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Apocalipsis

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Apocalipsis 1-11
11:49
Resúmenes del Nuevo Testamento
Apocalipsis 1-11

En el párrafo inicial, el autor se identifica como Juan, lo que podría referirse al autor del Evangelio y las cartas de Juan, o bien podría ser otro líder de la Iglesia primitiva. Sea quien sea ese Juan, deja en claro en la introducción de este libro que esta es una "revelación". La palabra griega utilizada aquí es apokalypsis, que se refiere a un tipo de literatura que se encuentra en las Escrituras hebreas y en otros textos judíos populares. Los apocalipsis judíos relataban las visiones simbólicas de un profeta que revelaban la perspectiva celestial de Dios sobre la historia para que el presente pudiera ser visto a la luz del resultado final de la historia. Estos textos utilizan imágenes simbólicas y los números no para confundir, sino para comunicar. Casi todas las imágenes provienen del Antiguo Testamento, por lo cual Juan espera que sus lectores interpreten consultando los textos a los que él alude.

Apocalipsis 1-3: Las palabras de Jesús a las siete iglesias de Asia Menor

Juan dice que este apocalipsis es una profecía. Una profecía es una palabra de Dios pronunciada a través de un profeta para consolar o desafiar al pueblo de Dios. Esta profecía apocalíptica fue enviada a personas reales que Juan conocía. El libro comienza y termina con una carta circular, que fue enviada a siete iglesias de la antigua provincia romana de Asia. El hecho de que "La Revelación" sea una carta significa que Juan se dirigió específicamente a estas iglesias del primer siglo. Aunque este libro tiene mucho que decir a los cristianos de las generaciones posteriores, su significado debe estar anclado primero en el contexto histórico de la época y el lugar de Juan.

Juan dice que fue exiliado en la isla de Patmos, donde tuvo una visión de Jesús resucitado de pie entre siete luces ardientes. La imagen, adaptada de Zacarías 4, es un símbolo de las siete iglesias locales en Asia Menor. Jesús abordó los problemas específicos que enfrentaba cada iglesia. Algunas eran apáticas debido a la riqueza y la afluencia, mientras que otras tenían una conducta moralmente cuestionable. Pero había otros que permanecieron fieles a Jesús y sufrieron acoso y persecución. Jesús les advierte que se avecinaba una "tribulación" que obligaría a las iglesias a tener que elegir entre apartarse o permanecer fieles a Dios.

En la época de Juan, el asesinato de cristianos por el emperador Nerón ya era parte del pasado, y la persecución del emperador Domiciano probablemente estaba en marcha. Jesús llama a las iglesias a la fidelidad, a través de la cual "vencerán" y recibirán una recompensa en el matrimonio final del Cielo y la Tierra. La sección de apertura establece la tensión principal de la trama a lo largo del libro. ¿Conquistará el pueblo de Jesús y heredará el nuevo mundo que Dios tiene preparado? ¿Y por qué la fidelidad a Jesús se describe como "vencedora"?

Apocalipsis 4-5: Visión de la sala del trono celestial y el primer juicio

La siguiente visión de Juan es la del trono celestial de Dios, descrita con imágenes de muchos libros proféticos del Antiguo Testamento. Alrededor de Dios están los seres vivientes y los ancianos, que representan a toda la creación y las naciones humanas, que están dando honor y son leales al único y verdadero Dios. En la mano de Dios hay un rollo con siete sellos de cera, que simbolizan los rollos de los profetas del Antiguo Testamento y las visiones de Daniel. Su mensaje consistía en cómo el Reino de Dios vendría a la Tierra como ya está en el Cielo.

Sin embargo, nadie está calificado para abrir el rollo hasta que Juan finalmente oye hablar de aquel que sí puede. Es "el León de la tribu de Judá" y la "Raíz de David" (Génesis 49:9; Isaías 11:1). Estas son las descripciones clásicas del Antiguo Testamento sobre el Rey mesiánico que traería el Reino de Dios a través de una conquista militar. Eso es lo que Juan oye, pero lo que ve no es un león rey, sino un cordero sacrificado y ensangrentado que está vivo y listo para abrir el rollo.

