Levítico
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Levítico es el tercer libro de la Biblia y es una continuación de lo ocurrido en el libro anterior, Éxodo. Israel es liberado de la esclavitud en Egipto y se reúne al pie del Monte Sinaí para entablar una relación de pacto con Dios. Sin embargo, tan pronto como aceptan la relación, se rebelan y quebrantan los términos fundamentales del pacto. Dios quería que su gloriosa presencia viviera en medio de Israel dentro del tabernáculo, pero su pecado dañó la relación de tal manera que ni siquiera Moisés, el representante de Israel, pudo entrar en la tienda.
Resumen de Levítico: Un Dios santo y un pueblo rebelde
El libro de Levítico comienza recordándonos este problema de inmediato: "El Señor llamó a Moisés desde la tienda" (Levítico 1:1). El hecho de que Moisés no pudiera entrar en la tienda es una imagen de la ruptura relacional entre Dios e Israel. ¿Cómo podrá reconciliarse con el Dios santo, un pueblo que ha demostrado ser egoísta y rebelde? De eso se trata el libro de Levítico, de cómo Dios, en su gracia, provee un camino para que un pueblo pecaminoso y corrupto viva en su santa presencia.
Ahora, hagamos una pausa por un momento para explorar esta idea central de que Dios es "santo", porque es fundamental para comprender este libro bíblico. La palabra significa simplemente "ser o estar apartado, distinguirse o ser único". Y en la Biblia, Dios se distingue de todas las cosas debido a su rol único como creador y autor de la vida misma. Dios es santo y cuando se presenta en persona, el espacio que lo rodea también se vuelve santo y apartado porque está impregnado de la vida, el poder y la pureza de Dios. Si Israel quiere vivir en la santa presencia de Dios, también tiene que ser santo y lidiar con su pecado. De esto se trata el libro de Levítico.
Levítico tiene un diseño literario asombrosamente simétrico, que explora tres maneras principales en que Dios permite que Israel viva en su presencia. Las secciones externas (Levítico 1-7 y 23-25) describen los rituales que Israel debe practicar en presencia de la santidad de Dios. Las secciones interiores (Levítico 8-10 y 21-22) se centran en el papel de los sacerdotes de Israel como mediadores entre Dios e Israel. Dentro de ellos hay dos secciones coincidentes (Levítico 11-15 y 18-20) que se centran en la pureza de Israel. En el centro del libro (Levítico 16-17) hay un ritual clave, el día de la expiación, que une todos los temas del libro. Por último, el libro concluye con una sección (Levítico 26-27) donde Moisés llama a Israel a ser fiel al pacto.
Levítico 1-7: Sacrificios y fiestas
La primera sección (Levítico 1-7) explora los cinco tipos de sacrificios rituales que Israel debía realizar. Dos de ellos eran formas en que un israelita podía agradecer a Dios ofreciéndole muestras simbólicas de lo que él les había dado primero. Los otros tres consistían en diferentes maneras de pedirle perdón a Dios. Cuando un israelita ofrecía la sangre vital de un animal, reconocía que su pecado había creado más maldad y muerte en el mundo bueno de Dios. Y para dejar claro que Dios prefiere perdonar a una persona antes que destruirla, este animal moría simbólicamente en su lugar para "expiar" o, más literalmente, "cubrir" su pecado. A través de estos rituales, los israelitas recordaban constantemente la gracia de Dios, pero también su justicia y la gravedad de la maldad y sus consecuencias.
El segundo conjunto de rituales (Levítico 23-25) establece las siete fiestas anuales de Israel: las fiestas de la Pascua, del pan sin levadura, de las primicias, de Pentecostés, de las trompetas, del día de la expiación y de los tabernáculos. Cada una de estas fiestas narraba una parte diferente de la historia de cómo Dios redimió a Israel y los guió a través del desierto hacia la tierra prometida. Al celebrar estas fiestas, Israel recordaba quiénes eran y quién era Dios para ellos.
Levítico 8-15: El camino a la pureza y la santidad
En los capítulos 8-10, Aarón y sus hijos son consagrados como sacerdotes para entrar en la presencia de Dios en nombre de Israel, mientras que la sección correspondiente (Levítico 21-22) describe los requisitos para ser sacerdote. Los sacerdotes estaban llamados al más alto nivel de integridad moral y santidad ritual, ya que representaban al pueblo delante de Dios, al mismo tiempo que representaban a Dios ante el pueblo.

