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2 Corintios

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2 Corintios
8:38
Resúmenes del Nuevo Testamento
2 Corintios

Aunque en nuestras Biblias este libro se llama 2 Corintios, en esta carta existen múltiples pistas de que esta no es la segunda carta que Pablo escribió a la iglesia de la antigua Corinto. Pablo había fundado esta comunidad de Jesús antes, durante uno de sus viajes misioneros (Hechos 18) y, tras seguir adelante, se enteró de que las cosas no iban bien. La carta que escribió en respuesta a estas noticias se conoce comúnmente como 1 Corintios, pero al parecer muchos miembros de la iglesia rechazaron las enseñanzas de Pablo de dicha carta y se rebelaron contra su autoridad.

Sabemos que después de haber enviado la primer carta, Pablo realizó una "visita dolorosa" (2 Corintios 2:1) y que luego envió otra carta escrita con "angustia y lágrimas" (2 Corintios 2:3-4; 7:8-12). Después de todas estas medidas, la mayoría de los corintios (aunque no todos) se dieron cuenta de su arrogancia y se disculparon con Pablo, con la esperanza de reconciliarse con él. Por lo cual Pablo escribe esta carta, 2 Corintios, para asegurarles que los amaba y que seguía firme su compromiso para con ellos.

Este libro fue diseñado a partir de tres secciones principales, cada una de las cuales aborda un tema distinto. En los capítulos 1-7, Pablo finaliza su reconciliación con los corintios. En los capítulos 8 y 9, aborda el tema de la generosidad olvidada. Y, en los capítulos 10-13, Pablo desafía al resto de los corintios que todavía lo rechazaban.

2 Corintios 1-7: El sufrimiento y la pobreza como prueba del apostolado

Pablo comienza con un agradecimiento al "Dios de toda misericordia y consuelo", quien trajo paz y ánimo para él y para los corintios durante este tiempo de división y disputa. Él reconoce que la situación quedó tensa a partir de su visita dolorosa, y deja claro que los perdonó y que desea una relación abierta y honesta.

Pero, ¿por qué lo rechazaron en primer lugar? Como descubrimos más adelante en la carta (2 Corintios 10-11), los corintios descartaron a Pablo como líder creíble. Él era pobre y ganaba apenas lo suficiente para vivir mediante el trabajo manual. Vivió bajo persecución constante y a menudo no tenía un hogar. Para colmo, no era un orador muy impresionante. Cuando los corintios conocieron a otros líderes cristianos más ricos e impresionantes, empezaron a menospreciar a Pablo y, terminaron avergonzándose de él.

Pablo responde mostrando, en primer lugar, que enaltecer a estos líderes por su riqueza, elocuencia y éxito es una traición a Jesús y revela un sistema de valores distorsionado. El verdadero liderazgo cristiano no tiene nada que ver con el estatus o la autopromoción. Pablo se describió a sí mismo y al resto de los apóstoles como esclavos cautivos del Rey Jesús, quien lidera un desfile triunfal. El trabajo de Pablo no consistía en ser impresionante, sino más bien, en señalar a aquel que lo es: Jesús.

En el capítulo 3, Pablo alude a la reciente demanda de los corintios para que presentara algunas cartas de recomendación de otros apóstoles, a fin de probar su autoridad y credenciales. A Pablo esto le parece una tontería, pues la iglesia de Corinto ni siquiera existiría si él no la hubiera fundado. Pablo dice que ellos son la prueba de su liderazgo genuino y que ellos mismos son su carta de recomendación. Él cita de manera brillante a los profetas Jeremías y Ezequiel al decir que el Espíritu de Dios escribió su carta de amor en los corazones de su pueblo del nuevo pacto. Los corintios no deberían necesitar más prueba que esa.

La mención del nuevo pacto lleva a Pablo a una larga comparación entre el antiguo pacto de Dios con Israel, mediado por Moisés, y el nuevo pacto de Dios con los corintios, mediado por Jesús y el Espíritu Santo. El antiguo pacto hecho en el Monte Sinaí fue verdaderamente glorioso, e hizo que el mismo Moisés brillara con la gloria de Dios, pero esa gloria eventualmente se desvaneció. Por no mencionar que las leyes del pacto no lograron transformar verdaderamente a Israel. En comparación, el nuevo pacto es aún más glorioso porque Jesús resucitado es la gloria de Dios. Él vive para siempre y su Espíritu transforma a las personas para que sean más fieles, como Jesús mismo.

¡Esto suena increíble! ¿Quién no quisiera compartir la gloria de Dios? Pero Pablo continúa mostrando cómo la paradoja de la cruz pone al revés las ideas de los corintios sobre la gloria y el éxito (2 Corintios 4-7). Después de todo, la gloriosa exaltación de Jesús como Rey del mundo ocurrió a través de su sufrimiento, ejecución y muerte. En la cruz, Jesús reveló la salvación de Dios al morir por los pecados del mundo y reconciliar a las personas con Dios. Aún más, Jesús reveló el carácter de Dios: el Padre es un ser de amor sacrificial y generoso que procura el bienestar de los demás. Jesús también reveló una nueva forma de vivir según el modelo de la cruz, los creyentes deberían imitar la cruz mediante el amor y el servicio sacrificial a los demás.