Este símbolo de Jesús como el Cordero sacrificado es crucialmente importante para comprender el libro. Juan dice que la promesa de Dios del Antiguo Testamento sobre el futuro Reino de Dios inició a través del Mesías crucificado. Jesús muere por sus enemigos como el verdadero cordero Pascual para que las personas puedan ser redimidas. Su muerte en la cruz fue su entronización y su "victoria" sobre el mal. La visión concluye con el Cordero junto al que está en el trono, y juntos reciben adoración como el único y verdadero Creador y Redentor. El cordero inmolado comienza entonces a abrir el pergamino, un símbolo de su autoridad divina para guiar la historia hacia su conclusión.

Esto nos lleva a la siguiente sección del libro con tres ciclos de siete: siete sellos, siete trompetas y siete copas. Cada ciclo describe el Reino de Dios y la justicia en la Tierra y en el Cielo. Algunas personas piensan que estos tres conjuntos de siete juicios divinos representan una secuencia literal y lineal de eventos que sucedieron en el pasado o presente, o que sucederán cuando Jesús regrese. Sin embargo, observa que Juan los entreteje. Las siete copas salen de la séptima trompeta y del séptimo sello, y las siete trompetas surgen del séptimo sello. Son como muñecas rusas y cada siete contiene los siguientes siete. Y cada serie culmina en el juicio final, todo con conclusiones coincidentes. Debido a esto, es más probable que Juan esté usando cada conjunto de siete para representar tres perspectivas distintas del mismo período de tiempo después de la resurrección de Jesús.

Apocalipsis 6-8a: Visión de los siervos del Señor martirizados

Mientras el cordero abre los primeros cuatro sellos del rollo, Juan ve cuatro jinetes simbólicos (una imagen de Zacarías 1) que simbolizan los tiempos de guerra, conquista, hambre y muerte. El quinto sello representa a los mártires cristianos asesinados que se encuentran ante el trono celestial de Dios. El grito de su sangre inocente sube ante Dios y son llamados a descansar porque, tristemente, más cristianos van a morir. El sexto sello es la respuesta definitiva de Dios a su clamor. Él trae el gran Día del Señor descrito en Isaías 2 y Joel 2. El pueblo de la Tierra clama: "¿Quién podrá permanecer en pie?".

En este punto, Juan hace una pausa en la acción para responder a esa pregunta. Él ve a un ángel con un anillo de sellar que viene a poner una marca de protección sobre los siervos de Dios que soportan toda esta dificultad. Luego escucha el número de los que están sellados: 144.000. Es un censo militar de doce mil de cada una de las doce tribus de Israel (Números 1). Ahora bien, el número de este ejército es lo que Juan escuchó, al igual que él escuchó sobre el león conquistador de Judá. En ambos casos, él vio el sorprendente cumplimiento a través de Jesús, el cordero inmolado. Juan ve el ejército mesiánico del Reino de Dios. Está formado por personas de todo el mundo, cumpliendo la antigua promesa de Dios a Abraham. Este ejército multiétnico del cordero puede estar ante Dios porque todos han sido redimidos por su sangre. Se les convoca a vencer, no matando a sus enemigos, sino sufriendo y dando testimonio como el cordero. Con esto, el séptimo y último sello está roto. Pero antes de que el rollo se abra, surgen las siete trompetas de advertencia, y solo entonces llega el Día del Señor para traer justicia final de una vez por todas

Apocalipsis 8b-11: Las visiones del juicio, el templo y los dos testigos

Cuando llegamos a las siete trompetas, Juan retrocede y vuelve a contar la historia, esta vez con imágenes de la historia del éxodo. Los primeros cinco toques de trompeta repiten las plagas enviadas a Egipto, mientras que la sexta trompeta libera a los cuatro jinetes de los primeros cuatro sellos. Juan nos dice que, a pesar de estas plagas, "las naciones no se arrepintieron", al igual que el faraón. El juicio de Dios no lleva a las personas a humillarse ante él.

Juan hace una pausa en la acción de nuevo. Un ángel le entrega a Juan el rollo sin sello que el cordero abrió. Ahora se le dice a Juan que coma el rollo y proclame su mensaje a las naciones. Po último, el rollo del cordero se abre y descubrimos cómo llega el Reino de Dios.

