Lucas
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El Evangelio de Lucas es uno de los primeros relatos sobre la vida de Jesús. En realidad, es la primera parte de una obra unificada en dos volúmenes llamada Lucas-Hechos. Si comparamos las líneas iniciales de ambos libros, está claro que provienen del mismo autor (Lucas 1:1-4; Hechos 1:1-2). Hay pistas internas en Hechos y también en la tradición primitiva que identifican al autor como Lucas, un médico, compañero de viaje y colaborador del Apóstol Pablo (Colosenses 4:14; Filemón 1:24).
Lucas comienza con un prólogo (Lucas 1:1-4) para decirnos cómo y por qué escribió el libro. Aunque reconoce que existen otros relatos excelentes sobre la vida de Jesús, quiso volver a las tradiciones de los testimonios oculares de tantos discípulos primitivos como pudo, para producir lo que él llama un relato "ordenado" sobre "las cosas que se han cumplido entre nosotros". Esa palabra "cumplido" nos muestra por qué Lucas produjo este volumen. Para él, la historia de Jesús no es simplemente historia antigua. Quiere demostrar que es el cumplimiento de la larga historia del pacto entre Dios e Israel y, a mayor escala, la historia de Dios y el mundo entero.
El diseño del libro es bastante claro. Hay una larga introducción en los capítulos 1 y 2, que presenta las historias de Juan el Bautista y Jesús. En los capítulos 3-9, Lucas presenta un sólido retrato de Jesús y su misión en su región natal de Galilea. Después de eso, la gran sección central del libro (Lucas 9:51-19:27) contiene el largo viaje de Jesús a Jerusalén, que nos lleva al punto culminante de la historia (Lucas 19:28 hasta el último capítulo), la última semana de Jesús en Jerusalén, que nos lleva a su muerte y resurrección. A su vez, todo esto nos guía hacia el libro de Hechos.
Lucas 1-2: El nacimiento de Jesús y Juan el Bautista
Los capítulos 1 y 2 ofrecen una introducción ampliada que narra en paralelo las historias del nacimiento de Juan el Bautista y Jesús. Una pareja de ancianos sacerdotes (Zacarías y Elisabet) y una joven soltera (María) reciben una promesa divina inesperada: tendrán un hijo. Ambas promesas se cumplen cuando nacen Juan y Jesús, y ambos padres cantan poemas de celebración.

Estas canciones están llenas de ecos de los Salmos y de los Profetas del Antiguo Testamento, y muestran cómo estos niños cumplirán las antiguas promesas de Dios. Los poemas también ofrecen un avance del papel que desempeñará cada niño en la historia posteriormente. Según la Torá y los libros de los Profetas, Juan es el profeta que preparará al pueblo de Israel para encontrarse con su Dios. Jesús es el Rey mesiánico prometido a David, quien establecerá el Reino de Dios en Israel y llevará sus bendiciones a todas las naciones, tal y como se le prometió a Abraham.
María lleva a Jesús al templo de Jerusalén para su consagración, allí los ancianos profetas Ana y Simeón reconocen quién es. Simeón recita un poema que crea en ese mismo momento y que está inspirado en el profeta Isaías. Este niño es la salvación de Dios para Israel y se convertirá en una luz para las naciones.

Lucas 3:1-9:50: Jesús y el Reino de Dios al revés
En medio de toda esta expectación, la historia pasa a la siguiente sección principal, que comprende los capítulos 3-9, donde Lucas presenta a Jesús y su misión. Lucas comienza su relato con el movimiento de renovación de Juan el Bautista en el río Jordán, con el llamado a la existencia de un Israel nuevo, arrepentido y comprometido de nuevo a través del bautismo. Está preparando la llegada del Reino de Dios. Jesús aparece como el líder de este nuevo Israel. Marcado por el Espíritu y la voz de Dios desde el Cielo que anuncia que él es el Hijo amado de Dios.
Después de esto, Lucas presenta una genealogía que remonta a los orígenes de Jesús hasta David, Abraham y finalmente Adán en Génesis. Aquí, Lucas afirma que Jesús es el Rey mesiánico de Israel que traerá las bendiciones de Dios, no solo a los descendientes de Abraham, sino también a los de Adán; es decir, a toda la humanidad.