La meta final de Pablo es que su propia vida y ministerio imiten la cruz. Así que, aunque la humildad, el sufrimiento y la pobreza marcaron su carrera apostólica, todo eso fue para servir a los corintios. Cuando ellos desaprueban la pobreza y el sufrimiento de Pablo, también desaprueban a Jesús. El estilo de vida y el liderazgo de Pablo son, en realidad, la prueba de que él representa auténticamente al Jesús crucificado y resucitado. Aunque Pablo desea profundamente reconciliarse con los corintios, no dejará las cosas como están hasta que ellos hayan sido transformados y abracen la paradoja de la cruz, que pone todo al revés.

2 Corintios 8-9: Un llamado a la generosidad motivada por el Evangelio

Después de este apasionado apelo, Pablo aborda la generosidad que los corintios habían olvidado (2 Corintios 8-9). Los cristianos judíos en Jerusalén se habían vuelto pobres debido a una hambruna. En respuesta, Pablo estaba recaudando fondos entre las nuevas iglesias que había fundado, que en su mayoría estaban llenas de no judíos. La esperanza era que estas iglesias enviaran una ofrenda de ayuda como símbolo de su unidad en Jesús el Mesías. Aunque muchas iglesias estaban emocionadas por dar, los corintios, en medio de todo este conflicto con Pablo, se olvidaron de ahorrar para la ofrenda.

Para Pablo, esto no se trataba solamente del dinero. Era otra señal de que los corintios no habían sido transformados por el Evangelio, que, en esencia, es una historia de generosidad. "Porque conocen la gracia generosa de nuestro Señor Jesús el Mesías, que siendo rico, sin embargo se hizo pobre, para que por medio de su pobreza ustedes llegaran a ser ricos" (2 Corintios 8:9). En otras palabras, Pablo cuenta la historia del Evangelio a través de metáforas financieras. Jesús renunció a su glorioso honor, o riqueza, y se humilló hasta morir como un esclavo pobre. Él hizo esto para que otras personas, empobrecidas por el pecado y la muerte, pudieran ser exaltadas y se enriquecieran mediante las riquezas de la gracia de Dios. Ser cristiano es dejar que esta historia penetre profundamente en tu corazón y tu mente, permitiendo que te transforme en alguien más generoso y más dispuesto a compartir tu vida y tus recursos para ayudar a los demás.

2 Corintios 10-13: Una invitación al humilde arrepentimiento

En la última sección del libro de 2 Corintios, capítulos 10-13, Pablo se enfoca en el origen del conflicto con los corintios. Un grupo de líderes impresionantes, a quienes Pablo llama sarcásticamente "superapóstoles" (2 Corintios 11:5; 12:11), llegó a Corinto promocionándose y desprestigiando a Pablo, tachándolo de líder pobre y fracasado. A riesgo de parecer que se estaba promocionando a sí mismo, Pablo dice que si dichos apóstoles querían comparar credenciales, él podía enfrentarlos sin ningún problema.

¿Eran judíos expertos en la Biblia? Bueno, Pablo también. ¡Era fariseo! Y se sabía toda la Biblia de memoria. ¿Presumían de su conocimiento superior de Jesús? Bien, Pablo vio a Jesús resucitado y pasó tiempo con él; incluso tuvo visiones del trono celestial de Jesús. Más importante aún, Pablo entregó su vida entera a la misión de Jesús; sacrificó su comodidad y estabilidad, y nunca pidió dinero a los corintios. A diferencia de los superapóstoles que cobraban por su "sabiduría", Pablo ganó su propio sustento para servirlos gratuitamente.

Pero Pablo dice que se niega a jactarse de sus logros porque no son las cosas que realmente importan como cristiano. En cambio, él presume de sus defectos y debilidades, porque en sus limitaciones descubre el amor y la misericordia de Jesús. O, como Jesús le dijo una vez a Pablo: "Mi gracia te basta, porque mi poder se perfecciona en la debilidad" (2 Corintios 12:9).

Pablo concluye con una seria advertencia a los corintios (2 Corintios 13). Tenían que examinar sus corazones. Su desprecio por el estilo de vida de Pablo y su amor por estos superapóstoles demostraban que ellos no comprendían quién era Jesús en un nivel fundamental. Ellos no estaban viviendo como debían vivir los seguidores transformados de Jesús; por eso, los invita, una vez más, a humillarse ante la gracia y el amor de Jesús.

2 Corintios nos ofrece una ventana única a la vida de Pablo y a la paradoja de la cruz. La cruz desafía nuestros valores y cosmovisión del mundo. La mayoría de las sociedades valoran el éxito, la educación y la riqueza, pero Dios valora la humildad, la debilidad y el servicio. Sabemos esto porque su amor y su poder se manifestaron a través del sufrimiento, la muerte y la resurrección de Jesús. La cruz también desató el poder transformador y la presencia del Espíritu, capacitando a los seguidores de Jesús para que adopten su estilo de vida según el modelo de la cruz. Y ese es el poderoso desafío del libro de 2 Corintios.