El contenido del rollo está descrito en dos visiones simbólicas. En primer lugar, Juan ve el templo de Dios y los mártires dentro de él, él recibe la orden de medir y apartar (es una imagen de protección sacada de Zacarías 2:1-5). Sin embargo, los atrios exteriores y la ciudad son excluidos y pisoteados por las naciones. Algunos piensan que esto se refiere literalmente a una destrucción de Jerusalén en el pasado o en el futuro. Pero es más probable que Juan esté usando el nuevo templo como un símbolo del pueblo del nuevo pacto de Dios, tal como lo hacen los otros apóstoles (1 Corintios 3:16; Hebreos 3:6; 1 Pedro 2:4-5). La visión muestra que aunque los seguidores de Jesús sufran persecución, esta derrota externa no puede cancelar su victoria a través del cordero.

Esta idea se desarrolla en la segunda visión del rollo. Dios designa a dos testigos como representantes proféticos ante las naciones. Algunos piensan que esto se refiere literalmente a dos profetas que un día aparecerán. Sin embargo, Juan llama a estos personajes "candelabros", uno de los símbolos claros de las iglesias (Apocalipsis 1:20). Es probable que esta visión se trate sobre el papel profético de los seguidores de Jesús quienes, al igual que Moisés y Elías, llaman a las naciones y gobernantes idólatras a volverse a Dios. Entonces aparece una bestia horrible que conquista y mata a los testigos (recuerda Daniel 7). Pero Dios trae a los testigos de vuelta a la vida y los reivindica ante sus perseguidores. Esto hace que muchas personas en las naciones se arrepientan y den honor al Dios creador.

Hagamos una pausa y pensemos en la historia hasta ahora. Los juicios de advertencia de Dios a través de los sellos y las trompetas no generaron arrepentimiento entre las naciones. Es entonces que el rollo del cordero revela la extraña misión de su ejército. El Reino de Dios es revelado cuando las naciones ven a la Iglesia imitando el sacrificio del cordero y amando a sus enemigos en lugar de matarlos. Es la misericordia de Dios, mostrada a través de la Iglesia, la que llevará a las naciones al arrepentimiento. Después de esto, suena la última trompeta y las naciones se estremecen cuando el Reino de Dios llega a la Tierra como en el Cielo.

El mensaje del rollo termina, pero ¿quién es esa terrible bestia que declara la guerra contra el pueblo de Dios? Juan aborda esta pregunta en la segunda mitad de "La revelación".

Apocalipsis 12-22
11:51
Resúmenes del Nuevo Testamento
Apocalipsis 12-22

Apocalipsis 12-16: Visiones del dragón, bestias, 666 y más

Después de explorar el sorprendente mensaje del rollo del cordero, Juan describe una serie de siete visiones que él llama "señales" (Apocalipsis 12-15). Esa palabra significa "símbolo" y estos capítulos están llenos de ellos. El propósito de estas visiones es expandir el mensaje del rollo del cordero.

La primera señal revela la batalla cósmica y espiritual que subyace a la persecución de los cristianos por parte del Imperio romano, el antiguo conflicto que comenzó en Génesis 3:15. La serpiente en el jardín del Edén, la fuente de todo el mal espiritual, está representada aquí como un dragón. Ataca a una mujer y a su descendencia, que representa al Mesías y a su pueblo. Pero el Mesías derrota al dragón con su muerte y resurrección, arrojándolo a la Tierra. Allí, el dragón puede inspirar odio y persecución contra el pueblo del Mesías, pero el pueblo de Dios lo vence al resistir su influencia, incluso si esto los mata. Juan muestra a las siete iglesias que ni Roma ni ninguna otra nación o humano es el verdadero enemigo. Los poderes espirituales de oscuridad solo pueden ser vencidos cuando los seguidores de Jesús permanecen fieles y aman a sus enemigos.

La siguiente visión de Juan repite el mismo conflicto, esta vez con el simbolismo de las visiones de las bestias de Daniel (Daniel 7-12). Juan ve dos bestias, una que representa el poder militar nacional que conquista a través de la violencia. La otra bestia simboliza la máquina de propaganda económica que exalta este poder como divino y exige la plena lealtad de todas las naciones. Esto se simboliza con la marca de la bestia y su número 666 en la frente o en la mano.

El significado de esta imagen se encuentra en el Antiguo Testamento. La marca es el "anti-Shema". El Shemá es una antigua oración judía de fidelidad a Dios que se encuentra en Deuteronomio 6:4-8. Debía escribirse en las frentes y las manos de los israelitas como un símbolo de la dedicación de todos los pensamientos y acciones al único y verdadero Dios. Pero ahora las naciones rebeldes exigen un tipo de lealtad como la exigida por Dios.

