Guía de Proyecto Biblia

Eclesiastés

Títulos

Eclesiastés
8:02
Resúmenes del Antiguo Testamento
Eclesiastés

Este singular libro perteneciente a la literatura sapiencial de la Biblia comienza con esta frase: "Palabras de Qohélet, hijo de David, rey en Jerusalén". La palabra hebrea qoheleth significa "el que reúne a la gente". El propósito de la reunión es escuchar y aprender, por lo que la palabra se traduce a menudo como "maestro". Se dice que esta persona es el hijo o descendiente del rey David, pero hay opiniones divergentes sobre quién es en realidad esta figura. Muchos creen que se refiere al rey Salomón. Otros consideran que se refiere a reyes posteriores del linaje de David, mientras que otros piensan que tiene que ver con un maestro israelita posterior que adoptó un "personaje parecido a Salomón" como ayuda para la enseñanza.

Cualquiera que sea la visión correcta, la clave es reconocer que el maestro es un personaje del libro diferente al autor del libro, quien permanece en el anonimato. Si bien escuchamos la voz del maestro durante la mayor parte del libro, en realidad se trata de una voz diferente a la del autor, que primero nos presenta al maestro y que luego concluye el libro resumiendo y evaluando todo lo que el maestro ha dicho. Se trata de alguien que no solo quiere que escuchemos todo lo que el maestro tiene que decir, sino que también quiere ayudarnos a procesarlo y a formar nuestras propias conclusiones.

El mensaje del maestro en Eclesiastés

Entonces, ¿qué es exactamente lo que el maestro tiene para decir? El autor resume el mensaje básico del maestro al principio (Eclesiastés 1:2) y al final (Eclesiastés 12:8). "Hevel, hevel, todo es completamente hevel". La mayoría de las Biblias en español traducen esta palabra "hevel" como "vanidad", pero eso no captura completamente toda la idea. En hebreo, "hevel" se refiere literalmente a "vapor" o "humo". El maestro usa esta palabra 38 veces en el libro de Eclesiastés como metáfora de lo temporal y fugaz que es la vida, como una nube de humo, pero también de cómo la vida es, a su vez, un enigma o una paradoja. El humo parece sólido, pero cuando tratas de agarrarlo, es como si no hubiera nada.

Esto es a lo que se refiere el maestro. En el mundo hay mucha bondad y belleza, pero justo cuando estás disfrutando, la tragedia golpea y todo se esfuma. Casi todos creemos en el bien y el mal y tenemos sentido de la justicia, así que, ¿por qué a las personas buenas les pasan cosas malas todo el tiempo, a pesar de nuestras mejores intenciones? La vida es constantemente impredecible e inestable o, como lo describe el maestro, como "perseguir el viento".

"Todo es hevel". Este es el lema básico del maestro, y es totalmente sombrío. ¿Por qué lo dice? El objetivo básico del autor es abordar todas las formas en las que intentamos darle sentido y propósito a la vida sin tener en cuenta a Dios, para después dejar que el maestro las desarme. El autor cree que las personas pasan la mayor parte de su tiempo invirtiendo energía y emoción en cosas que en última instancia no tienen ningún significado o importancia duradera. Y así permite que el maestro nos dé una perspectiva de la realidad.

Eclesiastés 1:3-12:7: La vida sin Dios

Se puede ver esto más claramente en los poemas de apertura y cierre que se enfocan en el tiempo (Eclesiastés 1:3-11) y la muerte (Eclesiastés 11:7-12:7). El maestro dice que si todo tu enfoque está en trabajar y alcanzar metas para darle sentido a tu vida, debes detenerte y considerar el paso del tiempo. Aunque como humanos nos esforzamos mucho en todo lo que hacemos en el mundo, en realidad, nada cambia. Claro, desarrollamos tecnología y naciones enteras surgen y caen, pero escala una montaña y mira si a esta le importa. Esa cosa estaba allí mucho antes que cualquiera de nosotros, y permanecerá allí mucho después de que nos hayamos ido. De aquí a cien años, nadie se acordará de ti, de mí ni de nada que hayamos hecho, pero esa montaña seguirá ahí, el mar seguirá rompiendo sus olas en la playa y el sol seguirá saliendo y poniéndose. El tiempo eventualmente te borrará, a ti y a todo lo que nos importa.

