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Salmos

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Salmos
8:59
Resúmenes del Antiguo Testamento
Salmos

Los Salmos son una colección de 150 poemas, canciones y oraciones hebreas antiguas que provienen de diferentes épocas de la historia de Israel. Setenta y tres de estos salmos se atribuyen al rey David, que era poeta y arpista (1 Samuel 16; 2 Samuel 23). Aunque también hubo muchos otros autores involucrados. Asaf escribió 12 poemas, 11 fueron compuestos por los hijos de Coré y otros líderes de adoración del templo también contribuyeron (Hemán y Etán escribieron uno cada uno; véase 1 Crónicas 15:17-19). Dos están relacionados con el rey Salomón y otro con Moisés. Casi un tercio de los poemas (49 para ser exactos) son anónimos.

Muchos de estos poemas fueron utilizados por los coros del templo de Israel (1 Crónicas 25; Nehemías 11:22-23), pero el libro de los Salmos en realidad no es un libro de himnos. En el periodo posterior al exilio de Israel a Babilonia, estas antiguas canciones fueron recopiladas junto con muchos otros poemas hebreos y ordenadas intencionalmente en el libro de los Salmos. Toda la obra tiene un diseño y un mensaje únicos difíciles de apreciar si no se lee de principio a fin.

El diseño general del libro de los Salmos

Para comprender el diseño general del libro, en realidad es útil comenzar por el final. El libro concluye con cinco poemas de alabanza al Dios de Israel (Salmos 146-150), cada uno comienza y termina con la palabra "aleluya". En hebreo, esta palabra es un llamado al pueblo a "alabar a Yah", una abreviatura del nombre divino de Dios: Yahweh. Esta meticulosa conclusión en cinco partes es muy intencional y nos lleva a preguntarnos si otras partes del libro también han sido diseñadas de esta manera.

Si prestas mucha atención a los títulos de los poemas, verás que los traductores de la Biblia incluyeron los títulos "Libro uno" al "Libro cinco" en cinco lugares diferentes. El libro completo de los Salmos fue dividido en cinco libros o secciones (Salmos 3-41; Salmos 42-72; Salmos 73-89; Salmos 90-106 y 107-145). Estas divisiones se deben al hecho de que cada sección concluye con un poema final que termina con una línea que se asemeja a una adición editorial: "Que el Señor, Dios de Israel, sea bendito por siempre. Amén y Amén” (Salmos 41:13; Salmos 72:19; Salmos 89:52 y 106:48).

Salmos 1-2: Introducción a los temas clave de los Salmos

El libro tiene una conclusión y una organización interna de cinco secciones. Los Salmos 1 y 2 sirven como introducción al libro. Estos salmos se distinguen claramente del resto del "Libro uno" por su autoría. Son todos anónimos, mientras que la mayoría de los salmos del primer libro están vinculados al rey David. Su contenido también es único. El Salmo 1 comienza celebrando a la persona que es "bendita" porque medita en la Torá, la lee con devoción y la obedece. La palabra hebrea Torá significa simplemente "enseñanza", pero también se refiere a los cinco primeros libros de la Biblia que contienen las leyes fundamentales del judaísmo. Parece que la palabra tiene ambos significados en el Salmo 1. El libro de los Salmos es presentado como una nueva Torá que enseñará al pueblo de Dios sobre la práctica de la oración, durante toda la vida, en sus esfuerzos por obedecer los mandamientos de la primera Torá.

El Salmo 2 es una reflexión poética sobre la promesa de Dios al rey David, narrada en 2 Samuel 7. Dios le dijo a David que de su linaje vendría un rey mesiánico (es decir, "ungido"), que establecería el Reino de Dios sobre el mundo, derrotando el mal y la rebelión entre las naciones. El salmo concluye diciendo que todos aquellos que se refugien en este rey mesiánico serán "bendecidos", la misma palabra utilizada al comienzo del Salmo 1.

Estos dos poemas juntos nos dicen que el libro de los Salmos está diseñado para ser el libro de oraciones del pueblo de Dios, de aquellos que se esfuerzan por ser fieles a los mandamientos de la Torá y esperan con esperanza el reino mesiánico.

Salmos 3-41: El fundamento de la fidelidad al pacto

Ahora que hemos presentado estos temas, podemos empezar a ver la intencionalidad en el diseño de los libros más pequeños, que fueron diseñados en torno a las mismas ideas. Por ejemplo, el primer libro contiene una colección de poemas (Salmos 15-24) que comienza y termina con un llamado a la fidelidad al pacto. El Salmo 15, que es el Salmo inicial, va seguido de tres poemas (Salmos 16-18) que describen a David como un modelo de fidelidad, clamando a Dios por su liberación y siendo recompensado y levantado como rey. Estos tres tienen un par simétrico en los Salmos 20-23, donde el David del pasado se convierte en una imagen idealizada del futuro rey mesiánico, que invocará a Dios para que lo libere y será recompensado con un reino sobre todas las naciones. Y justo en el centro de esta colección se encuentra el Salmo 19, un poema dedicado a alabar a Dios por el regalo de la Torá. Este es un gran ejemplo en el que vemos que los temas gemelos de los Salmos 1 y 2 emergen con claridad intencional.

