Deuteronomio

Deuteronomio es el quinto libro de la Biblia y el último libro de la Torá. En los libros anteriores, los israelitas habían salido de Egipto y se habían quedado en el Monte Sinaí durante un año, allí, hacen un pacto con su Dios. A pesar de este increíble comienzo, los israelitas tuvieron dificultades en su travesía por el desierto y toda la generación del éxodo quedó descalificada para entrar en la tierra prometida. Deuteronomio comienza con Moisés delante de una nueva generación, explicando el significado de las leyes de la Torá (Deuteronomio 1:1-5). Esta escena inicial nos ayuda a entender el diseño y el propósito del libro. Es una serie de discursos de Moisés, solicitándole a la nueva generación de Israel a ser fiel al pacto con su Dios.
En el centro de Deuteronomio encontramos una colección de leyes, que presentan los términos del pacto entre Dios e Israel (Deuteronomio 12-26). Algunas son nuevas, pero muchas son repeticiones de las leyes dadas anteriormente en el Monte Sinaí. De hecho, aquí es por este motivo que el libro recibe el nombre "Deuteronomio", de la palabra griega deuteronomion, que significa "segunda ley". Rodeando las leyes de este libro hay dos marcos exteriores de los discursos de Moisés (Deuteronomio 1-11 y 27-34), cada uno dividido en dos partes (Deuteronomio 1-3; Deuteronomio 4-11 y Deuteronomio 27-30; Deuteronomio 31-34).
Deuteronomio 1-11: Moisés llama a Israel a ser fiel
Moisés resume la historia de la generación anterior, destacando su rebelión, en contraste con la constante gracia y provisión de Dios en el desierto (Deuteronomio 1-3). Y Dios, trajo su justicia sobre ellos, sí, pero no abandonó sus promesas del pacto.
A continuación, encontramos una serie de sermones apasionados en los que Moisés llama a la nueva generación a ser fiel al pacto (Deuteronomio 4-11). Les recuerda los Diez Mandamientos y luego pasa al centro de esta sección, donde hallamos una famosa línea llamada: El Shemá
"Escucha, oh Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor uno es. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza". Deuteronomio 6:4-5
Esta se convirtió en una oración diaria muy importante en el judaísmo que reúne todos los temas de este libro. La palabra "escuchar" (shemá en hebreo) significa mucho más que simplemente "oír". Su significado incluye responder a lo que oyes. En español diríamos "obedece". De manera similar, la palabra "amor" en hebreo también significa mucho más que solo una emoción o sentimiento. Se trata de un compromiso y devoción sinceros hacia Dios que incluyen nuestra voluntad y nuestras emociones, nuestras mentes y nuestros corazones.
Ahora bien, la obediencia y devoción de Israel al pacto sirven a un propósito mucho más grande. La obediencia a las leyes de Dios haría de Israel un pueblo único entre las naciones. Como Dios dijo en el Monte Sinaí, ellos se convertirán en "un reino de sacerdotes", y Moisés explica cómo. Israel tiene la oportunidad de mostrar al mundo la "sabiduría y la justicia de Dios" (Deuteronomio 4:5-8).

La otra idea clave del Shemá es que Israel estaba llamado a obedecer y a expresar su devoción "únicamente al Señor". En hebreo, dice literalmente que "el Señor uno es". En contexto, el punto es que el Señor es el único Dios a quien Israel debe adorar y obedecer, y por ende, no debían representarlo con ninguna imagen física.
Israel está a punto de entrar a la tierra de Canaán, donde las personas adoraban a ídolos que representaban varios aspectos de la creación, como el sol, el clima, el sexo y la guerra. En la percepción de Moisés, la adoración de estos dioses degrada a las personas y destruye las comunidades, pero obedecer al Dios de Israel, el Dios creador misericordioso que los redimió de la esclavitud, los guiará a la vida y a la bendición.
Deuteronomio 12-26: Leyes sobre la adoración, el liderazgo y la vida civil
Después de los apasionados discursos de Moisés, nos encontramos con la gran colección de leyes del centro del libro de Deuteronomio, organizadas principalmente por temas. La sección inicial es sobre la adoración de Israel a su Dios (Deuteronomio 12-16a). Israel debía tener un templo central donde adorar al único Dios verdadero. Dios también debía ser adorado a través del cuidado que Israel brindaba a sus pobres. Por ejemplo, todos los israelitas debían apartar un décimo de sus ingresos para el templo y otro décimo cada tres años, para dárselo a los pobres. Muchas de estas leyes situaron a Israel a la vanguardia de la justicia en comparación con sus antiguos vecinos, lo que formaba parte de su adoración a Dios.
