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La santidad de Dios presenta una paradoja para los seres humanos. Dios es el único y exclusivo creador de toda la realidad y el origen de todo lo bueno. Sin embargo, esa bondad puede ser peligrosa para los humanos que son moralmente corruptos. En última instancia, esta paradoja es resuelta por Jesús, quien encarna la santidad de Dios que vino a sanar su creación.






























