¿Por qué Dios ordenó la invasión de Canaán en el libro de Josué?
¿Qué hacemos con la violencia en la Biblia?
¿Por qué Dios ordenó la invasión de Canaán?
La conquista de los cananeos en el libro de Josué es uno de los pasajes más desafiantes de la Biblia para los lectores modernos. También es uno que no estamos normalmente equipados para entender a primera vista. La mayoría de los lectores se imaginan que Dios encargó a su nación que vengativamente aniquilara a toda una nación de hombres, mujeres y niños cananeos. Sin embargo, una lectura más profunda revela que las razones de la conquista eran más complejas, el alcance de la destrucción era más pequeño y la misericordia de Dios estaba presente en todo.
Estamos al final de una serie de tres partes que aborda la violencia en la Biblia. En la primera parte, vimos el diluvio. En la segunda parte, observamos la orden de Dios a Abraham de sacrificar a su hijo Isaac. Ahora llegamos a la invasión de Canaán por parte de los israelitas que se encuentra en el libro de Josué.
Empecemos con la parte más difícil de esta historia.
Incluso una lectura superficial de Josué puede provocar preguntas que nos dejan confundidos, enojados, y quizás incluso dispuestos a abandonar a la Biblia y a Dios. ¿Por qué un Dios bueno enviaría a su pueblo a tomar tierras que pertenecen a otra nación? ¿Es este sólo un ejemplo más de las personas que utilizan la religión para justificar la violencia y la conquista? Mi dios me está diciendo que tome tu tierra, ¡así que, aquí voy! Si Jesús dice que ames a tus enemigos, ¿por qué Dios les declara la guerra en el Antiguo Testamento?"
De Abraham a Moisés: la tierra es prometida
La Biblia cuenta una historia unificada y, como todas las historias, no puedes simplemente saltar al medio. La conquista tiene un contexto, y ese contexto nos lleva al corazón de la historia bíblica.
En la página uno de la Biblia, Dios hizo los Cielos y la Tierra y declaró que su creación era buena. Sin embargo, algunas páginas más tarde, la humanidad se rebeló y trató de determinar el bien y el mal por sí misma. La rebelión creció rápidamente, y la humanidad, creada para difundir la paz y el florecimiento de Dios a través de la Tierra, propaga en lugar de ello el desastre.
En Génesis 12, Dios eligió a un hombre, Abraham, y prometió que, a través de él y de su familia, todas las naciones de la Tierra serían bendecidas. Entonces Dios le dijo a Abraham que sus descendientes heredarían la tierra que entonces estaba habitada por los cananeos, de forma que como un sólo grupo de personas, Yahweh sería su Dios y ellos serían su pueblo."
De Moisés al libro de Josué: el comienzo de la conquista
Después del éxodo de Egipto, Moisés le pasó a Josué su liderazgo de los israelitas. El trabajo de Josué fue guiar a la gente a través del río Jordán hacia Canaán y recuperar la tierra que Dios había prometido a Abraham. Después de todo, el plan era que los descendientes de Abraham serían de bendición a todo el mundo (Génesis 12:1-3). Dios los llamó un "reino de sacerdotes", y esta tierra debía ser el lugar donde comenzaría su sacerdocio real (Éxodo 19:4-6).
El único problema era que la tierra estaba llena de otros pueblos que no querían irse.
Aquí es donde el libro confunde a mucha gente. ¿Cómo encaja la muerte de los cananeos con el llamado de Israel a ser un reino de sacerdotes y una bendición para todas las naciones? ¿Acaso comenzar una guerra no es lo contrario de bendecir a las naciones? ¿Por qué Dios ordenaría a su reino de sacerdotes que comenzara las cosas con una invasión?
Antes de que pasemos a las respuestas a esas preguntas, necesitamos echar un vistazo más profundo a la cultura y a los personajes que están en juego aquí.
Realmente, ¿quiénes eran los cananeos?
Por supuesto que no todos los cananeos eran malos, pero cuando aprendes más sobre las prácticas corruptas de su cultura, es difícil no etiquetarlos como los "chicos malos".
La Biblia describe una imagen bastante sombría de las prácticas cananeas. Levítico y Deuteronomio contienen listas detalladas y espeluznantes que incluyen: la adoración de ídolos demoníacos, actos sexuales tabúes, e incluso el sacrificio de niños a los dioses cananeos.