La siguiente sección describe las cualidades de carácter de los líderes de Israel (Deuteronomio 16b-18). Los ancianos, los sacerdotes y los reyes estaban bajo la autoridad de las leyes del pacto. Dios haría cumplir dichas leyes enviando profetas para exigirles responsabilidades. De manera que en contraste con los vecinos de Israel, que consideraban a sus reyes como seres divinos y como la ley misma, los líderes de Israel estaban subordinados a la ley y a los profetas.
A continuación, encontramos las leyes sobre la vida civil de Israel (Deuteronomio 19-26). Cubren temas relacionados con el matrimonio y la familia, los negocios, el sistema legal, y la justicia comunitaria. Específicamente, se resaltan las difíciles circunstancias de las viudas, los huérfanos y los inmigrantes. Israel debía extremar las precauciones y asegurarse de que estas personas recibieran apoyo en sus ciudades. Finalmente, esta sección concluye con más leyes sobre la adoración de Israel.
Aquí tienes algunos consejos que te serán útiles a la hora de leer todas estas leyes. Recuerda que estos son los términos del pacto entre Dios y el antiguo pueblo de Israel, una cultura muy diferente a la nuestra. En otras palabras, no será útil compararlos con leyes modernas. Estas leyes son de un tiempo y cultura diferentes. Estas leyes fueron dadas para distinguir a Israel de sus vecinos. Al comparar las leyes bíblicas con las de los vecinos de Israel, como Babilonia y Asiria, las normas que en un principio pueden parecer extrañas o duras se vuelven mucho más claras. Puedes darte cuenta que Dios está empujando a Israel a un nivel de justicia más alto que el que se conociera hasta la fecha. Por último, trata de discernir los principios centrales de sabiduría o justicia, que subyacen cualquier ley en particular, y descubrirás algunas cosas realmente profundas. (Aquí tienes algo de crédito adicional: mira cómo Pablo hace lo mismo en 1 Corintios 9:9 al citar una ley en Deuteronomio 25:4).
Deuteronomio 27-34: Las bendiciones y maldiciones del pacto
Después de pasar por las leyes, Moisés emite un reto final para Israel: debe escuchar y amar a su Dios (Deuteronomio 27-30). Él pronuncia una advertencia y un ultimátum. Si Israel escucha y obedece a su Dios, las cosas irán bien y las bendiciones divinas abundarán. Si no escuchan y en cambio se rebelan, sufrirán hambre, peste, devastación y, finalmente, el exilio de la tierra.
Luego Moisés los obliga a tomar una decisión: "... He puesto ante ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición ... Escoge, pues, la vida para que vivas, tú y tu descendencia, amando al Señor tu Dios, escuchando Su voz y allegándote a Él" (Deuteronomio 30:15-20).
Ahora bien, Moisés de alguna manera no ha olvidado los últimos cuarenta años con este pueblo. No es optimista sobre el futuro de Israel, así que sigue diciendo: "Sé que después de mi muerte, se rebelarán, se alejarán de Dios y terminarán siendo exiliados". Está claro que no tiene grandes esperanzas, al menos en lo que respecta a la capacidad del pueblo de obedecer.
Sin embargo, no todo está perdido, ya que Moisés también afirma que, aunque Israel se encuentre en el exilio, siempre puede volver a su Dios. Y en respuesta, Dios, en palabras de Moisés, "circuncidará tu corazón y el de tus descendientes, para que lo ames con todo el corazón y con toda el alma, y para que tengas vida" (Deuteronomio 30:6). Esta vívida metáfora indica que algo está fundamentalmente mal en el corazón de Israel; que es terco y duro, al igual que toda la humanidad. Remontándose a la rebelión en el jardín del Edén, Israel también ha arrebatado la autonomía para definir el bien y el mal por sí mismo. Al igual que toda la humanidad, se han arruinado a sí mismos y al buen mundo de Dios, pero ese no es el fin de la historia. Moisés afirma que sabe que Dios un día hará algo para transformar los corazones de su pueblo, para que puedan escuchar y amar a Dios con todo el corazón y descubrir la verdadera vida. Esta es la promesa del nuevo corazón, más tarde retomada por los profetas bíblicos (Jeremías 31 y Ezequiel 36).

Moisés termina su discurso con poemas de advertencia (Deuteronomio 32) and bendición (Deuteronomio 33). Y después de expresar su opinión, Moisés sube a una montaña y muere.
Sorprendentemente, aquí es donde termina la Torá. La historia de Moisés ha terminado, pero la historia bíblica apenas comienza. Las tensiones principales de la trama, tal y como están descritas en la Torá, se quedan sin resolver.
