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Juan

Títulos

Juan 1-12
8:46
Resúmenes del Nuevo Testamento
Juan 1-12

Este es otro de los primeros relatos sobre la vida de Jesús, cuyo autor, según se nos revela al final del libro, es uno de los discípulos más cercanos a Jesús, llamado "el discípulo al que Jesús amaba". Juan aparece muchas veces en la historia (Juan 13:23; Juan 19:34-37; Juan 20:2), y existe un debate sobre si se trata de Juan, hijo de Zebedeo, que era uno de los doce discípulos, o de otro Juan que vivió en Jerusalén y que más tarde fue conocido como Juan el Anciano.

Sea cual fuere el Juan en cuestión, el libro recopila su testimonio como testigo ocular. Fue brillantemente diseñado con un propósito claro, anunciado por el mismo autor cerca del final del libro. Él dice que escribió el libro "para que crean que Jesús es el Mesías, y para que creyendo, tengan vida en su nombre" (Juan 20:31). Juan cree que el Jesús que se describe en este libro está vivo, es real y puede cambiar tu vida para siempre.

El libro de Juan comienza con un poema introductorio y una breve historia (capítulo 1) seguida de un gran grupo de historias que relatan cómo Jesús realizó señales milagrosas que generaron una creciente controversia (capítulos 2-10). Todo culmina en la señal más grande realizada por Jesús, la resurrección de Lázaro, la cual genera la mayor controversia. Los líderes de Israel deciden matar Jesús (capítulos 11-12), lo cual nos lleva a la segunda mitad del libro que abarca los capítulos 13-17. Estos capítulos se enfocan en la última noche de Jesús, en sus últimas palabras a sus discípulos, en su arresto, juicio, muerte y resurrección (capítulos 18-20). El libro concluye con un epílogo en el capítulo 21.

Juan 1: Jesús como la Palabra y los primeros discípulos

La primera mitad del libro comienza con una introducción dividida en dos partes. En primer lugar, hay un poema (Juan 1:1-18) que comienza con la famosa frase: "En el principio ya existía la Palabra". Esta es una alusión evidente a Génesis 1, cuando Dios creó todo con su palabra. La imagen es poderosa y profunda. Las palabras de una persona son distintas de la persona que habla, pero también son la encarnación de la mente y la voluntad de esa persona. Juan dice que la Palabra de Dios estaba "con Dios", es decir, era distinta, pero también que "la Palabra era Dios", es decir, era un ser divino. Mientras reflexionamos sobre esto y seguimos adelante, en el poema leemos que esta divina Palabra se hizo humano en Jesús. Juan se basa en las historias de Éxodo 33-34, diciendo que Jesús es el tabernáculo de Dios que habita en nuestro medio. La gloriosa y divina presencia que sobrevolaba el arca del pacto se hizo humana en Jesús. Esto nos lleva a su última afirmación: que el único y verdadero Dios de Israel está formado por Dios Padre y el Hijo, que se hizo humano para revelarnos al Padre.

Tras considerar estas afirmaciones tan impactantes, leemos las historias de Juan el Bautista encontrándose con Jesús y llevando a otros a hacer lo mismo, animándolos a convertirse en sus discípulos. Uno por uno, a medida que las personas se encuentran con Jesús, dicen en voz alta quién creen que es él. En este capítulo, a Jesús se le asignan siete títulos: el Cordero de Dios, el Hijo de Dios, el Maestro, el Mesías, el Rey de Israel, Jesús de Nazaret y el Hijo del Hombre. Todo esto nos prepara para el amor de Juan por los sietes en el diseño de la historia, que en conjunto afirman que este Jesús de Nazaret, plenamente humano, es el Rey mesiánico y maestro de Israel, y que es el Hijo de Dios que morirá por los pecados del mundo.

Juan 2-12: Jesús realiza señales milagrosas

Ahora bien, esa es una afirmación muy importante que hacer sobre alguien, pero Juan la respaldará con las historias de los capítulos 2-12. Todas siguen el mismo patrón básico. Jesús realiza un milagro o declara algo sobre su identidad divina, lo que da lugar a malentendidos o controversias y, al final, las personas se ven obligadas a tomar una decisión sobre quién creen que es Jesús.

Los capítulos 2-4 presentan el encuentro de Jesús con cuatro instituciones judías clásicas y, en cada caso, Jesús muestra cómo él es la realidad a la que apuntaba dicha institución. Primero, Jesús aparece en una boda donde se termina el vino. Luego toma enormes tinajas de agua, por un total de aproximadamente 120 galones ó 454 litros, y las convierte en el mejor vino de la historia. El jefe de los camareros le dice al novio: "¡Guardaste el mejor vino para el final!". Aunque esto es cierto a nivel literal, Juan también llama a este milagro una señal (Juan 2:11). Es un símbolo que revela algo sobre Jesús. Tal como lo había dicho Isaías, el Reino del Mesías sería como una gran fiesta con buen vino (Isaías 25:6-8). Esta primera señal milagrosa revela la generosidad del Reino de Jesús.

