Amós
Títulos

El antiguo orden de la TaNaK de la Biblia hebrea tiene un aspecto importante en común con la Biblia cristiana: las doce obras proféticas, desde Oseas hasta Malaquías, a veces denominadas “Los Profetas Menores”, fueron concebidas como un único libro llamado "Los Doce". Amós es el tercer libro de ”Los Doce”.
Amós era un pastor y cultivador de higueras (Amós 7:14) que vivía justo cerca de la frontera entre el norte de Israel y el sur de Judá. El norte había logrado su independencia unos 150 años antes (1 Reyes 12) y en ese momento estaba siendo gobernado por Jeroboam II, un líder militar exitoso. Aunque generó mucha riqueza ganando batallas y nuevos territorios para Israel, a los ojos de los profetas, fue uno de los peores reyes de la historia. La riqueza que generó condujo a la apatía social que sumado a la adoración a dioses cananeos provocó injusticias y el abandono de los pobres.
Todo esto llegó a un punto tal que Amós ya no pudo soportar más. Él sintió el llamado de Dios a viajar al norte, a Betel, una ciudad importante donde había un gran templo, para comenzar a anunciar la palabra de Dios al pueblo. Este libro es una colección de sus sermones, poemas y visiones pronunciadas a lo largo de los años. Con el tiempo fueron recopiladas para que el pueblo de Dios pudiera comprender el mensaje de Dios para el reino del norte, un mensaje que sigue siendo relevante aún hoy en día.
El libro tiene un diseño bastante claro. Los capítulos 1 y 2 son una serie de mensajes para Israel y otras naciones. Los capítulos 3 al 6 presentan una colección de poemas que expresan el mensaje de Amós al pueblo de Israel y a sus líderes. Los capítulos 7 al 9 contienen una serie de visiones que Amós experimentó y que describen el juicio venidero de Dios sobre Israel.
Amós 1-2: Acusaciones contra las naciones y contra Israel
El libro de Amós comienza con una serie de poemas breves que acusan a todos los vecinos de Israel de violencia e injusticia, lo cual parece extraño porque la frase inicial del libro dice que Amós habló contra Israel. A medida que Amós nombra a todas las naciones vecinas (Damasco, Gaza, Tiro, Edom, Amón, Moab y Judá) es útil tener al lado un mapa y observar que el profeta está dibujando un círculo con Israel en el centro, como el blanco en la mira. Cuando llega a Israel, Amós lanza una acusación poética tres veces más larga y más intensa que todas las demas. Acusa a los ricos de Israel de ignorar a los pobres y permitir graves injusticias, específicamente al permitir que sus compatriotas sean vendidos como esclavos por deudas para luego negarles representación legal. Amós pregunta si esta es la misma familia a la que se le negó justicia, fue esclavizada en Egipto, y Dios rescató misericordiosamente de la opresión. Amós declara que la fiesta se acabó. Dios está harto de tolerar todo esto.
Amós 3-6: Denuncia de la hipocresía e injusticia de Israel
La introducción de la siguiente sección explica por qué. Dios dice: "Te elegí, Israel, entre todas las familias de la Tierra..." (Amós 3:2). Es una alusión a Génesis 12, cuando Dios llamó a la familia de Abraham para que se convirtiera en la bendición de Dios para todas las naciones. Dios continúa el pensamiento diciendo: "...Por eso los castigaré por todas sus iniquidades". Israel tenía un gran llamado que conllevaba una gran responsabilidad, por lo que su pecado y rebelión tendrían grandes consecuencias.
En la siguiente sección se reúnen muchos poemas de Amós, en los que se repiten algunos temas clave. Ante todo, Amós denuncia la hipocresía religiosa de los ricos y los líderes religiosos de Israel de continuo. Describe cómo asisten fielmente a las reuniones religiosas y dan ofrendas a Dios, mientras se olvidan de los pobres e ignoran la injusticia.

