Números

Números es el cuarto libro de la Biblia y continúa la historia de Israel después de su éxodo de la esclavitud en Egipto. Dios los llevó al Monte Sinaí y estableció un pacto con ellos. Y a pesar de la rebelión de Israel, Dios en su gracia les mostró cómo vivir cerca de su santa presencia en el tabernáculo.
El libro de Números comienza cuando el pueblo de Israel termina su estadía de un año en el Monte Sinaí y se dirige al desierto en su camino a la tierra que Dios prometió a Abraham. La historia completa del libro está diseñada de acuerdo con las etapas de su viaje. La primera sección comienza en el Monte Sinaí (Números 1-10a) y continúa mientras se dirigen al desierto de Parán (Números 10b-19). Desde allí, emprenden su travesía hacia las llanuras de Moab (Números 20-36), justo enfrente de la tierra prometida.
Números 1-10a: La presencia de Dios con Israel
La primera sección (Números 1-4) comienza con un censo en el que se cuenta a la gente; de ahí deriva su nombre al libro. La sección continúa con leyes sobre cómo debían organizarse las tribus de Israel en el campamento. El tabernáculo estaba en el centro, rodeado por los sacerdotes y levitas, y luego las doce tribus estaban ordenadamente dispuestas con Judá a la cabeza. Todo esto es un símbolo elaborado de cómo la presencia santa de Dios estaba en el centro de su existencia como pueblo.
Esto viene seguido por una serie de leyes que desarrollan aún más las leyes de pureza ritual que se encuentran en Levítico. Si la presencia de Dios estaba en medio de ellos, debían esforzarse para que el campamento fuera puro, un lugar que pudiera recibir la santidad de Dios.
Números 10b-19: Rebelión en el desierto
En el capítulo 10, la nube de la presencia de Dios se levanta del tabernáculo y guía a Israel lejos del Sinaí hacia el desierto. Inmediatamente, las cosas comienzan a salir terriblemente mal. En el capítulo 11, el pueblo se queja por el hambre y el anhelo de regresar a Egipto. Y luego, en el capítulo 12, el propio hermano y hermana de Moisés se oponen a él y lo critican delante de todo el pueblo. Las cosas no han empezado bien.

La siguiente sección del libro de Números comienza cuando el pueblo llega al desierto de Parán, a mitad de camino de la tierra prometida. Dios le dice a Moisés que envíe doce espías, uno por cada tribu, para investigar la tierra (Números 13-14). Cuando regresan, diez de ellos dicen que no hay posibilidad de que Israel sobreviva porque los cananeos los aniquilarán. Y aunque dos espías, Caleb y Josué, dicen que Dios puede salvarlos, el pueblo se enfurece y comienza a planear un motín para nombrar un nuevo líder y regresar a Egipto.
Dios está comprensiblemente enojado. Moisés intercede una vez más y le pide a Dios que sea fiel a sus promesas a Abraham. Dios está de acuerdo, pero no a expensas de la justicia. Les da a los israelitas lo que quieren (no entran en la tierra), y condena a esa generación a vagar por el desierto durante cuarenta años hasta que mueran. Solo sus hijos podrán entrar en la tierra prometida.
Uno pensaría que una consecuencia tan severa sacudiría a los israelitas a tomar conciencia, pero la rebelión empeora. En la siguiente historia, todo un grupo de levitas comienza una rebelión, desafiando el liderazgo de Moisés y Aarón. Dios lidia severamente con ellos y luego renueva su compromiso con Moisés y Aarón como líderes de Israel.
Números 20-36: La misericordia de Dios hacia Israel
Al salir de la región de Parán, las cosas no mejoran para los israelitas. Se quejan porque tenían sed y se preguntan por qué Moisés los sacó de Egipto. Dios le dice a Moisés que hable a una roca y saque agua para el pueblo, pero Moisés se rebela y sobrepasa sus límites (Números 20:10). Golpea la roca dos veces y dice: "Oigan, ahora, rebeldes. ¿Sacaremos agua de esta peña para ustedes?". Moisés deshonra a Dios al ponerse en el lugar de Dios, por lo cual recibe el mismo destino que la generación del desierto: morirá en el desierto y nunca entrará a la tierra prometida.