Dios deja claro a los israelitas lo siguiente: "no por tu justicia o por tu integridad vas a tomar posesión de su tierra; sino por la maldad de estas naciones…" (Deuteronomio 9:5). La misión de Israel era clara: no debían ser influenciados por las prácticas malignas de los cananeos ni por los sistemas culturales que las fomentaban y respaldaban.
La motivación de la conquista
Dada la misión, hablemos de la idea errónea de que Josué y los israelitas estaban motivados por el acto de matar a un grupo de personas. La conquista fue más sobre poner fin a las prácticas religiosas y culturales de los cananeos que poner fin a sus vidas. El problema no era la gente, sino la idolatría.
En The Lost World of the Israelite Conquest [El mundo perdido de la conquista israelita], John Walton sugiere que el punto de la invasión de Israel fue más sobre el desmantelamiento de la comunidad de la que los cananeos formaban parte, que acabar con sus vidas. Podría compararse con lo que los aliados se propusieron hacer durante la Segunda Guerra Mundial. Su misión era poner fin al régimen nazi, pero eso no significó que tuvieran que matar a todos los alemanes.
Las batallas del libro de Josué no tratan simplemente de una tribu antigua que utiliza la violencia para desplazar a otra y que luego utiliza a Dios para respaldar su propia agenda territorial. Más bien, ellos eran parte del plan de Dios para limpiar la tierra de prácticas malignas y reprimir los poderes espirituales oscuros que habían esclavizado al pueblo de Canaán.
Así que esa es la razón de la conquista, pero ¿qué pasa con el cómo? Resulta que en estas historias de batalla hay mucho más de lo que la mayoría de los lectores modernos esperan."
The Motivation of the Conquest
Given that mission, let’s talk about the misguided idea that Joshua and the Israelites were motivated by the act of killing a people group. The conquest was more about ending the Canaanites’ religious and cultural practices than ending their lives. The problem wasn’t the people, but idolatry.
In The Lost World of the Israelite Conquest, John Walton suggests that the point of Israel’s invasion was more about the dismantling of the community of which the Canaanites were a part of than ending their lives. It could be compared to what the Allies set out to do during World War II. They were on a mission to end the Nazi regime, but that didn’t mean they had to kill every German.
The battles of the book of Joshua were not simply one ancient tribe using violence to displace another and then using God to underwrite their own territorial agenda. Rather, they were a part of God’s plan to cleanse the land of evil practices and push back the dark spiritual powers that had enslaved the people of Canaan.
So that is the why of the conquest, but what about the how? It turns out there is a whole lot more going on with these battle stories than most modern readers expect.
¿Qué tenemos que saber sobre estas batallas?
Puestos de avanzada militar, no ciudades
Si nos imaginamos a Jericó (la primera batalla de Israel en Canaán) como una ciudad antigua llena de escuelas, negocios y hogares, es natural que esto provoque una cierta reacción en nosotros. Pero, como explica Joshua Ryan Butler en su libro The Skeletons in God's closet [Los esqueletos en el armario de Dios], esa podría no ser la mejor forma de imaginar lo que está pasando.
"Las ciudades que Israel toma son bastiones militares, no centros de población civil... Así que cuando Israel 'aniquila' una ciudad como Jericó o Ai, debemos imaginarnos un fuerte militar tomado, no una masacre civil. Dios está derribando la gran muralla China, no demoliendo Beijing. Israel está acabando con el Pentágono, no con la ciudad de Nueva York".
No todo fue juego limpio
La frase "en el amor y en la guerra todo vale" no se aplica a la conquista de Canaán. Dios puso límites firmes en el alcance de la conquista, y varias de las tribus de la región no debían ser perjudicadas en absoluto (Deuteronomio 2). Dios también puso un límite de tiempo a la conquista (Deuteronomio 7:22). No se trataba de una toma de posesión instantánea: la conquista iba a llevar mucho tiempo. Dios les dijo que expulsaría a la gente lentamente con el tiempo.
