Colosenses
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Pablo escribe esta carta durante uno de sus muchos encarcelamientos por anunciar que Jesús es el Rey. A diferencia de sus otras cartas, Pablo escribe esta a un grupo de personas que no conocía, y a una comunidad que él no fundó. Epafras, un colaborador de Pablo nacido en Colosas, fue quien fundó la iglesia en esa ciudad (Colosenses 1:7-8; 4:12-13). Epafras había visitado a Pablo en la cárcel y lo había puesto al tanto de lo bien que les iba a los colosenses. Sin embargo, Epafras también mencionó las presiones culturales que los estaban tentando a alejarse de Jesús. Pablo escribe esta carta para animar a los colosenses, responder a las dudas que Epafras mencionó y desafiarlos a que se entreguen con más devoción a Jesús.
El diseño y el flujo de pensamiento de la carta son bastante fáciles de seguir. La primera parte se enfoca en Jesús como el Mesías exaltado, y después Pablo describe su propio sufrimiento en la cárcel por causa del Mesías. Luego, Pablo aborda las presiones que los estaban tentando a alejarse de Jesús. En los capítulos 3 y 4, Pablo explora la nueva forma de vida que la resurrección de Jesús les dio.
Colosenses 1:1-23: Jesús como Rey sobre toda la creación
La carta comienza con dos oraciones. Primero, Pablo agradece a Dios por lo que supo a través de Epafras: los colosenses eran totalmente fieles a Jesús y demostraban amor por Dios y por sus vecinos. Luego, ora para que ellos crezcan en sabiduría y entendimiento de Jesús. Pablo incluye un poema para ayudar a los colosenses y a nosotros, a lograr exactamente eso (Colosenses 1:15-20). Este poema es el tema central del capítulo 1 y se trata por completo en el Mesías crucificado y exaltado.
Contiene dos estrofas paralelas llenas de lenguaje e imágenes de los libros de Génesis, Éxodo, Salmos y Proverbios. La primera estrofa explora cómo Jesús es la verdadera imagen de Dios. En él, se encarnan plenamente el carácter y el propósito de Dios en un ser humano. Jesús es el primogénito sobre toda la creación; esta frase del Antiguo Testamento describe su estatus como alguien perteneciente a la realeza. En esto, él comparte la identidad misma del único y verdadero Dios Creador. Por medio de él, Dios creó toda la realidad y todos los poderes y autoridades, tanto espirituales como humanos.
En Jesús el Mesías descubrimos al autor y Rey de la creación, y también al que hará realidad la nueva creación. Él es la cabeza de un nuevo cuerpo, que se refiere al pueblo de Jesús. Ellos son la nueva humanidad y la resurrección de Jesús es el prototipo de esa nueva existencia. La gloriosa presencia del templo de Dios vive en Jesús. Dios se reconcilió con la humanidad, con los poderes espirituales y con toda la creación a través de la muerte y resurrección de Jesús. Es un poema asombroso, y Pablo hace referencia a él una y otra vez a lo largo de su carta.
Colosenses 1:24-2:5: El sufrimiento de Pablo
Pablo muestra cómo la verdad de este poema transforma su propia experiencia de sufrimiento en la prisión (Colosenses 1:24-2:5). Aunque está siendo castigado por anunciar a Jesús como el Señor y Rey resucitado ante el mundo griego y romano, su sufrimiento no es una derrota. En realidad, es la forma en que Pablo está participando del propio sufrimiento de Jesús, el cual también nace como un acto de amor. Las dificultades de Pablo son un motivo de alegría, ya que está preso por difundir la sorprendente noticia sobre el Mesías resucitado de Israel. Así como la gloria divina mora en Jesús, Jesús mora en y entre su familia internacional. En palabras de Pablo: "... el Mesías en ustedes, esperanza de gloria" (Colosenses 1:27).
Colosenses 2:6-23: Las presiones culturales
Luego, Pablo aborda las presiones culturales que estaban tentando a los colosenses a alejarse de Jesús (Colosenses 2:6-23). Estaban siendo confrontados por una mezcla de politeísmo místico y presión por cumplir las leyes de la Torá. Todos estos nuevos cristianos habían crecido adorando a diversos dioses griegos y romanos que gobernaban diferentes áreas de la vida cotidiana. Y algunos de los cristianos colosenses consideraban a Jesús como una deidad más a la que podían adorar junto a las demás. Un grupo cultural diferente formado por cristianos judíos los estaban presionando para que "completaran" su compromiso con el Mesías siguiendo todas las leyes de la Torá. Pablo menciona específicamente las presiones por llevar una dieta kosher, celebrar días sagrados y la circuncisión (Gálatas).