El número de la bestia también es un símbolo. Juan hablaba con fluidez el hebreo y el griego, y sus lectores sabían que las letras hebreas también funcionan como números. Las palabras griegas "Nerón César" o "bestia" en hebreo, ambas suman 666. Juan no estaba diciendo que Nerón era el cumplimiento preciso de esta visión; más bien, un ejemplo reciente del patrón que explora Daniel. Los gobernantes humanos se convierten en bestias cuando asignan divinidad a su poder y seguridad económica, y exigen una lealtad total. Babilonia fue la bestia en los días de Daniel, seguida de Persia, Grecia y ahora Roma en los días de Juan. El patrón representa a cualquier nación posterior que actúa de la misma manera.

En oposición a las naciones bestiales del dragón hay otro rey, el Cordero sacrificado y su ejército, que dieron sus vidas para seguirlo. Desde la nueva Jerusalén, su canción llega a las naciones como "el Evangelio eterno" (Apocalipsis 14:6). Todas las personas están llamadas a arrepentirse, adorar a Dios y salir de Babilonia. Juan ve una visión de la justicia final, simbolizada por dos cosechas. Una de ellas es una buena cosecha de grano donde el Rey Jesús reúne a su pueblo fiel. La otra es una cosecha de uvas para vino que representa la intoxicación de la humanidad con el mal; son tomadas y llevadas al lagar para ser pisoteadas. Con estas visiones de "señales", Juan pone una elección ante las siete iglesias. ¿Resistirán a Babilonia y seguirán al Cordero, o seguirán a la bestia y sufrirán su derrota?

Juan reproduce entonces un ciclo final de siete juicios divinos, simbolizados como siete copas. Al igual que las plagas del éxodo, las copas no producen arrepentimiento, sino lo contrario. Las personas resisten y maldicen a Dios como el faraón. Con la sexta copa, el dragón y las bestias reúnen a las naciones para hacer la guerra contra el pueblo de Dios en un lugar llamado Armagedón. Esto se refiere a una planicie del norte de Israel, donde se habían librado muchas batallas contra naciones invasoras (Jueces 5:19; 2 Reyes 23:29). Algunos piensan que esta imagen se refiere literalmente a una futura batalla, mientras que otros piensan que es una metáfora del juicio final. Sea como sea, Juan tomó estas imágenes de Ezequiel 38-39, donde Dios lucha contra Gog, que representa a la humanidad rebelde. Y así, en la séptima copa, el mal es derrotado en las naciones de una vez y por todas.

Apocalipsis 17-20: La batalla final del Armagedón

Ahora que Juan desglosa por completo el mensaje del rollo del cordero, él expande tres temas clave presentados antes: la caída de Babilonia, la batalla final para derrotar al mal y la llegada de la nueva Jerusalén. Cada tema explora la llegada final del Reino de Dios desde un ángulo diferente.

A Juan se le muestra una mujer impactante que viste como una reina, pero está ebria con la sangre de los mártires y de toda la gente inocente. Ella cabalga sobre el dragón de las visiones de las señales y se llama Babilonia la prostituta. Todos los símbolos detallados de esta visión eran claros para los primeros lectores de Juan porque él estaba describiendo el poder militar y económico del Imperio romano. Pero hay más. La visión cita el lenguaje y las imágenes de todos los pasajes del Antiguo Testamento sobre la caída de Babilonia, Tiro y Edom (Isaías 13; Isaías 23; Isaías 34; Isaías 47; Jeremías 50-51; Ezequiel 26-27). Él está mostrando que Roma es simplemente la versión más reciente del antiguo arquetipo de la humanidad en rebelión contra Dios. Las naciones que elevan su propia seguridad económica y militar a un estatus divino no se limitan al pasado o al futuro. Las Babilonias vienen y van, hasta el día en que Jesús regrese y las reemplace con su Reino.