A medida que avanza el libro de Levítico, descubrimos por qué la santidad de los sacerdotes es tan importante. Después de que la familia de Aarón es consagrada para el servicio (Levítico 8-9), dos de los hijos entran en la presencia de Dios y violan flagrantemente las reglas. Son consumidos por la santidad de Dios en el acto. Esta historia es un recordatorio inquietante de la paradoja de la presencia santa de Dios: su pura bondad puede llegar a ser peligrosa para aquellos que se rebelan e insultan la santidad de Dios. Por eso es importante que los sacerdotes de Israel sean santos, así como todo el pueblo de Israel. De esto se tratan las siguientes secciones internas. Los capítulos 11 al 15 tienen que ver con la pureza ritual exigida a los israelitas, mientras que los capítulos 18-20 tienen que ver con su pureza moral.
Esto es lo que subyace detrás de todo este lenguaje sobre la pureza y la impureza. Debido a que Dios es santo y se distingue de todo y todos lo demás, los israelitas tenían que estar en un estado de santidad para poder entrar en su presencia, a esto se le llamaba ser "limpio" o "puro". La presencia de Dios estaba fuera de los límites de cualquiera que no estuviera en un estado de santidad, a esto se le llamaba ser "inmundo" o "impuro". Un israelita podía volverse impuro de varias maneras: por contacto con fluidos corporales reproductivos (Levítico 12; Levítico 15), tener una enfermedad de la piel (Levítico 13a, 14a), tocar un moho u hongo (Levítico 13b, 14b) o tocar un cadáver (Números 19). Para los israelitas, lo anteriormente mencionado estaba asociado con la muerte y la pérdida de vidas, esto nos guía a la idea simbólica central que encontramos aquí. Te vuelves impuro cuando te contaminas tocando la muerte, que es lo opuesto a la santidad de Dios, cuya esencia es la vida. Ahora bien, ser impuro no era pecaminoso ni malo. Tocar esas cosas es una parte normal de la vida. La impureza era un estado temporal que duraba una semana o dos y luego terminaba. Lo que estaba mal era entrar en la presencia de Dios llevando símbolos de muerte e impureza.
La última forma de volverse impuro era comer ciertos animales. Las leyes de alimentación kosher también se encuentran en esta sección (Levítico 11). Ha habido muchas teorías sobre por qué ciertos animales eran considerados impuros y estaban prohibidos, como por ejemplo, para promover la higiene (no a los murciélagos ni a las babosas) o evitar tabúes culturales (cerdos o pulpos), pero el texto no es explícito sobre ninguna de estas razones. Lo único que es claro es el punto básico: estos animales servían como un conjunto de símbolos culturales para recordarles que la santidad de Dios iba a afectar todas las áreas de su vida.
Levítico 16-27: Un llamado a vivir de manera diferente
La sección correspondiente trata sobre la pureza moral de Israel (Levítico 18-20). Ellos fueron llamados a vivir de manera diferente a los cananeos. Debían cuidar de los pobres en lugar de ignorarlos. Debían tener un alto nivel de integridad sexual, y debían promover la justicia en todo su territorio.

En el centro del libro (Levítico 16-17) encontramos una larga descripción de una de las fiestas anuales de Israel, el día de la expiación. No todos los pecados y rebeliones de los israelitas serían justificados a través de sacrificios individuales, así que una vez al año, el sumo sacerdote usaba dos cabras para representar todos los pecados no reconocidos de toda la nación. Una cabra sería sacrificada como ofrenda de purificación para expiar los pecados de Israel. Y otro animal, es decir otra cabra, se llamaba, el chivo expiatorio. El sacerdote confesaba los pecados de Israel y simbólicamente los colocaba sobre este macho cabrío que era echado al desierto. Una vez más, este es un símbolo poderoso que ilustra el deseo de Dios de quitar el pecado y sus consecuencias de Israel, para que pudieran vivir juntos en paz.
El libro concluye (Levítico 26-27) con Moisés llamando a Israel a ser fiel a todos los términos del pacto. Describe todas las bendiciones de paz y abundancia que vendrían sobre ellos si Israel obedecía las leyes. También les advierte que si son infieles y deshonran la santidad de Dios, el resultado sería un desastre y eventualmente el exilio de la tierra prometida.