Ofrecimientos de paz
Además, los ofrecimientos de paz siempre estaban disponibles, pero la mayoría de los cananeos no los tomaron. Deuteronomio 20 establece las reglas de guerra para la nación israelita, una especie de Convención de Ginebra antigua. En ese pasaje, Dios da instrucciones a Israel para que ofrezca términos de paz a sus enemigos antes de una batalla. El libro de Josué no incluye relatos detallados de los ofrecimientos de paz, pero Josué 11:19 indica que el ofrecimiento se hizo y que fue rechazado consistentemente. "No hubo ciudad que hiciera paz con los israelitas, excepto los heveos que vivían en Gabaóna".
Expulsar, no destruir
Gran parte del lenguaje de la conquista utiliza las palabras "expulsar" y desposeer (Éxodo 23:27-30, Deuteronomio 9:1), que es un enfoque diferente a matar y conquistar. Este es el lenguaje del exilio, no de la destrucción. La conquista no fue una masacre, sino un desmantelamiento de un régimen cultural oscuro. De hecho, sólo tres fortalezas fueron totalmente destruidas: Jericó, Hai y Hazor (Josué 6:24, 8:28, 11:13).
Muchos cananeos fueron salvados
Más a menudo, aunque se tomara una ciudad o una región, sus habitantes no debían ser destruidos. Por ejemplo, hubo ciudades que los israelitas conquistaron donde se nos dice que ningún cananeo sobrevivió (Hebrón y Debir en Josué 10:36-39). Pero sólo unos pocos capítulos después, cuando otros israelitas van a estas ciudades, todavía hay gente cananea viviendo allí (Josué 15:13-15).
Quizás algunos de ustedes tengan preguntas después de leer ese último punto. Después de todo, ¿no dice el texto una y otra vez que los enemigos de Israel fueron totalmente destruidos? ¿Qué sucedió?
Tres convenciones de antiguas narraciones de batalla
Los relatos de conquista utilizan un lenguaje de batalla extremo para describir lo que Israel estaba haciendo en Canaán. Los lectores suelen encontrar frases como: "no quedó nada vivo que respirara", "totalmente destruido", y "no dejaron sobrevivientes". El lenguaje vívido hace que parezca que lo que Dios les está diciendo que hagan va mucho más allá de lo que podríamos considerar como una guerra "normal".
Sin embargo, sólo porque el texto dice esas cosas, no significa que las debamos tomar literalmente. Recuerda, estos libros no fueron escritos en el estilo moderno de historia. A menudo, la clave para entenderlos radica en entender el contexto de donde provienen.
¿Cómo puede entenderse entonces este vívido lenguaje de batalla? Nos gustaría sugerir tres cosas que están en uso aquí: modismos, exageración y retórica.
1. Modismos de batalla
Las culturas antiguas tenían modismos literarios, o lenguaje figurativo que dice una cosa pero significa otra, al igual que nosotros. Cuando alguien te dice que "está lloviendo a cántaros afuera", no significa que caigan vasijas de agua del cielo. Sólo significa que está lloviendo mucho. Con los modismos, tomar las palabras literalmente es malinterpretarlas.
Para tomar un ejemplo de un antiguo modismo de batalla, considera esto: 2 Reyes cuenta la historia de la invasión asiria a Israel, que fue revertida tras una derrota milagrosa durante el asedio a Jerusalén. La arqueología ha revelado que el rey asirio se fue a casa y contó una historia diferente, que "encerró (a Jerusalén) como un ave enjaulada". En esencia, se trataba una gestión antigua de las relaciones públicas, en forma de un conocido modismo para un asedio. Del mismo modo, Josué utiliza expresiones como estas cuando está escribiendo sus narraciones de batalla.
2. Convenciones de exageración
Como personas modernas, esperamos un nivel de exactitud periodística cuando se trata de los relatos históricos, pero las culturas antiguas tenían una comprensión diferente de las cosas. En las antiguas narraciones de batalla, las hazañas de los protagonistas suelen inflarse para conseguir un efecto literario.
Por ejemplo, en una tabla egipcia, el faraón Merneptah se jactó de sus hazañas militares con la frase: "Israel está arrasado y su semilla no existe" (~1200 aC). Sin embargo, como sabemos, Israel nunca fue aniquilado por Egipto. El lenguaje era pura palabrería hiperbólica. El libro de Josué sigue las mismas convenciones de exageración cuando describe el alcance y la intensidad de la conquista.
