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Josué

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Josué
8:48
Resúmenes del Antiguo Testamento
Josué

Antes de ver el libro de Josué, vamos a retroceder y recordar la historia de la Biblia hasta ahora. Dios eligió a Abraham para llevar su bendición a las naciones. La familia de Abraham creció y se convirtió en el pueblo de Israel, y después de un tiempo, fueron esclavizados en Egipto. A través de Moisés, Dios rescató a los israelitas, los sacó de Egipto y los llevó hasta el Monte Sinaí, donde hizo un pacto con ellos. Luego, Dios condujo al pueblo a través del desierto a pesar de las dificultades y rebeliones que encontraron en el camino. Por último, mientras el pueblo de Israel acampaba fuera de la tierra prometida, Moisés lo anima a obedecer los mandamientos de Dios, para poder mostrar a las demás naciones el verdadero carácter de Dios. El libro de Josué comienza justo después de la muerte de Moisés, cuando Israel se prepara para entrar en la tierra prometida.

La historia de Josué está diseñada a partir de cuatro movimientos principales. Josué guía a Israel a la tierra prometida (Josué 1-5). Una vez que están allí, se enfrentan a la hostilidad de los cananeos nativos y entran en batalla con ellos (Josué 6-12). Después de sus victorias, Josué divide la tierra como herencia para las doce tribus (Josué 13-22), y por último, el libro concluye con Josué pronunciando sus últimas palabras al pueblo (Josué 23-24).

Josué 1-5: Israel entra en la tierra prometida

El capítulo 1 comienza con la muerte de Moisés y el nombramiento de Josué como el nuevo líder de Israel. El autor presenta intencionalmente a Josué como un nuevo Moisés. De manera similar a su antepasado, Josué llama al pueblo a obedecer los mandamientos del pacto entregado a Israel en el Monte Sinaí, tal y como se se encuentra en la Torá. En el capítulo 2, Josué envía espías a la tierra, al igual que Moisés lo hizo en Números 13-14. Esta vez las cosas salen mucho mejor, e incluso algunos cananeos, como Rahab, la prostituta, deciden dejar sus viejas vidas atrás para seguir al Dios de Israel. Luego Josué guía a todo Israel a través del río Jordan hacia la tierra prometida. Así como el mar se abrió para Moisés en el Éxodo, aquí el río se abre y los sacerdotes que llevan el arca del pacto guían a los israelitas hacia la tierra prometida.

En el capítulo 5, la historia cambia de enfoque cuando los israelitas reflexionan sobre sus orígenes como pueblo del pacto de Dios. La nueva generación es circuncidada en honor a ese pacto y se celebra la primera Pascua en la nueva tierra. Justo cuando se preparan para seguir adelante, Josué tiene un encuentro con un misterioso guerrero quien resulta ser el ángel capitán del ejército de Dios. Josué pregunta: "¿Estás de nuestro lado o del de nuestros enemigos?". El guerrero responde: "De ninguno de los dos", lo que muestra que la verdadera pregunta es si Josué estaba del lado de Dios. El capítulo 5 deja claro que esta historia no será sobre los israelitas contra los cananeos. Más bien, se trata de la batalla de Dios. Israel jugará el rol de espectador y solo a veces de participante en sus propósitos.

Josué 6-12: Batallas victoriosas sobre los cananeos

Esto nos lleva a la siguiente sección del libro de Josué, en la que encontramos historias sobre todos los conflictos que Israel tuvo con los diferentes grupos de cananeos cuando entraron en la tierra prometida. Los capítulos 6 al 8 relatan la historia de dos batallas detalladamente, seguidos de los capítulos del 9 al 12, que son una serie de relatos cortos que condensan en breves resúmenes años de batallas.

Las dos primeras batallas contra Jericó y Hai ofrecen imágenes contrastantes de la fidelidad de Dios y el fracaso de Israel. En Jericó, Israel debe adoptar un enfoque completamente pasivo, dejando que la presencia de Dios en el arca los guíe alrededor de la ciudad con música durante seis días. Así como Rahab se volvió al Dios de Israel, tal vez el pueblo de Jericó haga lo mismo. Tristemente, no lo hacen, y así el séptimo día, cuando los sacerdotes tocan sus trompetas, los muros se desmoronan milagrosamente e Israel es guiado a la victoria. El punto de la historia es que Dios es quien liberará a su pueblo. Israel solo necesita confiar y esperar.

La batalla de Hai nos muestra un punto de contraste, mostrando lo que sucede si Israel no confía en su Dios. Un israelita llamado Acán robó bienes de Jericó que debían ser dedicados y ofrecidos a Dios. Luego miente sobre ello, una actitud bastante egoísta después de todo lo que Dios había hecho por Israel. Así que cuando Israel entra en batalla con la ciudad de Hai, son derrotados. Es solo después de un arrepentimiento humilde y de lidiar con severidad con el pecado de Acán que obtienen la victoria sobre Hai.

Estas dos historias están colocadas juntas al frente de las narraciones de las batallas para resaltar un punto importante. Para heredar la tierra, Israel tiene que ser obediente y confiar en los mandamientos de Dios. Esta no es su batalla, y Dios no es su trofeo.