- ¿Cuándo vendrá el descendiente de la mujer y derrotará al mal (Génesis 3)?
- ¿Cómo va Dios a rescatar su mundo y restaurar la bendición a todas las naciones a través de la familia de Abraham (Génesis 12)?
- ¿Cómo se puede reconciliar la santidad de Dios con un pueblo continuamente rebelde (Éxodo–Números)?
- ¿Cómo hará Dios para transformar los corazones de su pueblo (Deuteronomio)?
La Torá aborda todos estos problemas, y para encontrar su resolución, tienes que seguir leyendo.
Preguntas más frecuentes
Estas son algunas de las preguntas más comunes que la gente nos hace en línea sobre este libro.
Deuteronomio proviene del griego deuteronomion, que significa "segunda ley". Este título probablemente proviene de la traducción griega antigua de Deuteronomio 17:18, que dice que cuando Israel tuviera un rey, el rey debía "escribir para sí mismo esta segunda ley [deuteronomio] en un libro". El texto hebreo deja claro que el versículo no habla de escribir una ley diferente o nueva, sino de hacer una copia de la ley o "instrucción" de Dios (en hebreo torá) para que el rey pueda meditar en ella y obedecerla (véase Deuteronomio 17:19-20).
El título Deuteronomio es apropiado para todo el libro de las Escrituras, ya que se centra en Moisés contando la historia de Israel y reafirmando muchas de las leyes que se encuentran en Éxodo y Números. El objetivo del libro es garantizar que la segunda generación de israelitas, que no estaban en el Monte Sinaí cuando Dios entregó originalmente la Torá, comprendan la importancia crucial de seguir las enseñanzas de Dios para encontrar la vida (Deuteronomio 30:11-20).
Deuteronomio también reformula la Torá para abordar la nueva situación de vida de los israelitas en la tierra prometida. Por ejemplo, ya que el pueblo no viajará todo junto por el desierto en un solo campamento establecido alrededor del tabernáculo, el libro habla de un lugar central en la tierra donde los israelitas debían adorar a Dios (Deuterenomio 12) que más tarde se identifica como el templo de Jerusalén.
Deuteronomio contiene los últimos sermones que Moisés dio a los israelitas a antes de separarse de él y entrar en la tierra prometida bajo el liderazgo de Josué. Entonces, básicamente, el libro de Deuteronomio representa las últimas palabras de Moisés a Israel antes de morir.
Pero también podemos entender el libro de Deuteronomio como la representación de un antiguo tratado, o pacto entre un "soberano" (un gran rey) y un "vasallo" (un rey o nación de menor rango). Cada parte de un antiguo tratado entre soberano y vasallo se puede encontrar en el libro de Deuteronomio.
- Una introducción identifica a las partes del tratado. En este caso, Deuteronomio 1:1-5 explica que Moisés comunica las palabras de Yahweh a los israelitas.
- Un prólogo histórico explica la historia de la relación entre el soberano y el vasallo. Aquí, Deuteronomio 1:6-4:49 relata cómo Dios habló a los israelitas en el Monte Horeb (también llamado Sinaí) y los guió a través del desierto hasta el borde de la tierra prometida, al mismo tiempo que recuerda cómo los sacó de la esclavitud en Egipto.
- Las estipulaciones describen lo que el vasallo debía hacer para cumplir el tratado. Así que Deuteronomio 5-26 da instrucciones de Dios, o Torá, que los israelitas deben seguir para cumplir su parte del pacto con Dios.
- Una cláusula del documento explica cómo se almacenarán los documentos del tratado, generalmente en los templos tanto del soberano como del vasallo, y cuándo se leerán. Deuteronomio 27:1-4 exige escribir las palabras de la Torá de Dios en piedras grandes, y Deuteronomio 31:9-13 especifica que la Torá debe leerse cada siete años.
- Luego, los dioses del soberano y del vasallo son llamados a actuar como testigos para asegurarse de que se cumpla el tratado. Pero como Yahweh es el único Dios verdadero, Deuteronomio cita como testigos al Cielo y a la Tierra (Deuteronomio 30:19) y al Cántico de Moisés (Deuteronomio 31:19-22).
- Por último, un tratado enumera las bendiciones que recibirá el vasallo si cumple con las estipulaciones, y las maldiciones si no lo hace. Así que Deuteronomio 28 describe las bendiciones y maldiciones que experimentarán los israelitas, dependiendo de si cumplen los términos de su pacto con Dios.