Para ver cómo Levítico se encuadra en la historia de la Torá, es útil mirar la primera frase del libro bíblico que se encuentra a continuación, Números: "Y el Señor habló con Moisés en la tienda de campaña" (Números 1:1). ¡Logró entrar! En otras palabras, luego de poner en práctica los rituales simbólicos de Levítico, Moisés pudo entrar a la presencia de Dios en nombre de Israel. A pesar de sus fracasos, Dios proveyó una manera para que el pecado fuera cubierto, y pudiera vivir en paz con Dios. Desde esta perspectiva, el libro de Levítico es una poderosa expresión de la compasión santa y clemente de Dios.
Preguntas más frecuentes
Estas son algunas de las preguntas más comunes que la gente nos hace en línea sobre este libro.
"Levítico" es la transliteración latina del griego Leuitikon, que significa "relacionado con los de la tribu de Leví". El nombre Levítico refleja la importancia de un grupo de sacerdotes de la tribu de Israel llamados los levitas, o el sacerdocio levítico. A los levitas se les da un papel sacerdotal único: ofrecer sacrificios y cuidar del tabernáculo donde Dios elige morar entre su pueblo.
Sin embargo, el libro de Levítico incluye instrucciones para los levitas y enseñanzas para todo Israel sobre cómo vivir como colaboradores y amigos de Dios, como un reino de sacerdotes y pueblo santo (Éxodo 19:6). Como tal, las personas son apartadas por Dios con el propósito de bendecir a todas las familias o naciones de la Tierra (véase Génesis 12:2-3).
Levítico ocupa un lugar prominente dentro de la Biblia hebrea en el centro de la Torá (los primeros cinco libros de la Biblia):
- Génesis
- Éxodo
- Levítico
- Números
- Deuteronomio
La ubicación de Levítico en el corazón de la Torá nos lleva a considerar cómo el corazón de la historia de Israel es acerca de cómo Dios llevó a los humanos de vuelta a su presencia, de regreso a la forma en que la humanidad original vivía en armonía con Dios en el jardín del Edén. Levítico proporciona a los antiguos israelitas instrucciones (o leyes) para la vida en la presencia de Dios fuera del jardín del Edén. Los dirige a una forma de vivir que está unida a un Dios santo.
Con más de 150 apariciones de la raíz hebrea de "santo" (qadash), el tema clave de Levítico es la santidad. Levítico sugiere que cuando Israel sigue el camino de Dios, se convierte en un pueblo "separado" o "santo" que bendice al mundo. Al ignorar el camino de Dios, sucede lo contrario. Así que Levítico existe en la Biblia no solo como una colección de mandamientos y leyes de Dios para el antiguo Israel, sino que también establece un principio más amplio que dice que la vida con Dios está dirigida específicamente por él. Esto sugiere que aquellos que desean experimentar la presencia y la bendición de Dios tienen que aprender a confiar en su voluntad y en su camino.
También vemos que los escritores del Nuevo Testamento se basan en los mismos conceptos de santidad, comunicando la idea de que una vida santa o apartada con Dios es definida y dirigida por él. El Nuevo Testamento registra a Jesús de Nazaret diciendo que todas las leyes de la Biblia hebrea (que incluyen Levítico) se cumplen en él. Esencialmente, vivir según el ejemplo de Jesús, de amor devoto a Dios y amor imparcial y generoso al prójimo, se convierte en la manera más profunda y plena de confiar en las leyes de Dios y seguirlas, incluidas las establecidas en Levítico.
Las ofrendas en Levítico incluyen cosas como vino, aceite de oliva, cereales y, a veces, sacrificios de animales, que parecen extraños (por no decir aborrecibles) a muchos lectores modernos. Sin embargo, los rituales de sacrificio de animales eran comunes en el antiguo Cercano Oriente, típicamente vistos como una forma de complacer o apaciguar a los dioses. Los sacrificios de Levítico parecen similares, pero, si prestamos atención al resto de la narración de la Biblia hebrea, veremos que estas ofrendas funcionan de una manera inesperada.
Cuando los humanos ignoran las instrucciones de Dios en el jardín del Edén, Dios los expulsa del jardín (Génesis 2-3). Al ser el lugar en donde mora la presencia de Dios, la vida en el jardín es eterna y buena. Pero la vida fuera del jardín termina en corrupción y, al final, todo vuelve al polvo (Génesis 3:19). Entonces, ¿por qué no podemos simplemente volver al jardín? Dios coloca a dos querubines (pensemos en criaturas angelicales y misteriosas) y una espada de fuego para bloquear el reingreso al jardín (Génesis 3:24). Las imágenes de querubines y espadas revelan que si los humanos intentan volver a entrar, morirán.
