Guía de Proyecto Biblia

Marcos

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Marcos
9:32
Resúmenes del Nuevo Testamento
Marcos

Este libro es uno de los primeros relatos de la vida de Jesús de Nazaret. Las tradiciones históricas más antiguas disponibles vinculan este libro con un escriba cristiano llamado Marcos o Juan Marcos, que fue compañero de trabajo de Pablo (Col. 4:10; 2 Tim. 4:11) y un colaborador cercano de Pedro (1 Ped. 5:13). De hecho, un historiador de la iglesia antigua llamado Papías recuerda que Marcos había recopilado todos los testimonios oculares y las memorias de Pedro, dando forma a este relato.

Pero Marcos no armó el relato al azar. Diseñó la historia de Jesús con mucho cuidado. En el primer renglón, Marcos afirma quién es Jesús: “Principio de la buena noticia sobre Jesús, el Mesías, Hijo de Dios” (Mar. 1:1, trad. de Proyecto Biblia). Lo interesante es que esta es la única vez que Marcos dice lo que piensa sobre Jesús. Durante el resto del libro, espera influir en ti simplemente poniendo las acciones y las palabras de Jesús frente a ti y mostrándote cómo reaccionan otras personas ante él.

Marcos diseñó la historia de Jesús como una obra de teatro dividida en tres actos. El primer acto ocurre en Galilea, el segundo acto es el viaje de Jesús y el tercero se trata de lo que sucede en Jerusalén. Cada acto se enfoca en un tema que se repite. En el primer acto (capítulos 1-8), todos están asombrados y se preguntan quién es Jesús. En el segundo acto (capítulos 8-10), a los discípulos les cuesta comprender lo que significa que Jesús sea el Mesías. En el tercer acto (capítulos 11-16), vemos la paradójica forma en que Jesús se convierte en el Rey mesiánico.

Marcos 1:1-8:26: Reacciones encontradas ante la llegada del Reino de Dios en Jesús

Después del renglón de apertura, Marcos cita a los antiguos profetas Isaías y Malaquías, quienes dijeron que Dios enviaría un mensajero a Israel para prepararlos para la llegada de Dios y el rescate de Jerusalén (Mar. 1:2-15). Marcos presenta a Juan el Bautista como ese mensajero, y justo cuando esperas que Dios aparezca, Marcos presenta a Jesús. Cuando entra en escena, los cielos se abren, el Espíritu de Dios desciende sobre Jesús y Dios dice: “Tú eres mi Hijo amado” (Mar. 1:11).

Luego, Marcos incluye un resumen del mensaje central de Jesús. Recorría Galilea anunciando la buena noticia de que el Reino de Dios se había acercado. Jesús está llevando adelante la historia de las Escrituras hebreas sobre la operación de rescate de Dios para su mundo. A través de Jesús, Dios restaura su reino sobre el mundo confrontando y derrotando el mal. Luego, Jesús invita a todos a vivir bajo su reino siguiéndolo como discípulos.

Después de esta introducción a Jesús y su mensaje, Marcos dispone un bloque de historias que muestran el poder de Jesús al hacer realidad el Reino de Dios. Jesús va de un lado a otro sanando a personas con cuerpos enfermos, rotos o bajo la opresión de poderes espirituales oscuros. Incluso hace algo que, para el pueblo judío, solo Dios tiene la autoridad para hacer: perdonar pecados. Las acciones provocadoras de Jesús en estas historias producen respuestas muy diferentes. Muchas personas se convierten en sus discípulos y lo siguen, mientras que otras no saben qué pensar. Hay algunos que lo rechazan categóricamente, como los líderes de Israel, que lo acusan de blasfemar contra Dios y de actuar por medio del poder del mal.

A Jesús no le sorprenden estas diversas respuestas, incluso llama la atención a ellas. En el capítulo 4, Marcos recopila muchas de las parábolas de Jesús sobre la naturaleza oculta y misteriosa del Reino de Dios. Jesús dice que su mensaje es como una semilla que cae en diferentes tipos de suelo. Algunos suelos son receptivos a esta semilla, pero otros no lo son. Como una diminuta semilla de mostaza, parece pequeño e insignificante, pero crecerá hasta alcanzar un tamaño enorme y sorprenderá a todos. El punto de Jesús en estas parábolas es que él es el Mesías que trae el Reino de Dios, pero no se parece a lo que nadie esperaba.

Esta creciente confusión sobre Jesús entre la multitud se relaciona con una idea importante y repetida que Marcos enfatiza en el primer acto. Incluso dentro del círculo de discípulos de Jesús, hay muchas ocasiones en las que ellos mismos están confundidos acerca de él. Marcos está destacando cómo a todos les cuesta comprender quién es Jesús.

Marcos 8:27-10: Lo que significa que Jesús sea el Mesías

Esto nos lleva al segundo acto, que comienza con una conversación crucial. Jesús aparta a los discípulos y les pregunta: “¿Quién dicen ustedes que soy?”. Pedro responde rápido: “¡Tú eres el Mesías!”. Queda claro que, para Pedro, esto significa un rey militar victorioso del linaje de David, que rescatará a Israel de los romanos. Sin embargo, para Jesús, el Mesías es el rey siervo sufriente de Isaías 53, que va a establecer el gobierno de Dios cuando entregue su vida en Jerusalén.