Los israelitas se rebelan una vez más (Números 21) y Dios hace que caiga un extraño juicio sobre ellos: serpientes venenosas que muerden al pueblo. Moisés intercede por el pueblo una vez más y Dios le dice que haga una serpiente de bronce y la levante sobre un poste para que quien la mire se sane del veneno. Es un símbolo extraño que habla del reto que representa para Dios permanecer fiel a su pacto. Tiene razón al impartir justicia sobre la maldad y el pecado del pueblo, pero incluso su juicio se transforma en fuente de vida para aquellos que buscan sanidad en él.
Desde aquí, el pueblo se dirige a las llanuras de Moab (Números 22-36). La primera parte principal de esta sección se centra en la extraña figura de Balaam. El rey de Moab está perturbado por este enorme grupo de personas que está viajando de paso por su tierra, por lo que contrata a un hechicero, llamado Balaam, para que maldiga a Israel. Pero Balaam descubre que no puede maldecirlos. Intenta hacerlo tres veces, pero lo único que logra pronunciar sobre Israel son bendiciones. Balaam no maldice a Israel y luego Dios le da una visión de un futuro rey israelita que un día traería la justicia de Dios a las naciones, lo cual nos recuerda la promesa de Jacob a Judá en Génesis 49.
A este punto, vale la pena detenerse a reflexionar sobre el desarrollo del libro hasta este momento. Las historias de rebelión en el desierto se han ido acumulando y empeorando cada vez más. Aunque Dios ha impartido justicia parcial y momentáneamente sobre Israel, también ha mostrado misericordia al proveer comida y agua a lo largo del camino. Luego, la historia de Balaam muestra la gracia de Dios vívidamente. Abajo, en el campamento, Israel murmura y se rebela mientras que arriba, en las colinas, Dios los protege e incluso los bendice.
Este contraste entre la rebelión de Israel y la fidelidad de Dios en el desierto hace que estas historias sean muy importantes para las generaciones posteriores de Israel. Las historias del desierto fueron contadas una y otra vez por profetas bíblicos posteriores (Isaías 63; Ezequiel 20; Jeremías 7), poetas (Salmos 78; Salmos 95; Salmos 106), y apóstoles en el Nuevo Testamento (1 Corintios 10; Hebreos 3-4). Ellos vieron estas historias como una advertencia. Dios permanece fiel para siempre a las promesas de su pacto, pero también permite que su pueblo se aparte de él en rebelión y enfrente las consecuencias de sus acciones.
El resto del libro de Números se centra en los hijos de la generación que pereció en el desierto mientras se preparaban para heredar la tierra prometida. Después de que se hace otro censo de esta nueva generación (Números 26), ganan varias batallas contra grupos de personas que se encuentran en los límites de la tierra prometida. Estas batallas permiten que algunas tribus de Israel se establezcan en el lado más alejado de la tierra (Números 34-36).
El libro concluye con una nueva generación de israelitas lista para entrar en la tierra prometida. Un momento de descanso hace posible que Moisés pronuncie sus últimas palabras de sabiduría y advertencia, que es lo que encontramos en el siguiente libro de la Torá.
Preguntas más frecuentes
Estas son algunas de las preguntas más comunes que la gente nos hace en línea sobre este libro.
Este libro se llama Números porque Moisés "enumera" o cuenta al pueblo de Israel dos veces a lo largo de la narración. Al comienzo de Números, Dios le dice a Moisés que haga un censo de todos los hombres con edad de combatir del campamento israelita mientras se preparan para enfrentarse a los cananeos (Números 1:2). Luego, Dios da a Moisés la misma instrucción cerca del final del libro (Números 26:2). Los acontecimientos que ocurren en la historia entre los dos censos explican esta extraña repetición.
Cuando Moisés realiza un censo del pueblo al comienzo del libro, están a punto de entrar en la tierra prometida. Pero poco después del censo, Moisés envía a doce espías para explorar el nuevo hogar. La mayoría de los espías dan un informe aterrador sobre naciones fuertes que ya viven allí (Números 13:26-33). Así que en lugar de confiar en que Dios los protegerá, el pueblo se rebela contra él y se niega a entrar en la tierra (Números 14:1-4).
Como resultado, Dios le dice a Moisés que ninguno de los israelitas contados en el primer censo entrará en la tierra, excepto los dos espías que dieron un buen informe, Caleb y Josué (Números 14:20-35; véase Números 14:6-9). Así que el pueblo vaga por el desierto durante 40 años hasta que toda esa generación muere (Números 26:63-65).