Si eso no es lo suficientemente desalentador, el maestro tampoco puede dejar de hablar sobre la muerte a lo largo de todo el libro, especialmente en el poema que se encuentra cerca del final (Eclesiastés 11:7-12:7). La muerte es la gran niveladora. Hace que la mayoría de nuestras actividades diarias no tengan sentido. No importa quién seas o lo que hayas hecho, bueno o malo, todos eventualmente mueren. La muerte devora a los sabios y a los tontos, a los ricos y a los pobres. Es inevitable.

Con estas dos ideas en mente, el maestro considera todas las actividades y falsas esperanzas en las que invertimos nuestras vidas para encontrarle sentido: las riquezas, una carrera, el estatus social o el placer. Por muy importantes que puedan parecernos todas estas cosas, el tiempo y nuestra propia mortalidad reducen todas estas cosas a hevel. ¿Crees que trabajar duro en tu carrera hace que la vida valga la pena? Piensa en todo el estrés y el desgaste que te causa, la ansiedad, las noches sin dormir. Para cuando logres tus objetivos, probablemente ya serás demasiado viejo para disfrutar de los frutos de tu esfuerzo, y para entonces tendrás que cederlos a otras personas que tal vez ni siquiera se interesen por tus logros. ¿Qué pasa con el placer? ¿Crees que de eso se trata la vida? Adelante, vive para tus vacaciones y las fiestas de fin de semana. El lunes siempre llega.

Entonces, ¿qué propone el maestro? ¿Deberíamos convertirnos en hedonistas puros o en relativistas? No, porque eso también es hevel. El maestro reconoce las ideas centrales de Proverbios: vivir según la sabiduría y el temor de Dios tiene ventajas reales. En general, la vida probablemente te resulte mejor si vives de esa manera (Eclesiastés 7:11-12, 9:13-18). El problema es que vivir con sabiduría y temor de Dios también es hevel porque no garantizan una buena vida. La gente buena puede morir trágicamente, y es posible que la gente horrible siga viviendo y prospere. Como hay demasiadas excepciones, incluso la sabiduría es hevel. Una vez más, esto no significa que sea del todo carente de sentido, es un enigma, ya que no siempre funciona de la manera en que creemos que debería.

Entonces, ¿cuál es el camino a seguir en medio de todo este hevel? Paradójicamente, el maestro descubre que la clave para disfrutar verdaderamente de la vida es aceptar el hevel, reconocer que en la vida todo está totalmente fuera de tu control. En seis ocasiones diferentes, en los momentos más sombríos de su diálogo, el maestro habla repentinamente sobre el "regalo de Dios", que es el poder disfrutar de las cosas simples y buenas de la vida, como la amistad, la familia, una buena comida o un día soleado.

Tú y yo no podemos controlar las cosas más importantes de nuestras vidas. Nada está garantizado y, extrañamente, eso es lo bello. Cuando adopto una postura de confianza completa en Dios, me da la libertad de disfrutar la vida tal y como realmente la experimento y no como creo que debería ser. Al final, incluso mis expectativas sobre la vida, mis esperanzas y mis sueños son "hevel, hevel. Todo bajo el sol es hevel".

Eclesiastés 12:9-14: La sabia conclusión del autor

Las palabras del maestro llegan a su fin, y el autor vuelve a tomar las riendas del discurso llevando el libro a su fin. Él dice que es muy importante escuchar lo que el maestro va a decir. Él compara las palabras del maestro con el bastón de un pastor, que tiene un extremo puntiagudo que puede lastimar si te pincha. Pero en última instancia, ese dolor puede guiarte a un nivel mayor de sabiduría.

El autor nos advierte que no llevemos demasiado lejos las palabras del maestro. Puedes pasar tu vida entera inmersa en libros tratando de resolver los enigmas existenciales de la vida humana. No te agotes, dice él. Nunca llegarás a ese punto. En cambio, el autor ofrece su propia conclusión: "Debemos temer a Dios y guardar sus mandamientos; este es el deber de los humanos. Porque Dios juzgará todas las obras, todo lo oculto, lo bueno y lo malo" (Eclesiastés 12:13-14).

Es bueno dejar que el maestro desafíe nuestras falsas esperanzas y nos recuerde que el tiempo y la muerte hacen que la mayor parte de la vida esté totalmente fuera de nuestro control. Lo que le da verdadero sentido a la vida es la esperanza en el juicio de Dios, en que algún día él despejará todo el "hevel" y traerá la verdadera justicia a nuestro mundo. Esta esperanza debería inspirarnos a vivir una vida honesta e íntegra ante Dios, incluso cuando nos desconciertan los misterios de la vida. Curiosamente, es precisamente este enigma el que puede conducirnos a la verdadera paz.

Esa es la sorprendente sabiduría del libro de Eclesiastés.