Nehemías descubre que el pueblo viola la Torá y trabaja en el Sabbat. Incluso su propio trabajo en los muros se arruina, ya que la gente instala mercados junto a los muros y puertas para trabajar en el Sabbat. Nehemías se enfurece, golpea a la gente, les arranca el cabello y les grita que tienen que obedecer los mandamientos de la Torá. Sus últimas palabras registradas son una oración en la que pide a Dios que lo recuerde con benevolencia porque, al menos él, lo intentó.
Este es un final extraño, pero nos sentimos preparados para él. Todos esos momentos anticlimáticos y decepcionantes han sido intencionalmente entretejidos en el diseño del libro. Y esto plantea la pregunta: ¿qué aporta este libro a la historia general de la Biblia?
El libro de Esdras-Nehemías comenzó despertando nuestras esperanzas en las promesas proféticas del mesías, el templo y el Reino de Dios, pero luego nada de eso sucedió. Aunque Israel está de regreso en su tierra, su estado espiritual parece no haber cambiado desde antes del exilio. Si bien Esdras y Nehemías hacen todo lo que pueden, sus reformas políticas y sociales no cambian los problemas centrales en los corazones del pueblo. Esta es la misma necesidad que Jeremías y Ezequiel destacan en su poesía. Israel necesita una transformación holística de sus corazones si alguna vez va a amar y obedecer a su Dios.
Aunque el libro termina con una nota pesimista, nos vemos obligados a seguir leyendo para descubrir cómo es que Dios va a cumplir sus grandes promesas del pacto.