Cuando Dios le dice a Moisés que haga otro censo, cuenta a la segunda generación, que se estaba preparando para hacer lo que sus padres no pudieron hacer: seguir a Dios a la tierra prometida.
El libro de Números nos enseña que Dios es fiel aun cuando su pueblo no lo es. Después de liberarlos de la esclavitud en Egipto, Dios los guía a través del desierto. Él provee constantemente y cubre todas sus necesidades. Pero el pueblo se queja y se rebela contra Dios constantemente.
Dentro del libro de Números hay una estructura simétrica que resalta siete historias sobre los repetidos fracasos del pueblo a la hora de confiar en Dios:
R: El pueblo se rebela y Dios envía fuego (Números 11:1-3).
B: El pueblo se queja y Dios provee codornices (Números 11:4-35).
C: Aarón y Miriam se rebelan contra el liderazgo de Moisés (Números 12).
- D: El pueblo se rebela y se niega a entrar en la tierra prometida (Números 13-14).
C': Coré, Datán y Abiram se rebelan contra el liderazgo de Moisés (Números 16-17).
B': El pueblo se queja y Dios provee agua (Números 20:1-13).
R': El pueblo se rebela y Dios envía serpientes de fuego (Números 21:4-9).
En el centro de esta estructura hay una historia donde vemos que Moisés envía a doce espías para explorar la tierra prometida (Números 13-14). Cuando regresan, diez de los espías dan un informe aterrador sobre las poderosas naciones que viven allí. El pueblo se asusta y se niega a seguir a Dios hacia la nueva tierra que él les está proveyendo generosamente.
En respuesta, Dios no los obliga a entrar en la tierra prometida. En cambio, vagarán por el desierto hasta que sus vidas hayan terminado. Sus hijos, que son la próxima generación de israelitas, elegirán entrar y disfrutar de su nuevo hogar.
Aunque la primera generación se rebela contra Dios, él decide proteger y proveer para Israel en el desierto. Cuando un hechicero llamado Balaam intenta maldecir a Israel, solo puede pronunciar bendiciones porque Dios está con ellos (Números 22-24). Dios permanece fiel a su pueblo, aunque ellos sean infieles.
El libro de Números describe a Dios como un proveedor fiel. Él decide permanecer presente con los israelitas mientras los guía a través del desierto, hacia una buena tierra y la promesa de un nuevo hogar (Números 9:15-23, Números 10:11-12, Números 33:50-53). Durante su arduo viaje, él provee todo el pan, la carne y el agua que necesitan (Números 11:4-9, Números 11:31-32; Números 20:7-11).
Pero Dios no fuerza ni coacciona a su pueblo; él siempre permite que el pueblo de Israel elija confiar o no en él, para satisfacer sus necesidades. Y cuando no confían en él, permite que su pueblo enfrente las consecuencias de sus decisiones.
Cuando los israelitas se enfrentan a desafíos en el desierto, a menudo murmuran contra Dios, en lugar de confiar en que él proveerá como lo ha hecho en el pasado. En respuesta, Dios los entrega a los resultados de la dureza de sus corazones. Por ejemplo, cuando las personas se niegan a confiar en que Dios los guiará a salvo a la tierra prometida (Números 14:1-4), pierden la oportunidad de entrar en la tierra. En cambio, vagan sin rumbo por el desierto durante 40 años. Esto constituye la vida útil de toda la primera generación (Números 14:20-25), los adultos a quienes Dios liberó de la esclavitud en Egipto.
Aun así, en lugar de abandonar a la generación rebelde para que deambule sola en el desierto, la presencia de Dios continúa guiándolos paso a paso hasta que mueren. Y luego, lleva a sus hijos, la segunda generación, a salvo a la tierra prometida.
El libro de Éxodo nos muestra al pueblo de Israel escapando de la brutal esclavitud en Egipto (Éxodo 1-5). Dios los libera de la esclavitud y los saca de Egipto y los guía hacia la libertad en el desierto, donde se encuentra con ellos en el Monte Sinaí (Éxodo 12-19).
Allí, Dios se les aparece en fuego y humo y establece una relación especial con ellos. Él les da instrucciones sobre cómo vivir y seguirle (Éxodo 19-31). Esas instrucciones continúan siendo dadas a través del libro de Levítico, que se centra en lo que el pueblo de Dios debe hacer para vivir en su presencia.