Los discípulos simplemente no lo entienden. Piensan que seguir al Rey Jesús los llevará a tener fama, estatus e importancia, pero Jesús deja claro que seguirlo es como morir y cargar una cruz hacia tu propia ejecución. Significa rechazar la violencia, el orgullo y el egoísmo, y derramar tu vida a los demás a través de actos de servicio y amor. Jesús tiene esta misma conversación dos veces más en el segundo acto, y todo culmina en la importante declaración de Jesús: “Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir, y para dar Su vida en rescate por muchos” (Mar. 10:45). Los discípulos aún no lo entienden y responden con confusión y miedo.

Aquí, en el segundo acto, Marcos sitúa otra historia clave que hace eco de la introducción del libro. Jesús lleva a tres de sus discípulos a una montaña, donde de repente se transforma e irradia luz y gloria mientras una nube los envuelve. Esto sucede del mismo modo que la gloria de Dios que se manifestó hace mucho tiempo en el monte Sinaí (Éx. 19- 20; 1 Rey. 19). Los dos profetas que estaban en presencia de Dios en el monte Sinaí, Moisés y Elías, aparecen junto a Jesús cuando Dios vuelve a anunciar: “Este es Mi Hijo amado” (Mar. 9:7).

Al colocar esta historia en medio de todas estas conversaciones en el segundo acto, Marcos hace la sorprendente afirmación de que Jesús, el Hijo de Dios, es la encarnación física de la gloria radiante de Dios. A través de Jesús, el glorioso Dios de Israel se convertirá en un Rey que sufre y muere por los pecados de su propio pueblo. Esta afirmación impactante confunde y asusta a los discípulos mientras bajan de la montaña.

Marcos 11-16: Confrontación, crucifixión y resurrección

Esto nos lleva al tercer acto, en el que Jesús hace su entrada pública y real en Jerusalén para la Pascua, donde es aclamado como el Mesías. Luego, entra en el patio del templo y afirma su autoridad real expulsando a las personas que estafaban a los fieles y deteniendo el sistema sacrificial. Esto da inicio a una semana entera en la que Jesús debate y confronta a los líderes de Israel, y expone su hipocresía. En respuesta, estos líderes ponen en marcha un plan para matar a Jesús. Jesús advierte a los discípulos: predice que Jerusalén y su templo serán destruidos dentro de una generación (capítulo 13). Sus discípulos también serán perseguidos como él hasta que regrese para establecer el Reino de Dios por completo en todo el mundo.

Todo esto nos lleva a la noche final (capítulo 14). Jesús celebra la cena de Pascua con sus discípulos, una comida simbólica que cuenta la historia de la liberación de Israel de la esclavitud a través de la muerte del cordero pascual. Jesús toma estos símbolos y les da un nuevo significado. Estos señalan a él y a la liberación del pecado y la muerte que tendrá lugar a través de la muerte del siervo sufriente, el Mesías. A partir de aquí, la historia se acelera hasta el arresto y el juicio de Jesús ante los sacerdotes de Israel y el gobernador romano Pilato, lo que termina en la crucifixión de Jesús.

Esto culmina en una escena clave que coincide con las escenas importantes de Hechos 1 y 2. En esta escena, en vez de una nube, desciende una oscuridad, y en vez de una voz del Cielo, escuchamos a Jesús clamando antes de morir. Sorprendentemente, un soldado romano ve a Jesús morir y comprende quién es él: “Este hombre era el Hijo de Dios” (Mar. 15:39). Él es la primera persona de la historia en reconocer la impactante afirmación de Marcos sobre la identidad de Jesús. El Mesías es el Hijo de Dios crucificado, Jesús de Nazaret, que murió por sus amigos y sus enemigos.

Colocan el cuerpo de Jesús en una tumba y, el primer día de la nueva semana, dos mujeres de entre los discípulos de Jesús descubren que la piedra que la cerraba había sido removida. Un hombre angelical les informa que Jesús no está allí porque ha resucitado de entre los muertos. El ángel les ordena ir y compartir la buena noticia con los demás discípulos: Jesús está vivo y se reunirá con ellos en Galilea. ¡A las mujeres se les pusieron los pelos de punta! Como dice Marcos: “Y saliendo ellas, huyeron del sepulcro, […] y no dijeron nada a nadie porque tenían miedo” (Mar. 16:8). Así termina el libro de Marcos, con los discípulos de Jesús mostrando el mismo tipo de miedo y confusión con los que concluyeron los primeros dos actos.

Marcos 16:9-20: El final más largo

Si buscas en tu Biblia, verás que el relato en el Evangelio de Marcos se extiende un poco más. Incluye un final más largo en el que Jesús aparece y habla con los discípulos, pero también hay una nota que te dice que este final no es parte del libro original y solo se encuentra en manuscritos posteriores y menos confiables. Es posible que el final original se haya perdido o que Marcos nunca haya terminado su relato, pero es más probable que el final abrupto con las mujeres aterrorizadas sea intencional.

Toda la historia se ha centrado en la impactante afirmación que desconcertó a los discípulos de Jesús a lo largo de toda la historia: que Jesús, el que sufrió, fue crucificado y resucitó, es el Mesías y el Hijo de Dios. El amor de Dios y el Reino al revés fueron revelados cuando Jesús murió por los pecados del mundo. La historia termina sin cierre, lo que obliga al lector a lidiar con esta extraña y escandalosa afirmación. ¿Huiremos como los discípulos o reconoceremos al Jesús crucificado como nuestro Rey? ¿Saldremos y daremos la buena noticia? Tenemos que responder a estas preguntas por nosotros mismos, y eso es exactamente lo que el Evangelio de Marcos nos impulsa a hacer.