¿Qué dice la Biblia sobre los ángeles y los querubines?
¿Quiénes son estos seres misteriosos y por qué son importantes?
Imagina que estás en las colinas cercanas al lugar de nacimiento de Jesús, en Belén, acurrucado con un grupo de pastores agotados alrededor de una hoguera chisporroteante. Algunos duermen, mientras que otros velan por los rebaños. El aire está frío y en calma, y el cielo está oscuro, ambos producen una inquietante sensación de calma. Entonces, de repente, aparece un extraño ser sobre sus cabezas. Brilla intensamente y se mueve como un ser humano, tu corazón late con fuerza.
“No teman”, dice el mensajero.
“Porque les traigo buenas nuevas de gran gozo que serán para todo el pueblo; porque les ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor. Esto les servirá de señal: hallarán a un Niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Luc. 2:10-12).
El cielo, antes oscuro, cobra vida con una multitud de seres iluminados parecidos. Hablan y alaban, pero no son humanos. Flotan y vuelan, pero no tienen alas.
Estos son los ángeles de Yahweh: mensajeros celestiales.
Los misteriosos mensajeros siguen hablando: “Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz entre los hombres en quienes Él se complace” (Luc. 2:14).
¿Quiénes son estos ángeles en la Biblia? ¿Cuándo y por qué aparecen? ¿En qué se diferencian de otras criaturas aladas descritas en la Biblia, como los querubines? ¡Vamos a descubrirlo juntos!

El primer querubín
Los querubines (plural de querubín) aparecen por primera vez en el tercer capítulo de Génesis. Cuando Dios crea el mundo, forma dos reinos: los cielos (el espacio de Dios) y la tierra (el espacio humano). Luego Dios crea a los seres humanos a partir del polvo de la tierra y planta un jardín excepcional, rebosante de vida.
Fuera de este jardín, en el desierto, la vida es dura y la supervivencia es difícil. Pero dentro del jardín, la vida florece y la muerte no existe, allí no tiene cabida. La gente puede elegir si quiere vivir en el jardín o no, y aunque la elección parece ser obvia, la historia da un giro inesperado. Vivir en ese jardín significa elegir amar a Dios y seguir sus instrucciones: es un lugar donde el espacio de Dios y el espacio humano se superponen y se vuelven inseparables.
Trágicamente, los primeros humanos que vivieron en el jardín decidieron no seguir las instrucciones de Dios. Se rebelaron y fueron exiliados de regreso a la tierra donde Dios los formó, donde la mortalidad es una realidad. Entonces Dios envía querubines celestiales para que protejan el extremo oriental del jardín, protegiendo el camino de regreso (Gén. 3:24). ¿Por qué hace esto?
Los querubines no alaban, ni vuelan o hablan como los ángeles que se le aparecieron a los pastores. Pero su presencia da un mensaje crucial: este espacio del jardín del Edén es un lugar donde el Cielo y la Tierra son uno, donde la voluntad de Dios y la voluntad humana nunca se oponen entre sí. Los intentos de actuar en contra de la voluntad de Dios en ese espacio resultan en el exilio del jardín y, finalmente, en la muerte, como ocurrió con los primeros humanos. Cada vez que leemos sobre querubines en el resto de la Biblia, estamos recordando esa escena fundacional del exilio del jardín en el rollo de Génesis.
Otros querubines bíblicos
Más tarde, en la historia de Éxodo, los artesanos crean símbolos artísticos de querubines en cortinas azules, moradas y escarlata, y los querubines tienen alas. La cortina bloquea la entrada al espacio sagrado del tabernáculo, donde descansa el arca del pacto y donde Dios y la humanidad se encuentran (Éx. 26:31-33). Esto nos recuerda a la posición de los querubines que bloqueaban la entrada al Edén, donde Dios y la humanidad vivían juntos.
Cuando Dios da instrucciones para construir el arca del pacto, les dice a los artesanos que labren con martillo dos querubines de oro macizo, uno a cada extremo del propiciatorio, o trono de la misericordia, donde él dice que estará presente (Éx. 25:18-22). Dios dice que hablará con el pueblo desde ese lugar, de entre las alas de la escultura de esos dos querubines.
Ya sea que estén representados en el este del Edén o bordados en las cortinas del tabernáculo (y más tarde en el templo), los querubines le recuerdan a los humanos que entrar en un lugar de vida verdadera y eterna no es algo que los humanos puedan lograr sin Dios. Entrar en este espacio es elegir unirse a la voluntad y las instrucciones de Dios, la misma elección a la que se enfrentaron Adán y Eva en el jardín del Edén. Nadie que viva según su propia sabiduría o camino puede sobrevivir al pasar de los querubines.