Deuteronomio usa una forma literaria que era familiar para los antiguos israelitas, el tratado entre soberano y vasallo, para reafirmar la relación de pacto que Dios hizo con los israelitas en el Monte Sinaí (Éxodo 19-24).
En el libro de Deuteronomio, Moisés es el principal orador, pero también cita directamente las palabras de Dios. Por ejemplo, en Deuteronomio 5:6-21, Moisés cuenta cómo Dios les dio a los israelitas los Diez Mandamientos, comenzando con: “Yo soy Yahweh tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre" (Deuteronomio 5:6, traducción de Proyecto Biblia). Moisés habla en nombre de Dios porque Dios lo eligió para ser su mediador ante el pueblo.
En otros momentos del libro de Deuteronomio, Moisés relata las palabras y quejas del pueblo, como cuando reflexiona sobre su resistencia a entrar en la tierra prometida (Deuteronomio 1:27-28). Al citar estas palabras de la generación anterior, Moisés alienta a la nueva generación a responder de manera diferente a la de sus padres, confiando en Dios sin temor.
Al final del libro, escuchamos las palabras de Dios a Moisés, dándole instrucciones finales sobre el encargo dado a Josué (Deuteronomio 31:14). También le dice a Moisés que deje a los israelitas con una canción, generalmente llamada el Cántico de Moisés (véase Deuteronomio 32), que servirá de testimonio cuando se desvíen y los llame a regresar a Dios (Deuteronomio 31:16-21).
En Deuteronomio, Moisés se dirige a la segunda generación de israelitas después del éxodo, es decir, a los hijos de aquellos que originalmente fueron liberados de la esclavitud en Egipto. Esta nueva generación no fue testigo ocular personalmente de las plagas de Egipto ni de la separación de las aguas del mar Rojo por parte de Dios (Éxodo 7-15). Tampoco estaban en el Monte Sinaí cuando Dios se apareció en fuego y humo, haciendo un pacto con sus padres (Éxodo 19-24).
Así que, aunque habían visto como Dios proveyó en el desierto (Deuteronomio 8:3; véase también Josué 5:12) y los protegió de los ejércitos atacantes (Números 21:21-35), no tenían experiencia directa con los eventos fundamentales que los formaron como pueblo de Dios. En cambio, dependían de los testimonios y las historias que sus padres les habían transmitido.
Curiosamente, Moisés se dirige a esta segunda generación como si estuvieran en el lugar de sus padres. Incluso dice, con exageración, "Yahweh no hizo este pacto con nuestros padres, sino con nosotros, con todos aquellos que estamos vivos aquí hoy" (Deuteronomio 5:3, traducción de Proyecto Biblia). Moisés enfatiza que el pacto de Dios no es solo un acuerdo histórico con la generación pasada, sino un compromiso vivo con cada generación de su pueblo.
Las leyes de Deuteronomio no se aplican directamente a los lectores modernos de la misma manera que a los antiguos israelitas. Pero entendidas en su contexto histórico, pueden enseñarnos sobre la sabiduría y los valores de Dios.
Por ejemplo, Deuteronomio 22:8 exige que los israelitas construyan muros protectores alrededor de los techos de sus casas para evitar que las personas se lastimen al caer. Si bien esta ley revela la preocupación de Dios por proteger la vida humana, seguirla literalmente hoy en día sería extraño (aun si fuera posible), porque muchos propietarios de viviendas tienen techos inclinados, y muy pocos organizan grandes reuniones en sus azoteas. Dicho esto, podemos seguir el objetivo de la ley actuando de manera que protejamos la vida humana y asegurándonos de que nuestros hogares sean espacios seguros para recibir a los demás.
Algunas de las leyes de Deuteronomio pueden parecer extrañas o incluso duras para los oídos modernos. Pero cuando las comparamos con las leyes y cultura del antiguo Cercano Oriente, vemos cómo fueron diseñadas para llamar a los israelitas a estándares más altos de justicia y compasión que sus vecinos. Estas leyes no representan los ideales supremos de Dios para la humanidad (véase Mateo 19:3-12 en Deuteronomio 24:1-4). En cambio, invitan a la gente a avanzar gradualmente hacia los caminos de paz y amor de Dios.
Además, una preocupación clave que hallamos en Deuteronomio es el cuidado de los vulnerables. Deuteronomio 10:18-19 llama a los israelitas a amar al extranjero, tal como lo hace Dios, recordando que en otro tiempo ellos fueron extranjeros en Egipto. Y Deuteronomio 24:19-22 les instruye a dejar parte de su cosecha para los extranjeros, las viudas y los huérfanos. El Nuevo Testamento retoma esta preocupación al declarar que las personas expresan "adoración pura" cuando "cuidan de los huérfanos y viudas en su angustia" (Santiago 1:27, traducción de Proyecto Biblia). Así que las ideas de Deuteronomio sobre la justicia y la compasión de Dios continúan guiando a los seguidores de Jesús hoy en día.