Hasta este punto en el libro, el Día del Señor aparece como un día de fuego, terremoto o cosecha. Aquí, en la conclusión del libro, se describe como una batalla final (Apocalipsis 19:11-21; Apocalipsis 20:7-15) que resulta en la reivindicación de los mártires (Apocalipsis 20:1-6) Juan nos lleva de vuelta a la sexta copa mientras las naciones se reúnen para oponerse a Dios. Jesús aparece como el gran héroe, montado en un caballo blanco y listo para "vencer" el mal del mundo. Sin embargo, nota que él está cubierto de sangre antes de que comience la batalla (Apocalipsis 19:13). Es la suya. Y su única arma es "la espada de su boca", una imagen adaptada de Isaías 11:4 y 49:2.

Juan trata de decirnos que el Armagedón no es un baño de sangre. El mismo Jesús que derramó su sangre por sus enemigos viene a proclamar la justicia, responsabilizando a aquellos que se niegan a arrepentirse de la ruina que causan en el mundo bueno de Dios. El destructivo fuego del infierno que han causado en el mundo se convierte en su destino elegido por Dios.

Después de esto, Juan ve una visión de los seguidores de Jesús que Babilonia asesinó. Ellos regresan a la vida y reinan con el Mesías durante mil años. Después de esto, el dragón reúne de nuevo a las naciones del mundo para rebelarse contra Dios, pero todos son llevados ante el trono de justicia de Dios y enfrentan las consecuencias de la derrota eterna. Las fuerzas de maldad espiritual y todos aquellos que no quieren ser parte del Reino de Dios son destruidos. Se les da lo que quieren, que es existir por sí mismos y para sí mismos. El dragón, Babilonia y todos aquellos que eligen ser fieles a ambos, vivarán en una eterna cuarentena, donde ya no podrán arruinar la nueva creación de Dios.

Hay un gran debate sobre la relación entre los mil años que hay entre estas dos escenas de batalla. Algunos piensan que se refiere a una secuencia literal y cronológica del regreso de Jesús, seguido de su Reino de mil años en la Tierra y el juicio final. Otros piensan que los mil años son un símbolo de Jesús y la victoria actual del mártir sobre el mal espiritual, mientras que las dos batallas representan el futuro regreso de Jesús desde dos ángulos diferentes. Sea cual fuere el punto de vista que adoptes: lo importante es que Juan promete el regreso del Rey Jesús para acabar con el mal para siempre y reivindicar a quienes le fueron fieles.

El libro concluye con una visión de la boda del Cielo y la Tierra (Apocalipsis 21:1-22:9). Un ángel le muestra a Juan una novia impresionante, simbolizando la nueva creación que viene para unirse para siempre a Dios y su pueblo del pacto. Dios anuncia que ha venido a vivir con la humanidad para siempre y a hacer nuevas todas las cosas (Apocalipsis 21:5).

Apocalipsis 21-22: El nuevo Cielo y la nueva Tierra

Esta visión es un caleidoscopio de las promesas del Antiguo Testamento. Describe un nuevo Cielo y una nueva Tierra (Isaías 65:17), una creación restaurada que ha sido sanada del dolor y el mal de la historia humana. También es un nuevo jardín del Edén (Génesis 2) y un paraíso de vida eterna con Dios. Sin embargo, no es simplemente un regreso al jardín, sino también un paso hacia la nueva Jerusalén (Isaías 2). Es una gran ciudad donde las culturas humanas en toda su diversidad trabajan juntas y en armonía. Pero el cambio más sorprendente es que no hay templo. La presencia de Dios y el Cordero, que una vez estuvo limitada al templo, ahora impregna cada centímetro de este nuevo mundo. Es aquí que la nueva humanidad cumple el llamado que recibe en la primera página de la Biblia (Génesis 1:26-28): gobernar como imagen de Dios y colaborar con él para llevar su creación a territorios nuevos y desconocidos.

Así termina el apocalipsis de Juan y la historia épica de la Biblia. Juan no escribió este libro como un código secreto para descifrar el calendario del regreso de Jesús. Es una visión simbólica que desafió y dio esperanza a las siete iglesias del primer siglo y a todas las generaciones desde entonces. Revela el patrón de la historia y la promesa de Dios, mostrando cómo cada reino humano eventualmente se convierte en Babilonia y debe ser resistido. Pero el Mesías Jesús, que amó y murió por nuestro mundo, no permitirá que Babilonia actúe sin control. Un día, él regresará para eliminar el mal de su buen mundo y hacer nuevas todas las cosas. Esta promesa debería motivar la fidelidad en cada generación del pueblo de Dios hasta que el Rey finalmente regrese.