Amós dice que todo es una farsa y que Dios detesta su adoración porque está totalmente desconectada de la forma en que tratan a otras personas. La transformación de una persona y su trato hacia los demás es, según Dios, el resultado de una relación genuina con él. El llamado de Amós a la verdadera adoración es: "Deja que la justicia fluya como un río, y la justicia como un arroyo que nunca falla" (Amós 5:24). Estas dos palabras son importantes para Amós. La palabra tsedaqah, o “justicia”, se refiere a un estándar de relación correcta, justa y equitativa entre las personas, independientemente de sus diferencias sociales. El término mishpat, o “justicia”, se refiere a las acciones concretas para corregir la injusticia y establecer la rectitud. Todos estos valores deben permear la vida del pueblo de Dios así como un torrente impetuoso llena el lecho seco de un río.
El tema que se analiza a continuación es la acusación que Amós dirige contra la idolatría de Israel, la cual está relacionada con los temas anteriores: la adoración y la justicia. ¿Recuerdas cuando el reino del norte se independizó del sur de Judá y su rey construyó dos nuevos templos para competir con el de Salomón en Jerusalén, colocando un becerro de oro en cada uno (1 Reyes 12)? Desde entonces, Israel solo había acumulado más ídolos, representando a los dioses del sexo, el clima y la guerra. Según los profetas, adorar a estos dioses siempre conduce a la injusticia. Estos dioses no exigían el mismo nivel de justicia y rectitud que el Dios de Israel. De hecho, ellos mismos eran inmorales. Por otro lado, el Dios de Israel puede decir en un determinado momento: "Búsquenme, y vivan" (Amós 5:4) y luego: "Busquen lo bueno y no lo malo, para que vivan" (Amós 5:14). La verdadera adoración al Dios Creador de Israel consiste en hacer el bien, ser generoso y difundir la justicia.
El tema final de estos capítulos nos muestra que, dado que Israel y su rey rechazaron a Amós y a los demás profetas, vendrá el Día del Señor, un gran y terrible acto de justicia sobre Israel. Más específicamente, predice que una nación poderosa iba a conquistar y destruir sus ciudades además de llevarlos al exilio. Sabemos que su predicción se hizo realidad unos 40 años después. El Imperio asirio intervino e hizo exactamente lo que Amós dijo que haría (2 Rey. 17).
Amós 7-9: Visiones del Día del Señor
El libro termina con una serie de visiones que Amós experimentó. Estas visiones son representaciones simbólicas de la llegada del Día del Señor. Él vio a Israel devastado por una plaga de langostas y un fuego abrasador, antes de ser devorado como fruta demasiado madura. En su visión final, Amós vio a Dios golpeando violentamente los pilares del gran templo de idolatría de Betel, provocando el derrumbe de todo el edificio. Es una imagen de la justicia de Dios sobre los líderes y dioses de Israel: su fin había llegado.

Sin embargo, el último párrafo ofrece un rayo de esperanza. Utilizando la imagen de Israel como un edificio destruido, Dios dice que, de entre las ruinas, algún día restaurará la casa de David. En otras palabras, Dios enviará un futuro rey mesiánico de la dinastía de David. También reconstruirá la familia de su pueblo que, sorprendentemente, incluirá a las demás naciones. El pecado de Israel y el juicio de Dios han causado devastación. Todo esto se revertirá.
Este párrafo final es realmente importante. Es el único rayo de esperanza más allá del juicio, que nos ayuda a comprender cómo este libro explora la relación entre la justicia y la misericordia de Dios. El propósito de Dios a largo plazo es la restauración y la creación de una nueva familia, pero primero debe confrontar el mal y juzgarlo entre Israel y las naciones.
A través de las palabras de Amós, todavía podemos escuchar el llamado a aprender de la hipocresía de Israel y de las consecuencias desastrosas de sus pecados. La verdadera adoración a Dios, tal y como se describe en el texto, siempre debe conducir a la justicia, la rectitud y el amor al prójimo. De eso trata el libro de Amós.