Salmos 42-72: Esperanza en el reino mesiánico

El "Libro dos" (Salmos 42-72) comienza con dos poemas que comparten la esperanza de regresar al templo de Sión (Salmos 42-43), una imagen estrechamente relacionada con la esperanza del reino mesiánico. El "Libro dos" cierra con un poema correspondiente que describe el futuro reino del rey mesiánico sobre todas las naciones (Salmos 72). Este poema es similar a muchos otros pasajes de los Profetas sobre el reino mesiánico (Isaías 11, 45, 60; Zacarías 9) y concluye diciendo que el reinado de este rey cumplirá la promesa de Dios a Abraham, trayendo la bendición de Dios a todas las naciones (Salmos 72:17; véase Génesis 12:3; Génesis 22:17-18).

Salmos 73-89: Esperanza en el mesías después del exilio

El "Libro tres" de los Salmos (Salmos 73-89) termina con un poema que reflexiona sobre la promesa de Dios a David (Salmos 89), pero en el contexto de la tragedia del exilio de Israel. El poeta recuerda cómo Dios dijo que nunca abandonaría el linaje de David. Pero, ¿cómo se alinea esa promesa con la destrucción de Jerusalén y la caída del linaje de David? El poema concluye (Salmos 89:49-51) pidiéndole a Dios que recuerde su pacto con David y que perdone a su pueblo.

Salmos 90-106: El Dios de Israel como Rey de toda la creación

El "Libro cuatro" (Salmos 90-106) está diseñado para responder a esta crisis. En el poema inicial regresamos a las raíces de Israel, donde encontramos una oración de Moisés (Salmo 90), en la que describe su súplica a Dios pidiendo misericordia después del incidente del becerro de oro. Un grupo de oraciones (Salmos 93-99) que anuncian al Señor Dios de Israel como el verdadero Rey de toda la creación ocupan el centro del "Libro cuarto". Los árboles, las montañas y los ríos simbolizan el día en que Dios establecerá su Reino justo y sanador en todo el mundo.

Salmos 107-150: Cánticos de ascensión y poemas de alabanza

El "Libro cinco" (Salmos 107-145) comienza con una serie de poemas (Salmos 107-110) que afirman que Dios escucha los clamores de su pueblo y que un día enviará al futuro Rey para derrotar al mal y establecer su Reino. También contiene dos colecciones más grandes llamadas el "Hallel" (Salmos 113-118) y los "Cánticos de ascensión" (Salmos 120-136), ambos concluyen con poemas sobre la esperanza del Reino mesiánico (Salmos 118 y 132). Justo entre estas colecciones se encuentra el Salmo 119, el poema más largo del libro de los Salmos. Está compuesto siguiendo el orden del alfabeto hebreo y explora la maravilla y la belleza de la Torá como palabra de Dios a su pueblo. En el "Libro cinco" se combinan los temas de los Salmos 1 y 2, la Torá y la esperanza mesiánica.

Esto nos lleva de regreso al final del libro de los Salmos, que concluye con cinco poemas. En el centro, el Salmo 148 dice que toda la creación está llamada a alabar al Dios de Israel porque él "ha levantado un cuerno para su pueblo" (Salmos 148:14). Esta es la metáfora del cuerno de un toro que se levanta en victoria. La imagen se refiere a la misma metáfora que se utiliza en la canción de Ana (1 Samuel 2:10) y anteriormente en el Salmo 132:17. El cuerno es un símbolo del rey mesiánico y su victoria sobre el mal; una conclusión adecuada para este libro.

Poemas de lamento y alabanza en el libro de los Salmos

Hay algo sobre el libro de los Salmos que es fácil pasar por alto si no lo lees en orden. Aunque en el libro hay muchos tipos de poemas diferentes, todos se pueden clasificar en dos categorías amplias: lamento y alabanza. Los poemas de lamento expresan el dolor, la confusión y la ira de los poetas por las cosas horribles que suceden a su alrededor o que les suceden a ellos. Llaman la atención sobre lo que está mal en el mundo y le piden a Dios que haga algo al respecto. El libro está lleno de poemas de lamento de este tipo, lo que muestra que esta es una respuesta apropiada a la maldad y a la tragedia que vemos en el mundo. El lamento juega un papel importante en nuestra travesía de oración.

Si bien estos poemas de lamento constituyen gran parte de los libros uno al tres, a veces también se entretejen poemas de alabanza. Son poemas de alegría y celebración que llaman la atención sobre todo lo bueno que hay en el mundo. Cuentan historias de lo que Dios ha hecho por la vida de su pueblo y se lo agradecen. En los libros cuatro y cinco, los poemas de alabanza superan a los lamentos, culminando en una conclusión de aleluya en cinco partes.

Este cambio del lamento a la alabanza es profundo y nos dice algo sobre la naturaleza de la oración según esta nueva Torá. Esperar el reino mesiánico crea tensión al ver el trágico estado en que se encuentra nuestro mundo. Los Salmos nos enseñan a no ignorar nuestro dolor ni permitir que este determine el sentido de nuestras vidas. La fe y la oración bíblicas siempre miran hacia el futuro, anticipando el día en que Dios cumplirá sus promesas y alabándolo por ello de antemano. La Torá y el Mesías, el lamento y la alabanza, la fe y la esperanza: de esto trata el libro de los Salmos.