A continuación, Jesús va al templo de Jerusalén, el lugar donde se suponía que el Cielo y la Tierra se unían. Este es el lugar donde Dios se reunía con su pueblo. Jesús entra y afirma su autoridad sobre el templo, expulsando a todos los cambistas y deteniendo las ofrendas sacrificiales. Cuando es amenazado por este comportamiento, Jesús responde diciendo: "Destruyan este templo y lo levantaré de nuevo en tres días". En otras palabras, Jesús afirma que su próxima muerte sacrificial es donde el Cielo y la Tierra realmente se unirán. Él es la realidad a la que apuntaba el edificio del templo.

En el capítulo 3, Jesús mantiene una conversación que dura toda la noche con un rabino llamado Nicodemo, quien cree que Jesús es como él, otro rabino o maestro de Israel. Jesús le dice que Israel necesita más que simplemente otro maestro con nueva información. Ellos necesitan un nuevo corazón y una nueva vida, o en las palabras de Jesús: "Nadie puede experimentar el Reino de Dios sin haber nacido de nuevo" (Juan 3:3). Él cree que los humanos están atrapados en una red de egoísmo y pecado que los lleva a la muerte. Sin embargo, él sabe que Dios ama este mundo y por eso vino para darnos un nuevo nacimiento y una oportunidad para una nueva vida.

De allí, Jesús viaja hacia el norte y llega a un pozo sagrado, donde mantiene una conversación con una mujer samaritana (es decir, no judía) (capítulo 4). Empiezan a hablar sobre el agua, que Jesús utiliza como metáfora de sí mismo. Él vino para darnos agua viva que puede convertirse en una fuente de vida eterna. En el libro de Juan, esta importante frase se refiere a una nueva calidad de vida que está impregnada del amor eterno de Dios que tenía su comienzo en ese mismo momento y que perduraría en el futuro.

El libro de Juan continúa a partir de aquí con otra colección de historias en los capítulos 5-10. Estos capítulos ocurren durante cuatro días sagrados o fiestas judías. Una vez más, Jesús utiliza imágenes relacionadas con las fiestas para declarar cosas sobre sí mismo.

En el capítulo 5, Jesús sana a un hombre paralítico en el Sabbat comenzando una controversia con los líderes judíos sobre el trabajo en el día de descanso. Jesús dice que es su Padre quien está trabajando en el Sabbat y que por lo tanto, él también debía hacerlo. Ellos captan lo que Jesús estaba diciendo. Él estaba "llamando a Dios su Padre, haciéndose igual a Dios" (Juan 5:17-18), y ellos querían matarlo por esta declaración.

El capítulo 6 se desarrolla durante la Pascua, la fiesta que vuelve a contar la historia del éxodo con una comida simbólica de cordero, pan y vino. En esta ocasión, Jesús provee alimento para una multitud de miles de personas de forma milagrosa. Esto hace que las personas le pidan más pan y Jesús responde diciendo que él es el "pan verdadero", y que si ellos "comen de él", descubrirán la vida eterna. Esto ofende a muchas personas, que dejan de seguirlo.

Los capítulos 7-10 forman una bloque de relatos ambientados en Jerusalén durante la fiesta de los tabernáculos. Este festival narraba la historia del peregrinaje de Israel por el desierto, cuando Dios los guió con la columna de nube y fuego y les proveyó agua en el desierto. Jesús se puso de pie en el atrio del templo y gritó: "Si alguien tiene sed, que venga a mí y beba" (Juan 7:37). Más tarde dijo: "Yo soy la luz del mundo" (Juan 8:12). En ambos anuncios, Jesús afirma ser la presencia iluminadora de Dios, así como el regalo salvador de Dios para su pueblo. Mientras que algunas personas creen en él y lo siguen, otras se ofenden y tratan de matarlo por sus exaltadas declaraciones (Juan 8:59).

La última historia de la fiesta, también relatada en el capítulo 10, ocurre durante Janucá, una festividad que significa "rededicación". Este festival narra la historia de Judá Macabeo, quien limpió el templo de ídolos y lo consagró como santo una vez más. Jesús entra en el área del templo y dice que él es aquel a quien Dios "santificó y envió al mundo" (Juan 10:36). Su objetivo es que él es el verdadero templo en el que habita la presencia de Dios, declara finalmente: "Yo y el Padre somos uno" (Juan 10:30). Esto enfureció aún más a los líderes de Jerusalén, lo que los llevó a poner en marcha un plan para matar a Jesús, quien se retira de la ciudad.