El libro de Números comienza donde termina Levítico. El pueblo todavía está en el Monte Sinaí (Números 1:1), recibiendo las instrucciones finales de Dios antes de que él los conduzca hacia Canaán (Números 10:11-12). El resto del libro de Números sigue el rastro de la travesía de Israel hacia la tierra prometida y describe la provisión de Dios a lo largo del camino repetidamente.
El libro de Números contiene múltiples bendiciones declaradas sobre los israelitas. Pero la más conocida es la bendición sacerdotal dada por el sumo sacerdote, Aarón y sus hijos (Números 6:22-27). Esta bendición se encuentra en los rollos de Ketef Hinnom, los textos bíblicos más antiguos hallados y preservados por los arqueólogos que datan del siglo VI a.C.
En la Biblia hebrea, "bendecir" es declarar la presencia vital de Dios sobre otro. Es pedirle a Dios que traiga su abundancia, seguridad y paz a esa persona o grupo de personas. En la bendición sacerdotal, Aarón y sus hijos piden la bendición de Dios a los israelitas, anunciando seis acciones que Dios hará para que florezcan:
"Yahweh te bendiga y te guarde, Yahweh haga resplandecer su rostro sobre ti y extienda gracia sobre tu vida; que Yahweh alce su rostro sobre ti, y te dé paz” (Números 6:24-26, traducción de Proyecto Biblia).
Dios explica que a través de esta bendición, los sacerdotes ponen el nombre o presencia de Dios sobre los israelitas. La forma de vivir de los israelitas en el mundo exaltará o manchará la reputación de Dios entre las naciones. Si los israelitas obedecen las instrucciones de Dios, exaltarán su reputación y experimentarán la abundancia, la seguridad y la paz de Dios.
En el libro de Números encontramos otras bendiciones pronunciadas por un profeta-hechicero arameo llamado Balaam (Números 23:1-24:14). Balac, el rey de Moab, trata de contratar a Balaam para que proclame maldiciones sobre Israel. Pero puesto que a Balaam se le permite hablar únicamente siguiendo indicaciones de parte de Dios, solo puede declarar bendiciones sobre Israel. Las bendiciones de Balaam hacen eco de las promesas de Dios al antepasado de Israel, Abraham: el pueblo será tan numeroso como el polvo de la tierra, y quien los bendiga será bendecido (Números 23:10, Números 24:9; véase Génesis 12:2-3, Génesis 13:16).
En el libro de Números, Josué es uno de los 12 espías israelitas enviados para explorar la tierra de Canaán (Números 13:1-25). Pero cuando los espías regresan, solo dos, Josué y Caleb, dan un informe favorable, confiando en que Dios los guiará a la tierra prometida. Los otros espías tiemblan de miedo ante los habitantes de la tierra, desconfían de Dios y convencen a los demás israelitas de que no entren (Números 13:26-14:10).
En respuesta, Dios los deja seguir vagando por el desierto durante cuarenta años, hasta que esa generación desconfiada muere. Incluso Moisés muere antes de poner un pie en la tierra prometida. De la generación original, solo Josué y Caleb pueden entrar en la tierra prometida, y esto es posible debido a su fidelidad a Dios (Números 14:26-35).
Más adelante en el libro de Números, Moisés le pide a Dios que levante un nuevo líder, uno que cuide del rebaño de Israel como Adán, quien cuidó de los animales en el Edén (Números 27:15-17; véase Génesis 2:19-20). Así que Dios designa a Josué como sucesor de Moisés para guiar a los israelitas a la tierra de Canaán (Números 27:18-21).
Así como Moisés sacó al pueblo de la cautividad egipcia y lo llevó al desierto, ahora Josué lo llevará fuera del difícil desierto, a la tierra prometida. Y al igual que Moisés, el Espíritu de Dios dará poder a Josué mientras guía a Israel (Números 27:18).
Sin embargo, Josué no llega a estar a la altura de Moisés por completo, aunque Moisés imparte algo de su "esplendor" (hebreo hod, traducido a menudo como "autoridad", Números 27:20) a Josué. Moisés era tanto el líder de la nación como un sacerdote, sin embargo, esas responsabilidades serían divididas entre Josué y Eleazar, el sumo sacerdote (Números 27:21). Además, Dios no habla con Josué cara a cara como lo hizo con Moisés, y Josué no realiza tantas obras poderosas. Así que la promesa de Dios de enviar un profeta "como Moisés" espera su cumplimiento futuro (Deuteronomio 18:15-18, Deuteronomio 34:10-12).