La segunda parte de esta sección comienza en el capítulo 9, cuando los gabaonitas, un grupo del pueblo cananeo, hacen lo mismo que hizo Rahab: se vuelven al Dios de Israel y hacen las paces. Esto contrasta con muchos otros reyes cananeos, que forman coaliciones para destruir a Israel. Sin embargo, Israel gana todas estas batallas de manera aplastante. La sección concluye con una lista resumida de todas las victorias ganadas por Moisés y Josué (Josué 12).

Ahora, hagamos una pausa por un momento, porque lo más probable es que estas historias y la violencia descrita en las batallas te molesten. Si eres un seguidor de Jesús, seguramente te preguntarás: "¿No dijo Jesus que teníamos que amar a nuestros enemigos? ¿Por qué aquí Dios está declarando la guerra?".

En primer lugar, ¿por qué los cananeos? Las razones principales que se dan son que su cultura se había vuelto moralmente corrupta, especialmente con respecto al sexo (Levítico 18), y porque practicaban ampliamente el sacrificio de niños (Deuteronomio 12:29-31). Dios no quería que estas prácticas influenciaran a Israel, por lo que estos grupos debían ser expulsados.

Pero eso solo nos lleva a plantearnos la segunda pregunta: "¿Realmente Dios ordenó la destrucción de todos los cananeos, algo así como un genocidio?". A primera vista, vemos las frases "destruirás por completo" y "no dejarás con vida a nadie" o "nada que respire". Sin embargo, cuando lo analizamos más detenidamente, descubrimos que el autor utiliza estas frases como hipérbole y que no deben interpretarse literalmente.

Mira de nuevo el mandato original de Dios en Deuteronomio 7. Primero se le dice a Israel que "expulse" a los cananeos y también que los "destruya por completo". Esto viene inmediatamente seguido por los mandamientos sobre no casarse ni hacer negocios con ellos. ¡No puedes casarte o hacer negocios con alguien que has destruido literalmente! Moisés está usando una hipérbole, una expresión exagerada, para demostrar su punto de vista con fuerza.

La misma idea se aplica a las historias narradas en Josué. Por ejemplo, en Josué 10:36-39 se nos dice que Israel "no dejó sobrevivientes" ni en Hebrón ni en Debir, pero más adelante, en 15:13-15, estas ciudades siguen estando pobladas por cananeos. De esta manera, las historias de Josué concuerdan con otros relatos antiguos de batallas en su uso de la hipérbole no literal como parte del estilo narrativo.

Así que la palabra "genocidio" en realidad no encaja con lo que vemos aquí, especialmente a la luz de las historias sobre los cananeos que sí aceptaron al Dios de Israel, como Rahab o los gabaonitas. Dios estaba muy abierto a todos los que se arrepintieron y confiaron.

Como reflexión final, estas historias marcan un momento único en la historia. Estas batallas se limitaron a un puñado de grupos de personas que vivían en la tierra llamada Canaán. Sabemos que esta era una medida temporal y limitada, ya que Dios ordenó a Israel que buscara la paz con todas las demás naciones (Deuteronomio 20). El propósito de estas historias de batalla nunca fue decirle al lector que cometiera actos violentos en nombre de Dios. Más bien, muestran a Dios ejecutando su justicia sobre la maldad humana y liberando a Israel de la aniquilación a manos de los cananeos.

Josué 13-24: La división de la tierra y un llamado a la fidelidad

Ahora, volvamos al diseño del libro. Después de años de batallas, Josué ya anciano divide la tierra entre las 12 tribus (Josué 13-22). La mayor parte de esta sección es una lista de fronteras. Y seamos honestos en este punto, es un poco aburrido y difícil de visualizar. ¡Es como leer un mapa que no tiene imágenes! Para los israelitas, sin embargo, estas listas eran muy importantes. Este fue el cumplimiento de la antigua promesa de Dios a Abraham de que sus descendientes heredarían la tierra (Génesis 12:6-7). Así que ahora todo se estaba cumpliendo, hasta el último detalle.

Todo esto nos lleva a la sección final que se encuentra en los capítulos 23 y 24. Josué pronuncia dos discursos finales ante el pueblo, muy similares a los discursos finales de Moisés en Deuteronomio. Josué les recuerda la generosidad de Dios al llevarlos a la tierra y rescatarlos de los cananeos. Los llama a alejarse de los dioses cananeos y a ser fieles al pacto que hicieron con Dios. Si lo hacen, eso les dará vida y bendiciones en la tierra. Pero si son infieles, Israel atraerá sobre sí mismo el mismo juicio divino que sufrieron los cananeos, y serán expulsados de la tierra y volverán al exilio.

El libro termina con Josué presentando una decisión crucial para Israel. ¿Qué van a hacer? Esa es la gran pregunta que surge al llegar al final del libro de Josué.

Preguntas más frecuentes

Estas son algunas de las preguntas más comunes que la gente nos hace en línea sobre este libro.