Todos estos conflictos culminan en una última señal milagrosa en el capítulo 11. Jesús se entera de que su querido amigo Lázaro está enfermo, el problema es que la familia de su amigo vive cerca de Jerusalén. En ese momento, esa ciudad se había convertido en una trampa mortal para Jesús. Podía mantenerse alejado y salvar su propia vida, pero amaba a Lázaro. Una vez que Jesús oye que Lázaro había muerto, va a resucitarlo de entre los muertos. Jesús lo llama de vuelta a la vida y fuera de la tumba, sabiendo que esto le costaría su vida. La noticia de esta increíble señal se propagó rápidamente, y justo como Jesús sabía que sucedería, los líderes de Jerusalén se enteran y conspiran para asesinarlo. Jesús entra en Jerusalén como Rey de Israel, rechazado por los líderes.

La primera mitad del Evangelio de Juan llega a su fin con esta historia sobre Jesús dando su vida como un acto de amor por un amigo. Esto es, por supuesto, otra señal que apunta hacia la cruz. En este sentido, la historia de Lázaro concluye las historias de las señales de Jesús y lleva al lector a la segunda mitad del libro.

Juan 13-21
8:32
Resúmenes del Nuevo Testamento
Juan 13-21

Juan 13-17: La última noche de Jesús con sus discípulos

La segunda mitad del libro de Juan comienza con los capítulos 13-17, y se centra exclusivamente en la última noche de Jesús y las últimas palabras a sus discípulos. Jesús los prepara para su inminente muerte, comenzando con una revelación sorprendente durante la cena (capítulo 13). Jesús asume el papel de un sirviente común al arrodillarse para lavar los pies sucios de los discípulos. En su cultura, un rabino, considerado como superior, nunca haría este tipo de cosas por sus discípulos. Según Jesús, este acto simboliza el propósito de toda su vida: revelar la verdadera naturaleza de Dios como un ser amoroso y generoso. También simboliza lo que significa que Jesús sea el Rey mesiánico. Se convertirá en siervo, entregando su vida para morir por los pecados del mundo.

Esto nos lleva al gran mandamiento de Jesús a sus discípulos. Seguir a Jesús es amar a nuestro prójimo así como Jesús los amó. Los seguidores de Jesús deben ser conocidos por sus actos de generosidad amorosa, porque esto muestra al mundo quién es Jesús y, por lo tanto, quién es Dios.

Jesús continúa con un largo y fluido discurso, que concluye con una oración (capítulos 14-17). En estos discursos encontrarás un puñado de temas repetidos. Jesús sigue diciendo que él "se irá". Esto entristece a los discípulos, pero también les dice que es lo mejor, porque significa que enviará al Espíritu, también llamado "el defensor". Como ser humano, Jesús solo puede estar en un lugar a la vez, pero el Espíritu puede ser la presencia divina y personal de Jesús en cualquier momento y lugar.

Recuerda que, para Juan, la singularidad de Dios como deidad consiste en la relación amorosa y unificada que comparten el Padre y el Hijo. Según Jesús, el Espíritu es una presencia amorosa y personal que viene a vivir con su pueblo y que los atrae hacia el amor del Padre y del Hijo. Jesús dice que sus discípulos son aquellos que "permanecen" o "se mantienen" en el amor divino, al igual que los sarmientos están conectados con la vid. Describe cómo la vida de una persona puede estar impregnada del amor personal de Dios, sanándola, transformándola y renovándola.

El Espíritu dará poder a los seguidores de Jesús para continuar su misión en el mundo, cumpliendo el gran mandamiento de amar a través de actos radicales de servicio. De esta manera, Jesús dice que sus discípulos "darán testimonio de la verdad". El Espíritu Santo les permitirá exponer la forma egoísta y corrupta en que los humanos nos tratamos entre nosotros y declarar que, en Jesús, Dios ha salvado el mundo a través de su amor y ha abierto una nueva forma de ser humanos.

Por último, Jesús predice que habrá oposición. Así como los líderes judíos lo rechazaron a él, sus seguidores también serán perseguidos. Jesús les dice que no tengan miedo porque él ya ha vencido o logrado la victoria sobre el mundo (Juan 16:33). Ahora bien, Jesús no explica realmente a qué se refiere con la palabra "victoria", pero esto nos lleva a la siguiente sección del libro, los capítulos 18-20. En estos capítulos Juan nos muestra cómo es la victoria para Jesús.