Este es el propósito de los sacrificios de animales. Cuando leemos sobre el tabernáculo o el templo, notamos que el lugar santísimo donde mora Dios, está protegido por una entrada adornada con imágenes de querubines (Éxodo 26:31-33; 1 Reyes. 6:31-32). El altar sobre el que se queman las ofrendas con fuego recuerda, simbólicamente, la espada ardiente entre los dos querubines que bloquean el reingreso al Edén. Entonces, ¿cuál es el punto?
A través de los diferentes tipos de ofrenda en Levítico, especialmente la "ofrenda quemada" (cuando el animal entero es quemado hasta convertirlo en cenizas como una forma de enviarlo simbólicamente "arriba" a Dios), los autores bíblicos sugieren que Dios aceptará, de alguna manera, la vida de un animal para preservar la vida del humano. El propósito final es llevar al ser humano "a través de la muerte", de vuelta a la vida buena e infinita prevista originalmente, y volver a vivir como uno con Dios.
A través de las ofrendas descritas en Levítico, el pueblo confía su vida a Dios y celebra su relación con él. Y dado que algunas de las ofrendas instruyen a los israelitas a compartir la carne del animal sacrificado con otras personas, también fomentan la armonía dentro de la comunidad.
El movimiento inicial de Levítico describe cinco sacrificios u ofrendas:
- Ofrenda quemada (Levítico 1)
- Ofrenda de grano (Levítico 2)
- Ofrenda de paz o comunión (Levítico 3)
- Pecado u ofrenda de purificación (Levítico 4)
- Culpa u ofrenda de reparación (Levítico 5:1-6:7)
La ofrenda por el pecado (también llamada la ofrenda de purificación) limpiaba al pueblo y al tabernáculo, la morada de Dios entre ellos, de las impurezas rituales de la comunidad o de los defectos morales involuntarios (Levítico 4, Levítico 14). Tanto el pecado como las cosas que representan la muerte (por ejemplo una enfermedad de la piel) eran como contaminantes, contaminaban a individuos o comunidades.
La ofrenda por el pecado requería un toro o un macho cabrío sin defecto que era sacrificado a la entrada del tabernáculo. La sangre del animal era rociada sobre el altar y su grasa era quemada sobre el altar. El humo ascendente simbolizaba la vida del animal que se elevaba hacia los cielos. Y la sangre vital del animal sacrificado limpiaba las impurezas rituales para que la gente pudiera seguir viviendo en la presencia de Dios.
Pero en sí misma, la ofrenda por el pecado no podía solucionar el problema del pecado intencional. Para ser limpios y perdonados por los pecados intencionales, el sacrificio tenía que ir acompañado de la confesión y el arrepentimiento, un compromiso de alejarse de las malas acciones y de seguir los caminos de Dios.
Levítico 16 proporciona instrucciones para un día ceremonial que se celebra una vez al año llamado Yom Kippur, en hebreo, o "Día de la expiación" en español. El día de la expiación constaba de tres movimientos principales: un ritual de preparación, un ritual de limpieza y el ritual expiatorio del macho cabrío.
Primero, en el ritual de preparación, el sumo sacerdote se lavaba y se ponía una túnica de lino blanco.
Segundo, en el ritual de purificación, el sumo sacerdote sacrificaba un novillo para sí mismo y un macho cabrío para el pueblo, y rociaba la sangre de los animales sobre la parte superior del arca del pacto, en el lugar santísimo, y sobre el altar, en el lugar santo. Esta ceremonia "hace expiación" (kipper Levítico 16:16-18), que probablemente significa "borrar". En otras palabras, la sangre de los animales sacrificados purificaba el espacio sagrado de Dios de la contaminación de los pecados de las personas.
Tercero, en el ritual del macho cabrío, el sumo sacerdote tomaba otro macho cabrío y colocaba sus manos sobre su cabeza, confesando los pecados de los israelitas sobre él. Luego, lo liberaba en el desierto. Este ritual final transfería la culpa de Israel al animal y la sacaba del campamento.
El día de la expiación estaba diseñado para restaurar la pureza de la morada de Dios para preservar la comunión entre Dios y su pueblo.