A continuación, Lucas coloca estratégicamente, la historia de Jesús yendo a su ciudad natal, Nazaret (capítulo 4), donde comienza su ministerio público. En una reunión en la sinagoga, Jesús se levanta y lee el rollo de Isaías: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar el evangelio a los pobres. Me ha enviado para predicar libertad a los cautivos, y la recuperación de la vista a los ciegos; para poner en libertad a los oprimidos" (Lucas 4:18; citando a Isaías. 61:1-2).
Al igual que en los otros Evangelios, Jesús es presentado como el Rey mesiánico que trae la buena noticia del Reino de Dios. Sin embargo, lo que Lucas destaca aquí son las implicaciones sociales de la misión de Jesús. Jesús trae consigo consigo la "libertad" (la palabra griega es aphesis), que literalmente significa "liberación". El término se refiere a la antigua práctica judía del año del Jubileo (Levítico 25), cuando todos los esclavos israelitas eran liberados, se cancelaban las deudas de las personas y las tierras vendidas eran devueltas a las familias. Esto era una representación simbólica de la justicia y la misericordia liberadoras de Dios.
Jesús dice que esta buena noticia de liberación es específicamente para "los pobres". Ahora bien, en el Antiguo Testamento, el término "pobre" (la palabra hebrea es ani) tiene un significado más amplio que simplemente aquellos que no tienen mucho dinero. Puede referirse a personas de bajo estatus social en su cultura, como personas con discapacidad, mujeres, niños o ancianos. También abarca a los marginados sociales, aquellas personas de diferentes grupos étnicos o individuos cuyas malas decisiones en la vida los han colocado fuera de los círculos religiosos convencionales. Y sorprendentemente, Jesús dice que el Reino de Dios es una buena noticia para estas personas.

A continuación, Lucas pasa de inmediato a una serie de relatos que ilustran cómo se aplica la "buena noticia para los pobres" de Jesús en la vida cotidiana (capítulos 4-8). Vemos a Jesús sanar a una mujer que estaba postrada en cama y enferma (Lucas 4:38-39), a personas con enfermedades de la piel (Lucas 5:12-16) y a paralíticos (Lucas 5:17-26). También hay historias sobre Jesús dándole la bienvenida a su comunidad a un recaudador de impuestos, Leví (Lucas 5:27-32), que no era pobre económicamente, sino un marginado social. También hay una historia sobre Jesús perdonando a una prostituta (Lucas 7:36-50). Lucas está mostrando cómo el Reino de Jesús restaura y revirte por completo las circunstancias de vida de las personas. Al hacerlo, Jesús amplía el círculo de personas invitadas a descubrir el poder sanador del Reino de Dios.
Aunque su misión atrae a un gran número de seguidores, Jesús hace algo provocador al formar un nuevo Israel a partir de este grupo de personas, designando como líderes a doce discípulos, un claro símbolo de las doce tribus originales de Israel (Lucas 6:12-16). Jesús les enseña su manifiesto de un Reino al revés, a menudo llamado "El Sermón dl Monte" (Lucas 6:17-49). El amor de Dios por los marginados y los pobres implica que su Reino trae consigo una inversión de nuestros sistemas de valores. Él vino para formar un nuevo y alternativo pueblo de Dios que responde a la invitación de Jesús practicando una generosidad radical y sirviendo a los pobres. Los discípulos de Jesús lideran sirviendo y viven promoviendo la paz y siendo profundamente piadosos, pero rechazando la hipocresía religiosa.
Con el tiempo, la visión radical del Reino de Jesús y su reivindicación de la autoridad divina comienzan a generar resistencia y controversia, específicamente por parte de los líderes religiosos de Israel. Su contacto con personas cuestionables es una amenaza para sus tradiciones religiosas (Lucas 5:33; Lucas 6:2), así como para su sentido de estabilidad social. Acusan a Jesús de blasfemar contra Dios, juntarse con pecadores y ser ebrio (Lucas 5:21; Lucas 5:30; Lucas 7:33).
Esta sección culmina con una nueva revelación de la misión de Jesús a sus discípulos (Lucas 9:18-36). Jesús afirma ser el Rey mesiánico y afirmar su Reino sobre Israel muriendo en Jerusalén y convirtiéndose en el Rey siervo sufriente de Isaías 53 que muere por los pecados de Israel.