Juan 18-20: Arresto, juicio, crucifixión y resurrección

Los líderes judíos envían soldados para arrestar a Jesús y lo encuentran junto a sus discípulos en un jardín. Cuando le preguntan: "¿Quién eres?", él declara: "Yo soy", al oírlo ellos caen hacia atrás. Este es un escrito brillante por parte de Juan. Estas palabras de Jesús marcan la culminación de dos series de siete ocasiones en las que Jesús usa esta misma frase, enfatizando una de las afirmaciones clave de Juan sobre Jesús.

Las palabras "Yo soy" (ego eimi en griego) son la traducción al griego del nombre del pacto personal de Dios que fue revelado a Moisés en Éxodo 3 y repetido muchas veces en Isaías. Juan coloca estratégicamente siete momentos en la historia donde Jesús dice "Yo soy", seguidos de una declaración asombrosa: Yo soy el pan de vida; la luz del mundo; la puerta de las ovejas; el buen pastor; la resurrección; el camino, la verdad y la vida; y la vid verdadera. Juan también ha diseñado otras siete historias que tienen momentos clave en los que Jesús simplemente dice: "Yo soy", haciendo eco del nombre divino. Este episodio, el momento en que Jesús es arrestado, es el momento culminante irónico de todos ellos. El momento en que Jesús revela más plenamente su poder divino y su victoria es el momento en el que entrega su vida.

Jesús es juzgado por sus exaltadas afirmaciones, al declararse Hijo de Dios y Rey de Israel. Primero, Jesús fue juzgado ante el sumo sacerdote de Israel y luego ante el gobernador romano, Poncio Pilato. Como tal, Pilato tenía que tomar en serio a cualquiera que afirmara ser el rey de Israel. Jesús le dice a Pilato: "Mi Reino no es de este mundo", lo cual significaba que, aunque él es Rey y su Reino es para este mundo, su sistema de valores y su definición de poder y grandeza eran radicalmente diferentes y no procedían de este mundo. Los valores del Reino de Jesús están definidos por el carácter de Dios y revelados a través de la muerte de Jesús en la cruz. El verdadero Rey del mundo vence el pecado y el mal dejándose vencer. Él vence al mundo a través del amor abnegado.

El capítulo 20 comienza el primer día de la nueva semana, después de que el cuerpo de Jesús fue depositado en una tumba sellada. María y luego otros discípulos descubren que la tumba de Jesús estaba extrañamente abierta y vacía. ¡María encuentra de repente a Jesús, que está vivo y ha resucitado de entre los muertos!

Ahora, hagamos una pausa. La resurrección de Jesús está conectada con otro patrón de sietes del Evangelio de Juan. En la fiesta de bodas, cuando Jesús convirtió el agua en vino, Juan dijo que esa era la primera señal de Jesús. Juan también identificó la sanidad del niño enfermo en el capítulo 4 como la segunda señal, para ayudarte a llevar la cuenta del resto. Si lo piensas bien, te darás cuenta de que la sexta señal fue Jesús resucitando a Lázaro de entre los muertos, lo que le costó la vida. Esto significa que la séptima y última señal es la más significativa: la resurrección de Jesús de entre los muertos. Esto justifica la afirmación de Jesús de ser el Hijo de Dios y el autor de toda la vida, cuyo amor venció a la misma muerte.

Tras el descubrimiento de la tumba vacía, Jesús se reúne con los discípulos y los comisiona al enviar al Espíritu, tal y como había prometido. Así, la misión que le había sido encomendada por el Padre continuaría siendo llevada a cabo a través de ellos.

Juan 21: La comisión de Pedro y el discípulo amado

El Evangelio de Juan concluye con un epílogo que explora la misión continua de los discípulos de Jesús (capítulo 21). Algunos discípulos pescan, pero no capturan nada. Jesús se les aparece en la orilla y les dice que echen la red al otro lado de la barca. Solo lo reconocen cuando le obedecen y pescan una gran cantidad de peces. Juan ofrece esta historia como una imagen del discípulo de Jesús. Sus seguidores serán más eficaces cuando se concentren no en su trabajo, sino en escuchar la voz y obedecer las palabras de Jesús. Será entonces cuando realmente lo verán obrando en sus vidas.

A continuación, Jesús interroga a Pedro y lo comisiona como un líder singular del movimiento de Jesús. Jesús indica que un día, Pedro también dará su vida al servicio de Jesús. Luego, de repente, el foco de la historia pasa a otra figura que está junto a Pedro, el discípulo a quien Jesús amaba. Este no es otro que el autor del libro, Juan, y Jesús dice que su rol en el iderazgo de la Iglesia no será como el de Pedro. Juan es llamado a pasar su larga vida dando testimonio de Jesús, para que otros puedan creer en él.

Eso es precisamente lo que hizo, al escribir esta increíble historia sobre Jesús, el Mesías e Hijo de Dios.