En la Biblia, los autores a menudo usan el número 40 para marcar el tiempo que las personas experimentan una prueba de parte de Dios. En el libro de Números, doce espías israelitas exploran la tierra de Canaán durante 40 días (Números 13:1-25), pero solo dos de los espías permanecen fieles a Dios y confían en su promesa de darles la tierra.
Lamentablemente, los israelitas se aferran al informe negativo sobre la tierra proveniente de los 10 espías. Temen que si entran en la tierra, Israel será devorado por los cananeos que ya viven allí. Así que el pueblo murmura contra Moisés y Aarón y habla sobre elegir un líder para que los lleve de regreso a Egipto (Números 14:1-4).
En respuesta, Dios declara que los israelitas permanecerán en el desierto durante 40 años hasta que muera esa generación (Números 14:20-35). Y a través de esos 40 años de vagar por el desierto, Dios continúa probando la fidelidad y confianza del pueblo en él y en los líderes que él ha designado (Números 16-17, Números 20:1-13, Números 21:4-9).
El número 40 también forma parte de una historia anterior sobre el encuentro de Israel con Dios en el Monte Sinaí. El pueblo esperó 40 días al pie de la montaña mientras Moisés subió a hablar con Dios (Éxodo 24:18). Durante este período de prueba, en el que Moisés se fue, los israelitas rompieron su relación de pacto con Dios haciendo un ídolo de becerro de oro y ofreciendo sacrificios en su adoración (Éxodo 32:1-6; véase Éxodo 20:4-6).
Mucho después, en el Nuevo Testamento, Jesús también enfrenta la decisión de confiar en alguien que no sea Dios cuando Satanás lo prueba en el desierto durante 40 días (Mateo 4:1-11; Lucas 4:1-13). Pero Jesús rechaza la oferta de Satanás de hacerlo gobernante de todos los reinos del mundo a cambio de adorarlo. Permanece firme y soporta su tiempo de prueba como un israelita fiel.
En la historia bíblica, hay dos animales que hablan con los humanos: una serpiente que habla en Génesis 3:1-5 y un burro que habla en Números 22:28-30. Curiosamente, ambos animales tienen una percepción del reino espiritual. Pero mientras que la serpiente en Génesis busca destruir la vida humana, el asno de Números actúa para preservarla.
Balac, el rey de Moab, trata de contratar al hechicero arameo Balaam para que maldiga a los israelitas (Números 22:4-20). Al principio, obligado por la instrucción directa de Dios, Balaam rechaza la oferta de trabajo. Pero cuando Balac envía más mensajeros en un esfuerzo por persuadir a Balaam, Dios sorprendentemente le dice a Balaam que vaya con ellos. Pero la historia da un giro.
Cuando Balaam sale hacia Moab, montado en su asno, el Ángel del Señor se para en el camino con una espada en la mano para detenerlo (Números 22:21-27). Solo el burro tiene ojos para ver al ángel, motivo por el que trata de evitar al ángel en tres ocasiones. Cada vez, Balaam golpea al asno, hasta que Dios finalmente abre la boca del asno para hablar.
El burro interroga a Balaam, le pregunta por qué lo sigue golpeando y le recuerda que siempre ha tenido en cuenta sus intereses (Números 22:28-30). Es una escena misteriosa, desafiante e iluminadora en la narración bíblica que se ajusta a un patrón más amplio. A veces Dios usa medios inusuales para captar la atención de un profeta: una zarza ardiente (véase Éxodo 3:1-4), una visión del templo celestial de Dios (véase Isaías 6:1-8) o incluso un burro que habla.
Al principio, Balaam no reconoce al asno parlante como una señal de Dios, y responde con frustración por el comportamiento del animal. Así que el burro desafía a Balaam a considerar por qué se comporta de manera tan inusual en esta ocasión (Números 22:29-30). Aun así, Balaam no entiende lo que está sucediendo. No logra superar su falta de conciencia espiritual hasta que Dios abre sus ojos para ver al Ángel del Señor bloqueando el camino con una espada. El ángel informa a Balaam que su vida ha sido salvada, gracias a que su asno se apartó del camino para protegerlo (Números 22:31-33). Luego, le ordena a Balaam que continúe hacia Moab, pero le advierte firmemente que solo diga las palabras que recibe de Dios (Números 22:34).