Esta impactante idea se explora más a fondo en la siguiente historia, cuando Jesús sube a una montaña con tres de sus discípulos. De repente, Jesús es transformado ante ellos, están envueltos en una nube de la presencia de Dios y oyen el anuncio: "Este es mi Hijo elegido" (Lucas 9:35). Moisés y Elías, los otros dos profetas que encontraron la presencia y la voz de Dios en una montaña, también están presentes (Éxodo 19-20; Éxodo 24:12-32:18; 1 Reyes 17). Lucas nos dice que hablaron sobre el "éxodo" que Jesús estaba a punto de cumplir en Jerusalén (Lucas 9:31), una referencia evidente a la historia del Éxodo.
Lucas retrata a Jesús como un nuevo Moisés que guiará a su recién formada comunidad israelita hacia la libertad, liberándola de la tiranía del pecado y del mal en todas sus formas: personal, espiritual y social. Sin embargo, para lograrlo, Jesús debe viajar a Jerusalén, lo cual marca el comienzo de la segunda sección principal del relato de Lucas.

Lucas 9:55-19:27: Jesús incluye a los marginados y escandaliza a los líderes
En la gran sección central del libro (Lucas 9:51-19:27), Jesús guía a su recién formado Israel en un viaje a Jerusalén para la Pascua (Lucas 9:51). Esta sección del Evangelio de Lucas consiste principalmente en las enseñanzas y parábolas que Jesús compartió con las personas con que se encontró en sus viajes, sobre todo con su creciente grupo de discípulos. De esta manera, Lucas describe el seguimiento de Jesús como un viaje en el que aprendes mientras vas por el camino de la vida.
Jesús invita a sus discípulos a unirse a él en su misión, enviando a algunos de ellos delante de él para anunciar la llegada del Reino de Dios. Lucas nos muestra que, desde el principio, ser discípulo significaba participar en la misión del Reino de Jesús y hacerla nuestra. Cuando los discípulos de Jesús regresan, él comienza a enseñar sobre la oración (Lucas 11:1-13) y la confianza en la provisión de Dios (Lucas 12:1-12). En esta sección de Lucas es donde Jesús habla sobre el dinero, las posesiones y la generosidad más que en cualquier otra parte (Lucas 12:13-31; Lucas 12:16; Lucas 18:18-30). Si seguirlo de verdad es como estar de viaje, deberíamos tener una mentalidad minimalista, liberándonos de las posesiones y siendo radicalmente generosos.
Otro tema clave en estos capítulos es la misión continua de Jesús con los pobres. Mientras viaja, Jesús continúa formando su nuevo Israel. Se encuentra con personas enfermas o ciegas, samaritanos (antiguos enemigos del pueblo judío) y, como es bien sabido, con Zaqueo, un judío que dirigía la recaudación de impuestos para los romanos. Todas estas personas se encuentran con Jesús y son transformados cuando deciden unirse a su comunidad del Reino, que él describe como una gran fiesta. Él vino para "buscar y salvar a los que se habían perdido" (Lucas 19:10), y se regocija cuando las personas descubren la misericordia de Dios.
Sin embargo, no todos están contentos en la fiesta. Lucas incluye múltiples historias de Jesús en los banquetes con los líderes de Israel. Estos debates se convierten rápidamente en acaloradas discusiones en las que Jesús se enfrenta a su orgullo e hipocresía. Estas escenas contrastantes de banquetes quedan plasmadas de manera memorable en la parábola de Jesús sobre el hijo pródigo (Lucas 15:11-32), que trata sobre un padre que tenía dos hijos. El hijo menor era un necio, se escapó de casa y malgastó su herencia. Sin embargo, el hijo regresa arrepentido, su padre lo perdona y organiza una gran fiesta para celebrar el regreso del "hijo que se había perdido, pero ¡fue encontrado!". Pero el hermano mayor está enfado y resentido por la generosidad de su padre hacia este hijo que no se lo merece.
En esta famosa parábola, Jesús explica su misión a los líderes de Israel. Las fiestas del Reino representan la gozosa bienvenida de Dios a todo tipo de personas a su familia. El único requisito para entrar es la humildad y el arrepentimiento. En otras palabras, esta parábola destaca la tragedia de los líderes de Israel, que rechazan a Jesús y su comunidad del Reino al revés.
Lucas 19:28-24:53: Confrontación, crucifixión y resurrección
Cuando esta resistencia a Jesús aumenta y finalmente llega a Jerusalén para la Pascua (Lucas 19:28-44), Jesús llora mientras se acerca a la ciudad. Sus discípulos lo aclaman como el Rey mesiánico, pero los líderes religiosos lo denuncian. Jesús sabe que el rechazo de su Reino de paz colocará a Israel en un camino de resistencia y rebelión contra el Imperio romano, lo que eventualmente provocará la caída de la ciudad.