Aunque algunas de las instrucciones de Levítico 19 se superponen con los Diez Mandamientos (como honrar a tu madre y padre, guardar el Sabbat y evitar la idolatría, véase Levítico 19:3-4 y Éxodo. 20:4-6; Éxodo 20:8-12), los Diez Mandamientos se encuentran en Éxodo 20:1-17 y Deuteronomio 5:6-21.
Levítico 19 se enfoca en ofrecer instrucciones sobre cómo el pueblo de Israel debe "ser santo" (Levítico 19:2) o separarse de las naciones que lo rodean. Y estas instrucciones cubren una amplia gama de cuestiones. Por ejemplo, Dios instruye a los israelitas a no recoger los bordes de sus campos, sino a dejar restos generosos para que los pobres y vulnerables recojan comida (Levítico 19:9-10). También protege a las mujeres prohibiendo que los hombres vendan a sus hijas como prostitutas (Levítico 19:29). Y llama a su pueblo a respetar a los ancianos (Levítico 19:32), dar la bienvenida a los extranjeros (Levítico 19:33-34) y ser honesto y justo en los negocios (Levítico 19:35-36).
Debido a que no vivimos en el antiguo Cercano Oriente, algunas de las instrucciones de Levítico 19 nos parecerán raras o extrañas, como el mandamiento "No se harán sajaduras en su cuerpo por un muerto" (Levítico 19:28). Sin embargo, este capítulo ofrece a los seguidores modernos de Jesús sabiduría valiosa. Nos enseña que la santidad tiene que ver con cómo adoramos a Dios y también con cómo nos tratamos unos a otros. De hecho, Jesús cita Levítico 19:18 como el segundo mandamiento más grande: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (véase Mateo 22:39). Somos santos como Dios es santo cuando amamos a nuestro prójimo y procuramos su florecimiento.
Levítico 19:28b dice: "No se harán marcas con tatuajes sobre ustedes. Yo soy Yahweh" (traducción de Proyecto Biblia). Lo que lleva a algunas personas a preguntarse si la Biblia está diciendo que hacerse un tatuaje es un acto pecaminoso. Curiosamente, el pasaje más extenso también incluye prohibiciones contra el uso de prendas hechas de dos tipos de materiales (ver el versículo 19), pero pocas personas hoy en día se preguntan si es pecaminoso usar una chaqueta de mezcla de algodón y poliéster o calcetines hechos de más de una fibra. Y aunque encontramos una prohibición contra ciertos estilos de corte de barba en Levítico 19:27, la mayoría de nosotros no vemos el afeitado facial como un problema moral. Entonces, ¿cómo decidimos si los tatuajes son algo que Dios condena en general?
La palabra hebrea para "tatuaje" (qa'qa') aparece en la Biblia hebrea únicamente en este lugar y no tenemos mucha evidencia en cuanto en cuanto al rol de los tatuajes en el mundo antiguo. Pero la introducción de Levítico 19 llama a los israelitas a separarse como representantes de Dios (Levítico 19:1-2) y todo el capítulo les muestra cómo vivir como pueblo de Dios, en lugar de seguir los caminos de las naciones que los rodean.
Después de la introducción, el estribillo repetido "Yo soy Yahweh (tu Dios)" divide el resto del capítulo en quince secciones (en cinco grupos de tres). Esta estructura es clara y nos invita a interpretar cada versículo en el contexto de su sección. Y la sección donde encontramos la prohibición de los tatuajes se centra en evitar las prácticas religiosas y los rituales de luto del antiguo mundo del Cercano Oriente (Levítico 19:26-28). Por ejemplo, el versículo 26 advierte contra la adivinación, que los vecinos de Israel usaban para tratar de determinar la voluntad de los dioses.
Además, el texto hebreo usa el orden de las palabras para establecer un paralelo entre la declaración sobre los tatuajes y la línea anterior: "No se harán cortes en su carne por un muerto" (Levítico 19:28a, traducción de Proyecto Biblia), lo cual sugiere que debemos leer estas líneas juntas. Así que es probable que Dios haya dado este mandato sobre los tatuajes, no porque pensara que los tatuajes son siempre malos, sino por lo que significaban en ese contexto. Eran marcas físicas o alteraciones cosméticas directamente asociadas con antiguas prácticas de duelo que formaban parte de la adoración de los muertos u otros dioses, y eso es lo que Dios quería que evitaran.