3. Bravuconería retórica
La retórica a menudo emplea un lenguaje figurativo y se ajusta a las convenciones de una tradición literaria. En este caso, se siguen las convenciones de las antiguas narraciones de guerra. La retórica está destinada a ser persuasiva; tiene una agenda y una historia que contar.
Como explica Paul Copan en su libro Is God a Moral Monster? [¿Dios es un monstruo moral?]: "Josué utilizó el lenguaje retórico de bravuconería de su tiempo, al afirmar que toda la tierra fue capturada, todos los reyes derrotados, y todos los cananeos destruidos". El objetivo de toda esta retórica era afirmar la total supremacía de Dios sobre los ídolos cananeos. Sin embargo, Josué no creía que todos los cananeos hubieran sido destruidos (lo que parece ser claro si lees todo el libro).
Encuentra a Jesús en la conquista
Aunque la conquista sigue siendo una sección difícil de la Escritura por muchas razones, esperamos que una imagen más clara del contexto y el alcance de la conquista ayude a aliviar algunas de las tensiones que todos sentimos al leer estos pasajes.
Sin embargo, el objetivo de leer la Biblia no es buscar formas de cuadrarla con la ética moderna, ni siquiera responder a todas nuestras preguntas. La historia que la Biblia cuenta es sobre la misión de Dios de restaurar su creación rebelde y traer a toda la humanidad nuevamente a sí mismo a través de Jesús. Cada parte de la historia apunta a este gran arco narrativo de la redención, incluso la conquista de Canaán.
El Principe de Paz
Si la exageración hostil, tribal y violenta de la conquista fuera el mejor entendimiento que tenemos del carácter de Dios, esperaríamos aún más de lo mismo cuando, siglos después, Dios se hizo carne, y vino a la Tierra. Esperaríamos ver a un señor de la guerra que viene a arreglar las cosas a través de poder y sangre. Aunque Jesús sí vino a arreglar las cosas a través de sangre, está lo más lejos posible de ser un señor de la guerra vengativo.
Jesús nació en una familia pobre y oprimida por el imperio romano, y sabía lo que significaba ser marginado y excluido. En su ministerio, rechazó la violencia como medio para establecer su Reino (Mateo 26:51-56). Él cruzó los límites tribales, étnicos y culturales al ofrecer amor y gracia, incluso a una mujer cananea (Mateo 15:22). El Príncipe de Paz sufrió una muerte violenta a manos de hombres violentos y reveló el verdadero corazón de Dios cuando, aunque tenía el poder de utilizar la violencia para protegerse a sí mismo, sufrió por las mismas personas que lo estaban matando.
En Cristo, Dios mismo sufrió violencia para que la violencia terminara para siempre.
Josué y Jesús
Al igual que Josué, Jesús vino a expulsar el mal de su creación. Pero a diferencia de Josué, las armas de Jesús eran sabiduría, amor y sacrificio. En el libro de Josué, Dios triunfó en Canaán, a pesar de la muerte y violencia de la batalla. En Jesús, Dios triunfó sobre la muerte misma por la violencia que soportó. Josué compró la victoria a expensas de la sangre de sus enemigos, pero Jesús compró la victoria para sus enemigos mediante el derramamiento de su propia sangre.
La conquista no es la evidencia de una extraña división entre el Antiguo Testamento (y su Dios enojado) y el Nuevo Testamento. Más bien, Josué señala a Jesús, el verdadero conquistador, quien anuncia un Reino alternativo en medio de los poderes dominantes del mal. Él es el Rey cuyo reinado inaugura un Reino eterno de paz para toda la creación, más plenamente que lo que jamás habrían podido hacerlo las batallas de Josué contra el mal. Para más elementos de reflexión, echa un vistazo a nuestro artículo anterior sobre la conquista.
Fuentes
- Walton, John. The Lost World of the Israelite Conquest [El mundo perdido de la conquista israelita]. Inter-Varsity Press, US, 2017.
- Butler, Joshua Ryan. The Skeletons in God’s Closet [Los esqueletos en el armario de Dios]. Thomas Nelson, 2014.
- Copan, Paul. Is God a Moral Monster? Making Sense of the Old Testament God [¿Es Dios un monstruo moral? Dar sentido al Dios del Antiguo Testamento]. Baker Books, 2011."