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Levítico

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Levítico
8:17
Resúmenes del Antiguo Testamento
Levítico

Levítico es el tercer libro de la Biblia y es una continuación de lo ocurrido en el libro anterior, Éxodo. Israel es liberado de la esclavitud en Egipto y se reúne al pie del Monte Sinaí para entablar una relación de pacto con Dios. Sin embargo, tan pronto como aceptan la relación, se rebelan y quebrantan los términos fundamentales del pacto. Dios quería que su gloriosa presencia viviera en medio de Israel dentro del tabernáculo, pero su pecado dañó la relación de tal manera que ni siquiera Moisés, el representante de Israel, pudo entrar en la tienda.

Resumen de Levítico: Un Dios santo y un pueblo rebelde

El libro de Levítico comienza recordándonos este problema de inmediato: "El Señor llamó a Moisés desde la tienda" (Levítico 1:1). El hecho de que Moisés no pudiera entrar en la tienda es una imagen de la ruptura relacional entre Dios e Israel. ¿Cómo podrá reconciliarse con el Dios santo, un pueblo que ha demostrado ser egoísta y rebelde? De eso se trata el libro de Levítico, de cómo Dios, en su gracia, provee un camino para que un pueblo pecaminoso y corrupto viva en su santa presencia.

Ahora, hagamos una pausa por un momento para explorar esta idea central de que Dios es "santo", porque es fundamental para comprender este libro bíblico. La palabra significa simplemente "ser o estar apartado, distinguirse o ser único". Y en la Biblia, Dios se distingue de todas las cosas debido a su rol único como creador y autor de la vida misma. Dios es santo y cuando se presenta en persona, el espacio que lo rodea también se vuelve santo y apartado porque está impregnado de la vida, el poder y la pureza de Dios. Si Israel quiere vivir en la santa presencia de Dios, también tiene que ser santo y lidiar con su pecado. De esto se trata el libro de Levítico.

Levítico tiene un diseño literario asombrosamente simétrico, que explora tres maneras principales en que Dios permite que Israel viva en su presencia. Las secciones externas (Levítico 1-7 y 23-25) describen los rituales que Israel debe practicar en presencia de la santidad de Dios. Las secciones interiores (Levítico 8-10 y 21-22) se centran en el papel de los sacerdotes de Israel como mediadores entre Dios e Israel. Dentro de ellos hay dos secciones coincidentes (Levítico 11-15 y 18-20) que se centran en la pureza de Israel. En el centro del libro (Levítico 16-17) hay un ritual clave, el día de la expiación, que une todos los temas del libro. Por último, el libro concluye con una sección (Levítico 26-27) donde Moisés llama a Israel a ser fiel al pacto.

Levítico 1-7: Sacrificios y fiestas

La primera sección (Levítico 1-7) explora los cinco tipos de sacrificios rituales que Israel debía realizar. Dos de ellos eran formas en que un israelita podía agradecer a Dios ofreciéndole muestras simbólicas de lo que él les había dado primero. Los otros tres consistían en diferentes maneras de pedirle perdón a Dios. Cuando un israelita ofrecía la sangre vital de un animal, reconocía que su pecado había creado más maldad y muerte en el mundo bueno de Dios. Y para dejar claro que Dios prefiere perdonar a una persona antes que destruirla, este animal moría simbólicamente en su lugar para "expiar" o, más literalmente, "cubrir" su pecado. A través de estos rituales, los israelitas recordaban constantemente la gracia de Dios, pero también su justicia y la gravedad de la maldad y sus consecuencias.

El segundo conjunto de rituales (Levítico 23-25) establece las siete fiestas anuales de Israel: las fiestas de la Pascua, del pan sin levadura, de las primicias, de Pentecostés, de las trompetas, del día de la expiación y de los tabernáculos. Cada una de estas fiestas narraba una parte diferente de la historia de cómo Dios redimió a Israel y los guió a través del desierto hacia la tierra prometida. Al celebrar estas fiestas, Israel recordaba quiénes eran y quién era Dios para ellos.

Levítico 8-15: El camino a la pureza y la santidad

En los capítulos 8-10, Aarón y sus hijos son consagrados como sacerdotes para entrar en la presencia de Dios en nombre de Israel, mientras que la sección correspondiente (Levítico 21-22) describe los requisitos para ser sacerdote. Los sacerdotes estaban llamados al más alto nivel de integridad moral y santidad ritual, ya que representaban al pueblo delante de Dios, al mismo tiempo que representaban a Dios ante el pueblo.

