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2 Pedro

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2 Pedro
8:03
Resúmenes del Nuevo Testamento
2 Pedro

Esta carta está dirigida a la misma red de iglesias que la primera carta de Pedro (1 Pedro 1:1; 2 Pedro 3:1) y probablemente fue enviada desde el mismo lugar en Roma (1 Pedro 5:13). Pedro se dio cuenta de que iba a morir pronto (2 Pedro 1:14) y la evidencia que tenemos de la tradición temprana es que Pedro fue ejecutado por las autoridades romanas durante el reinado del emperador Nerón. Esta carta equivale a ser el discurso de despedida de Pedro.

Él comienza desafiando a los seguidores de Jesús a no dejar de crecer (2 Pedro 1). Esto va seguido de dos advertencias finales sobre el creciente número de maestros corruptos que estaban desviando a los cristianos mediante su estilo de vida retorcido y su teología distorsionada (2 Pedro 2-3). En cada una de estas secciones, Pedro responde a las acusaciones que estos líderes lanzaron en contra de él y los demás apóstoles. Su objetivo consistía en restaurar la confianza y el orden en estas comunidades eclesiásticas.

2 Pedro 1: El estímulo hacia el crecimiento continuo

Pedro comienza recordando a estas iglesias que, a través de Jesús, Dios invitó a las personas a convertirse en "participantes de su naturaleza divina" (2 Pedro 1:3), es decir, a compartir la vida eterna y el amor eterno de Dios. Este es un regalo increíble que requiere de toda una vida de responsabilidad. Recibir este regalo significa comprometerse a desarrollar los mismos rasgos de carácter que marcan la naturaleza divina de Dios: bondad moral, conocimiento, dominio propio, paciencia, piedad y afecto familiar. El último rasgo, el amor, abarca y corona a todos los demás. Según Jesús, el amor significa dedicarse al bienestar de los demás, independientemente de su respuesta o del costo que ello suponga.

Pedro continúa declarando el propósito de la carta. Actuará como un recordatorio de su enseñanza, transmitiendo su conocimiento a las generaciones posteriores (2 Pedro 1:12-15), ya que sabe que no estará por mucho más tiempo para darlo en persona. Además, antes de morir, quería abordar las acusaciones de los líderes que distorsionaban la enseñanza de Jesús y los apóstoles.

Pedro empieza por responder a una objeción que repiten los escépticos de hoy y de siempre: que él y los apóstoles se inventaron todo eso de que Jesús es el Rey resucitado del mundo y de su regreso futuro (2 Pedro 1:16-20). Para rebatir esto, Pedro comparte su testimonio de primera mano sobre ese momento impactante en que Jesús se transformó en la montaña (Marcos 9:1-8), donde los apóstoles vieron a Jesús exaltado como Rey. Su resurrección significa que está vivo como Rey y que algún día regresará para rescatar a nuestro mundo. Además, cuando Jesús regrese para traer el Reino de Dios cumplirá lo que las antiguas Escrituras han estado anunciando desde el principio. Las palabras de los profetas del Antiguo Testamento no son fantasías fabricadas. A través de las palabras humanas que hallamos en las Escrituras y de Jesús en su humanidad, Dios mismo nos ha hablado.

2 Pedro 2: Confrontación a los maestros corruptos

En el capítulo 2, Pedro pasa a abordar el estilo de vida de los maestros corruptos, que está conectado con otra objeción. Estos líderes negaban la idea de un juicio final (2 Pedro 2:1-3), el momento en que Dios pedirá cuentas a todas las personas por sus decisiones. Esta negación les permitía, muy convenientemente, ignorar las enseñanzas de Jesús sobre el dinero y el sexo, ya que se acostaban descaradamente con cualquiera y obtenían enormes beneficios enseñando en las iglesias.

Pedro recuerda tres ejemplos antiguos en los que Dios hizo justicia contra tal rebelión (2 Pedro 2:4-11). En el primer ejemplo, menciona la historia de los hijos de Dios en Génesis 6 tal como la interpreta una obra judía popular llamada 1 Enoc. El texto identifica a estos hijos como ángeles rebeldes que cruzaron los límites y tuvieron relaciones con mujeres, lo que les valió el juicio divino. También nos recuerda la historia del antiguo diluvio (Génesis 6-8), seguida del tercer ejemplo, la historia de Sodoma y Gomorra (Génesis 19). En cada caso, hay una rebelión que termina en un juicio divino. Como señala Pedro, Dios siempre es fiel para librar a su pueblo, tal como muestra la historia de Lot.