En profecías y narrativas posteriores de la Biblia hebrea, aprendemos que cuando las alas de los querubines se mueven suenan como la voz de Dios y que sus cuerpos se parecen a una mezcla rara de diferentes rasgos de animales y humanos (por ejemplo, Ezeq. 10:5-14; 1 Rey. 6:24-26). En la Biblia, los querubines son descritos como criaturas formidables que están ante el trono de la presencia de Dios y protegen su espacio sagrado sin descanso.
Ángeles bíblicos
Volvamos a los acontecimientos que precedieron al nacimiento de Jesús. Imagina que estás en el templo, observando a Zacarías mientras sirve fuera de la puerta del espacio sagrado del Cielo y la Tierra, el Lugar Santísimo (Luc. 1:9-10). Mientras quema incienso, el aire se llena de fragancias aromáticas y dulces y las cortinas que protegen el espacio están bordadas con símbolos de querubines. De repente, un ser celestial se le aparece de la nada: un ángel.
“Yo soy Gabriel”, dice el ángel, “que estoy en la presencia de Dios” (Luc. 1:19).
Gabriel le dice a Zacarías que él y su esposa Elisabet, que es estéril, tendrán un hijo llamado Juan que crecerá para preparar a la nación para la llegada del Mesías. Seis meses después, Dios envía al ángel Gabriel a visitar a una joven llamada María en la aldea galilea de Nazaret.
“No temas, María”, dice al pronunciar el mismo mensaje que los ángeles le dieron a los pastores en Belén al comienzo de la historia. Él explica que ella dará a luz a un niño que además es el Hijo de Dios. Gabriel le ordena que lo llame Jesús, y le promete que su Hijo gobernará con amor en un Reino eterno.
¿Los ángeles siempre anuncian noticias tan emocionantes? ¿Qué pasa con los otros ángeles de la Biblia y en qué se diferencian de los querubines?
¿Qué son los ángeles?
En la Biblia, la palabra “ángel” es traducida a partir de la hebrea, malach, y la griega, angelos, que significan “mensajero”. Los ángeles son enviados por Dios para advertir, consolar y guiar a las personas comunicándoles sus mensajes.
En la narración de Sodoma y Gomorra, vemos que los ángeles rescatan a la familia de Lot (Gén. 19:1-15). En la historia de Elías, Dios envía un ángel durante el momento más doloroso y de mayor desesperación para consolarlo. El ángel lo despierta y lo invita a comer (1 Rey. 19:5-7). En la historia de Daniel vemos a varios ángeles, incluido uno que se retrasó durante 21 días debido a un conflicto con un gobernante persa (Dan. 10:10-15).
Los autores de Éxodo relatan que los ángeles guiaron y defendieron al pueblo de Dios durante su travesía de salida de la esclavitud y entrada a la tierra prometida (por ejemplo, Éx. 12:23; Éx. 23:23). Los ángeles también aparecen en sueños para guiar a las personas hacia un lugar seguro (por ejemplo, Gén. 28:12; Gén. 32:1-2; Mat. 1:20; 2:13). Y en el último libro del Nuevo Testamento, Juan registra un complejo mensaje de Jesús, que le fue entregado por un ángel (Apoc. 1:1).
Hay un hilo invisible que une a estas historias de ángeles (y a muchas más) en la Biblia. Los ángeles son mensajeros enviados para proteger y proclamar cómo podemos entrar en lugares llenos de vida para los cuales fuimos creados y en donde podemos prosperar. Quieren que los humanos confíen en aquel que envía el mensaje y lo sigan, que sepan cómo vivir donde el Cielo y la Tierra se superponen, donde Dios y los humanos están unidos en paz. En última instancia, los mensajes de los ángeles nos hablan de la voluntad y el camino del Mesías. Los ángeles no nos dicen mucho sobre sí mismos, pero sí hablan mucho sobre Jesús.
Conclusión
Aunque los ángeles son misteriosos, en la Biblia suelen describirse con cualidades humanas. Incluso hablan como las personas y tienen nombres que suenan como los de los humanos. Además, no parecen tener alas.
Los querubines son igualmente misteriosos, se dice que tienen rasgos humanos y de animales salvajes, y sí, esos seres tienen alas. Al principio, Dios encargó a los querubines que protegieran la entrada al jardín, y en el resto de la historia, continúan custodiando los espacios sagrados donde Dios habita y el Cielo y la Tierra se superponen. Los querubines siempre honran a Dios y ayudan a los lectores a recordar la naturaleza esencial del primer jardín, un lugar donde elegir quedarse significaba confiar y seguir las instrucciones de Dios.
Los ángeles transmiten mensajes divinos, como la buena noticia de que Dios quiere estar cerca de la humanidad por siempre. En la Biblia, los ángeles comunican sus mensajes a través de sueños, visiones y visitas en persona para ayudar a las personas a salir del lugar del trabajo duro y la muerte, a pasar a través de los querubines, para entrar en el espacio del Cielo y la Tierra, donde florece la buena vida sin fin y donde las personas viven en armonía entre sí y con Dios.