Es esta destrucción inminente la que Jesús representa simbólicamente cuando irrumpe en el templo y expulsa a los vendedores de animales, poniendo fin al sistema de sacrificios. Él dice que ese lugar de culto se había convertido en una "guarida de rebeldes" (Lucas 19:46) y sería destruido. Esta acción desencadena una serie de debates entre Jesús y los líderes de Israel. Estos debates culminan con Jesús prediciendo que los ejércitos romanos rodearían y devastarían la ciudad y el templo en el plazo de una generación.
Así, Jesús y sus discípulos se retiran para celebrar la cena de Pascua, un evento simbólico anual que conmemora la liberación de Israel de la esclavitud mediante el sacrificio de un cordero. Jesús transforma el pan y el vino de la cena en nuevos símbolos que representan un nuevo éxodo. Su cuerpo destrozado y su sangre derramada liberarán al renovado Israel de Jesús.
Después de la comida, Jesús es arrestado e interrogado en presencia de los líderes judíos. Lucas enfatiza la inocencia de Jesús al describirlo como un hombre juzgado por declararse rey. Antes de ceder, Pilato, el gobernador romano, afirma tres veces que Jesús es inocente. Incluso Herodes, el gobernante de Galilea, no encuentra nada de qué acusar a Jesús. A pesar de eso, los líderes religiosos y su insistencia finalmente obligan a Pilato a que crucifiquen a Jesús.

Incluso durante su dolorosa muerte, Jesús encarna el amor y la misericordia de Dios sobre la que tanto enseñó. Él ofrece el perdón de Dios a los soldados mientras lo crucifican ("Padre perdónales", Lucas 23:34). Más tarde, uno de los criminales que estaba siendo ejecutado junto a Jesús se dio cuenta de quién era realmente y dijo: "Acuérdate de mí cuando vengas en tu Reino" (Lucas 23:42). En sus últimas palabras, Jesús le da esperanza a este criminal humillado. "Hoy estarás conmigo en el paraíso" (Lucas 23:43). Jesús muere tras este último acto de generosidad y bondad.
Su cuerpo fue colocado y sellado en una tumba. El primer día de la semana, algunos de sus discípulos fueron a la tumba y la encontraron vacía. Hay dos figuras angelicales que les informan de que Jesús está vivo y ha resucitado de entre los muertos. Los discípulos se van, atónitos.
En ese momento, Lucas cuenta una de las historias más hermosas (Lucas 24:13-32). Dos de los discípulos de Jesús se van de Jerusalén hacia a una ciudad llamada Emaús, con el corazón roto por la muerte de Jesús. Jesús camina junto a ellos, pero ellos no lo reconocen. Él les pregunta por qué están tristes. Ellos le explican que esperaban que Jesús redimiera a Israel. Sin embargo, era claro que no lo había hecho, dado el trágico hecho de que había fallecido. Todo lo que había hecho no había servido para nada. Más tarde, mientras comen, Jesús parte el pan para ellos, como lo hizo en la cena de Pascua, ¡en ese momento finalmente lo reconocen!
Lucas cuenta esta historia para transmitir un mensaje contundente sobre seguir a Jesús. Cuando una persona impone su agenda y su visión de la realidad a Jesús, él permanece invisible y desconocido. Solo podemos ver y conocer al verdadero Jesús cuando nos sometemos a su Reino al revés, representado en su cuerpo quebrantado en la cruz y ofrecido con amor abnegado.
La escena final del libro de Lucas está ambientada en otra comida. Jesús se apareció ante sus discípulos y les explicó cómo todos estos acontecimientos formaban parte del plan de Dios, utilizando las Escrituras del Antiguo Testamento. El Mesías se convertiría en el rey de Israel sufriendo, muriendo por sus pecados y venciendo su maldad con su vida de resurrección. Tal como lo prometió el profeta Simeón en Lucas 2, el Reino de Jesús siempre estuvo destinado a expandirse. Por lo cual, Jesús les dice a los discípulos que a partir de ese momento, el perdón de Dios debía ser anunciado a todas las naciones, invitando a las personas a seguirlo.
Pero, de momento, Jesús instruye a sus discípulos para que permanezcan en Jerusalén y esperen la llegada del Espíritu, quien los empoderaría para la próxima misión. Y esto, por supuesto, te obliga a pasar la página y seguir leyendo el segundo volumen de Lucas, el libro de Hechos.