Luego, Pedro conecta estas historias antiguas con el estilo de vida corrupto de los maestros. Estaban interesados en obtener dinero y sexo, despreciaban la autoridad y hacían que la gente pensara que a Dios no le importan nuestras decisiones morales. Ellos enseñaban un mensaje de libertad cristiana como una licencia para hacer lo que querían. Esta es la razón por la que Pedro menciona las cartas de Pablo más adelante en 2 Pedro 3:15-16.

Parece que estos maestros han distorsionado el mensaje de Pablo sobre la liberación en Cristo (Romanos 6). Estos comportamientos y la justificación de sus acciones no tenían nada que ver con lo que Pablo quiso decir, así que Pedro explica con suma claridad que estos maestros no eran libres. En realidad, eran esclavos de sus impulsos corporales. Y como eran cristianos, esto era aún más trágico, porque conocer las enseñanzas de Jesús los hacía doblemente responsables. Se habían convertido en ejemplos lamentables de los antiguos proverbios que hablan sobre un perro que regresa al vómito y un cerdo que regresa al barro (Proverbios 26:11).

2 Pedro 3: Dios hará justicia

Pedro continúa abordando el razonamiento detrás de su negación a aceptar el juicio final (2 Pedro 3:1-4). Los escépticos decían: "Generaciones del pueblo de Dios siguen pasando y no vemos el cumplimiento de lo esperado. ¿Dónde está este regreso prometido de Jesús?". Pedro responde mostrando lo miope que era esta objeción. "Mira a tu alrededor", dice, "este increíble universo en el que habitamos" (2 Pedro 3:5-9). El mero hecho de que existamos significa que, en algún momento del pasado, la palabra de Dios intervino de forma espectacular para crear algo de la nada, para poner orden en el caos, y que él puede volver a hacerlo.

Pero aquí está la verdadera pregunta: ¿por qué Dios tarda tanto? Pedro nos recuerda que nuestra concepción humana del tiempo es extremadamente limitada. Los largos períodos de tiempo a través de los cuales Dios obra no encajan perfectamente en el marco de nuestras cortas vidas. En realidad esto es una señal de la paciencia de Dios. A cada generación se le ofrece la oportunidad de reconocer su egoísmo, de humillarse y de arrepentirse ante su generosa gracia.

La gracia de Dios pondrá fin a la historia en el Día del Señor (2 Pedro 3:10-13). Pedro se basa en la poesía profética de Isaías 34 y Sofonías 3. Estos poemas describen el día de la justicia de Dios como un fuego consumidor. Pedro dice que "los cielos pasarán y las stoicheia se derretirán por el fuego" (2 Pedro 3:10). Esta es una palabra griega que puede referirse a los elementos, en cuyo caso Pedro está hablando de una futura disolución del universo material. Pero la palabra también puede estar haciendo referencia a los cuerpos celestes o las estrellas. El segundo significado tiene que ver con el uso de la palabra en Isaías 34:4, el pasaje que Pedro cita. En ese caso, la frase es una metáfora que describe cómo "el Cielo se abre" ante el Dios que todo lo ve. Por eso, el fuego no resulta en la aniquilación de la creación, sino que "la Tierra y todas sus obras serán expuestas" (2 Pedro 3:10).

El propósito definitivo de la justicia consumidora de Dios no es desechar el universo, sino exponer la maldad y la injusticia para eliminarlas, de modo que surja un nuevo tipo de Cielo y Tierra. Será una creación impregnada de justicia, donde las personas conozcan y amen a Dios y por lo tanto amen a su prójimo como a sí mismos. Pedro concluye diciendo que esta es la verdadera esperanza cristiana que Jesús y los apóstoles han estado anunciando. Esto incluye a Pablo, cuyos escritos pueden ser incomprendidos si se sacan sus enseñanzas del contexto.

El tono de 2 Pedro es bastante intenso, pero su pasión proviene de la firme convicción de que Dios ama este mundo y está decidido a rescatarlo a través de Jesús. Esto significa que el amor de Dios debe enfrentar y lidiar con el pecado y la injusticia que arruina su amada creación. A su tiempo, Dios hará precisamente eso, abrirá un nuevo futuro para la humanidad y toda la creación.