Para Pablo, caer en estas tentaciones era una transigencia inaceptable y un fracaso a la hora de comprender quién era Jesús y lo que había hecho por ellos. Los colosenses vivían con miedo a los poderes espirituales y a los "espíritus elementales", como los llama Pablo (Colosenses 2:8; Colosenses 2:20). Pero Jesús venció a estos poderes con su muerte y resurrección, liberando a los colosenses de cualquier obligación anterior para con ellos. De la misma manera, Jesús cumplió todas las leyes de la Torá, las cuales nunca tuvieron el poder de transformar el corazón egoísta de la humanidad. Lo que hizo Jesús a través de su vida, muerte y resurrección no carece de nada y no necesita ser complementado con el cumplimiento de las leyes antiguas. Después de todo, Jesús es la realidad a la que apuntaba la Torá desde el principio.
Colosenses 3-4: Ejemplos del amor abnegado de Jesús
En lugar de tratar de vivir según las leyes de la Torá, los cristianos tienen el poder de la resurrección de Jesús que cambia sus corazones, sus mentes y su forma de vida. Seguir a Jesús significa unirse a la nueva humanidad y unir sus vidas a Jesús resucitado. Por eso, Pablo desafía a los colosenses a, buscar "las cosas de arriba, donde está el Mesías sentado a la diestra de Dios" (Colosenses 3:1). Pablo no quiere que ellos estén pensando en dejar la Tierra para ir al Cielo. Más bien, los cielos son el lugar trascendente desde el que Jesús gobierna la creación. Desde allí, un día regresará a la Tierra para transformar todas las cosas. O bien, como dice Pablo: "Cuando el Mesías, nuestra vida, sea manifestado, entonces ustedes también serán manifestados con él en gloria" (Colosenses 3:4).
Pablo los desafía a vivir el presente como esa nueva clase de seres humanos que un día llegarán a ser. Pablo describe la antigua humanidad de los colosenses, que se caracterizaba por una sexualidad distorsionada y una forma de hablar destructiva. Para los cristianos, esa antigua humanidad murió junto con Jesús y está siendo reemplazada por una nueva humanidad, caracterizada por la misericordia, la generosidad, el perdón y el amor. Esta nueva humanidad trasciende las fronteras étnicas y sociales del mundo para crear, en las palabras de Pablo, un pueblo en el que "no hay distinción entre griego y judío, circunciso e incircunciso, esclavo o libre. Pero el Mesías lo es todo, en todas las personas" (Colosenses 3:11).
A continuación, Pablo ofrece un ejemplo práctico de este concepto, demostrándole a los colosenses, cómo vive esta nueva humanidad en una familia romana del siglo I. El hogar romano era una institución sumamente autoritaria, donde el patriarca tenía el poder de vida y muerte sobre su esposa, hijos y esclavos. Esto no funciona así en un hogar cristiano porque el Jesús resucitado es el verdadero Señor; allí, la esposa permite que su esposo cuide de ella, y el esposo se somete a Jesús al amar a su esposa y poner el bienestar de ella por encima del suyo.
En un hogar donde Jesús es el Señor, los hijos no son objetos; al contrario, ellos reciben el llamado a la madurez y al respeto. Los padres educan a sus hijos con paciencia y comprensión. Y los cristianos esclavos también honran a sus amos humanos precisamente porque ellos no son el verdadero amo—¡Jesús lo es! Los cristianos que tienen esclavos deben comprender que esas personas no son de su propiedad, sino miembros de la misma familia y del cuerpo de Jesús. Deben ser honrados y recibidos con amor.

Pablo camina por una línea muy delgada en este punto. Él toma la institución romana más básica y la redefine alrededor de Jesús, quien gobierna con amor abnegado. Aunque no abolió la estructura familiar por completo, el Mesías exaltado exigió que se transformara hasta quedar prácticamente irreconocible para cualquier romano que viviera en Colosas.
Puedes ver esto con mayor claridad en la conclusión de la carta (Colosenses 4:2-18). Después de una solicitud de oración, Pablo aplica estas instrucciones sobre los esclavos cristianos y los amos a la iglesia de Colosas. Descubrimos que Tíquico es el que lleva y lee esta carta a los colosenses y que está acompañado por Onésimo, un hombre que antes fue esclavo de un cristiano de Colosenses llamado Filemón. Además, en otra carta de Pablo dirigida a Filemón descubrimos que Onésimo había escapado de su amo, un delito que era digno de encarcelamiento. Ante toda esta tensión en sus relaciones, Pablo pide a la iglesia que reciba a Onésimo "como a un fiel y amado hermano en el Señor" (Colosenses 4:9). En la carta a Filemón, Pablo clarifica aún más. Él dice que Onésimo debe ser recibido "ya no como esclavo, sino como hermano" (Filemón v. 16).
En esta carta, Pablo nos invita a ver que ninguna parte de la existencia humana escapa al gobierno amoroso y liberador de Jesús resucitado. Nuestro sufrimiento, la tentación de transigir, el carácter moral y las dinámicas de poder dentro de nuestros hogares deben ser reexaminados y transformados. Estamos invitados a vivir en el presente, como si la nueva creación realmente ya llegó cuando Jesús resucitó de entre los muertos.