Mientras los israelitas se preparan para entrar en la tierra prometida, el consejo clave que Moisés les ofrece es amar a Yahweh, su Dios, y andar en sus caminos (Deuteronomio 6:4-9, Deuteronomio 10:12-13, Deuteronomio 11:1). También les advierte que no se alejen de Yahweh ni sirvan a otros dioses, ya que esto condujo a todo tipo de problemas a la generación anterior (Deuteronomio 4:15-24; véase Éxodo. 17:1-7; Números 25:1-18).
Dios llamó a los israelitas a ser santos, es decir, a distinguirse de las naciones circundantes. Son su "posesión atesorada" y mediarán su presencia ante el resto del mundo como un "reino de sacerdotes" (Éxodo 19:3-6; Deuteronomio 7:6). Él los instruye a reflejar su justicia al cuidar de los vulnerables, especialmente el extranjero, el huérfano y la viuda (Deuteronomio 24:17-21, Deuteronomio 26:12-13). A medida que siguen su enseñanza, encarnan su sabiduría ante el mundo que observa y traen bendiciones a las naciones (Deuteronomio 4:5-8; véase Génesis 12:3).
Cerca del final de Deuteronomio, Moisés resume todos sus consejos y advertencia al ofrecer a los israelitas una elección entre la vida y la muerte (Deuteronomio 30:15-20), lo cual refleja la elección de Adán y Eva en el jardín del Edén (Génesis 2-3). Hacer lo que les parezca correcto según su propia opinión los llevará a la destrucción, pero seguir la sabiduría de Dios los llevará a la vida y bendición en la tierra prometida.
En Deuteronomio 4:21-22, Moisés explica que morirá fuera de la tierra prometida porque el pueblo provocó la ira de Dios contra él. Números 20:2-13 registra la historia más completa.
Al estar sin agua en el desierto, los israelitas se quejaron de Moisés, preguntándose por qué fueron sacados de Egipto a un lugar tan terrible. Así que Dios le dice a Moisés que le hable a una roca, prometiéndole que saldrá agua. Pero en lugar de eso, Moisés golpea la roca con su bastón, (¡dos veces!) y se jacta de que él y Aarón harían brotar agua de ella.
Dios explica que las acciones de Moisés y Aarón no demuestran reverencia hacia él ante los israelitas y, en consecuencia, ninguno de ellos entrará en la tierra prometida. Así que en Deuteronomio 34, Moisés asciende a la cima del monte Nebo, cruzando el río Jordán desde la tierra prometida y muere en la cima de la montaña.
La palabra de Dios le da vida a la humanidad, e ignorarla lleva al exilio y a la muerte. La desobediencia de Moisés es parte de un patrón que comienza en el jardín del Edén en Génesis 1-3. Cuando Adán y Eva desobedecen el mandato de Dios al comer del árbol del conocimiento del bien y del mal, son exiliados del jardín. De igual manera, cuando Moisés no sigue las instrucciones de Dios, se queda sin entrar en la tierra prometida: el nuevo Edén de Israel.
En Deuteronomio, Moisés vuelve a contar historias anteriores de una manera que destaca lo significativas que eran para el pueblo de Israel en ese momento, particularmente mientras se preparan para cruzar el río Jordán y entrar en la tierra prometida.
Por ejemplo, Números 21:33-35 narra brevemente cómo Israel derrota a Og, rey de Basán. Pero en Deuteronomio 3:1-11, tenemos un relato ampliado, ¡incluido el detalle de que la cama de Og tiene nueve codos (más de 4 metros) de largo! ¿Por qué Deuteronomio agrega tales detalles en esta versión actualizada de la historia?
En Números 13-14, la historia nos dice que la generación anterior de Israel tenía miedo de entrar en la tierra prometida porque habían visto y escuchado acerca de sus gigantes (véase Números 13:32-33). Así que Moisés incluye detalles sobre la batalla de Og que el libro de Números omitió, para recordarle al pueblo que ya habían ganado una batalla contra un rey gigante. Así como Dios les había dado la victoria sobre Og, también les daría la victoria nuevamente. Moisés vuelve a contar la historia para mostrar que Dios les dará la victoria sobre los fuertes enemigos que enfrentarán cuando entren en la tierra de Canaán.