A medida que avanza el libro de Levítico, descubrimos por qué la santidad de los sacerdotes es tan importante. Después de que la familia de Aarón es consagrada para el servicio (Levítico 8-9), dos de los hijos entran en la presencia de Dios y violan flagrantemente las reglas. Son consumidos por la santidad de Dios en el acto. Esta historia es un recordatorio inquietante de la paradoja de la presencia santa de Dios: su pura bondad puede llegar a ser peligrosa para aquellos que se rebelan e insultan la santidad de Dios. Por eso es importante que los sacerdotes de Israel sean santos, así como todo el pueblo de Israel. De esto se tratan las siguientes secciones internas. Los capítulos 11 al 15 tienen que ver con la pureza ritual exigida a los israelitas, mientras que los capítulos 18-20 tienen que ver con su pureza moral.

Esto es lo que subyace detrás de todo este lenguaje sobre la pureza y la impureza. Debido a que Dios es santo y se distingue de todo y todos lo demás, los israelitas tenían que estar en un estado de santidad para poder entrar en su presencia, a esto se le llamaba ser "limpio" o "puro". La presencia de Dios estaba fuera de los límites de cualquiera que no estuviera en un estado de santidad, a esto se le llamaba ser "inmundo" o "impuro". Un israelita podía volverse impuro de varias maneras: por contacto con fluidos corporales reproductivos (Levítico 12; Levítico 15), tener una enfermedad de la piel (Levítico 13a, 14a), tocar un moho u hongo (Levítico 13b, 14b) o tocar un cadáver (Números 19). Para los israelitas, lo anteriormente mencionado estaba asociado con la muerte y la pérdida de vidas, esto nos guía a la idea simbólica central que encontramos aquí. Te vuelves impuro cuando te contaminas tocando la muerte, que es lo opuesto a la santidad de Dios, cuya esencia es la vida. Ahora bien, ser impuro no era pecaminoso ni malo. Tocar esas cosas es una parte normal de la vida. La impureza era un estado temporal que duraba una semana o dos y luego terminaba. Lo que estaba mal era entrar en la presencia de Dios llevando símbolos de muerte e impureza.

La última forma de volverse impuro era comer ciertos animales. Las leyes de alimentación kosher también se encuentran en esta sección (Levítico 11). Ha habido muchas teorías sobre por qué ciertos animales eran considerados impuros y estaban prohibidos, como por ejemplo, para promover la higiene (no a los murciélagos ni a las babosas) o evitar tabúes culturales (cerdos o pulpos), pero el texto no es explícito sobre ninguna de estas razones. Lo único que es claro es el punto básico: estos animales servían como un conjunto de símbolos culturales para recordarles que la santidad de Dios iba a afectar todas las áreas de su vida.

Levítico 16-27: Un llamado a vivir de manera diferente

La sección correspondiente trata sobre la pureza moral de Israel (Levítico 18-20). Ellos fueron llamados a vivir de manera diferente a los cananeos. Debían cuidar de los pobres en lugar de ignorarlos. Debían tener un alto nivel de integridad sexual, y debían promover la justicia en todo su territorio.

En el centro del libro (Levítico 16-17) encontramos una larga descripción de una de las fiestas anuales de Israel, el día de la expiación. No todos los pecados y rebeliones de los israelitas serían justificados a través de sacrificios individuales, así que una vez al año, el sumo sacerdote usaba dos cabras para representar todos los pecados no reconocidos de toda la nación. Una cabra sería sacrificada como ofrenda de purificación para expiar los pecados de Israel. Y otro animal, es decir otra cabra, se llamaba, el chivo expiatorio. El sacerdote confesaba los pecados de Israel y simbólicamente los colocaba sobre este macho cabrío que era echado al desierto. Una vez más, este es un símbolo poderoso que ilustra el deseo de Dios de quitar el pecado y sus consecuencias de Israel, para que pudieran vivir juntos en paz.

El libro concluye (Levítico 26-27) con Moisés llamando a Israel a ser fiel a todos los términos del pacto. Describe todas las bendiciones de paz y abundancia que vendrían sobre ellos si Israel obedecía las leyes. También les advierte que si son infieles y deshonran la santidad de Dios, el resultado sería un desastre y eventualmente el exilio de la tierra prometida.

Para ver cómo Levítico se encuadra en la historia de la Torá, es útil mirar la primera frase del libro bíblico que se encuentra a continuación, Números: "Y el Señor habló con Moisés en la tienda de campaña" (Números 1:1). ¡Logró entrar! En otras palabras, luego de poner en práctica los rituales simbólicos de Levítico, Moisés pudo entrar a la presencia de Dios en nombre de Israel. A pesar de sus fracasos, Dios proveyó una manera para que el pecado fuera cubierto, y pudiera vivir en paz con Dios. Desde esta perspectiva, el libro de Levítico es una poderosa expresión de la compasión santa y clemente de Dios.

Preguntas más frecuentes

Estas son algunas de las preguntas más comunes que la gente nos hace en línea sobre este libro.