1 Corintios
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1 Corintios fue escrito para una comunidad eclesiástica que Pablo conocía bien. Corinto era una importante ciudad portuaria del mundo antiguo con varios templos, lo que la convirtió en un enorme centro económico y religioso del mundo romano. Pablo viajó allí estratégicamente como misionero, pasó un año y medio conociendo a las personas y hablándoles de Jesús. Muchas personas se convirtieron en seguidores de Jesús y finalmente formaron la primera comunidad eclesiástica de la ciudad (Hechos 18).
Después de que Pablo se fuera para fundar iglesias en otras ciudades, pronto comenzó a recibir informes de conflictos en la iglesia de Corinto. Estaban enfrentando todo tipo de problemas, por lo que Pablo escribió esta carta para guiarlos, enseñarles y darles ánimo.
El libro de 1 Corintios está dividido en cinco partes principales y un saludo final. Las cinco secciones corresponden a los cinco problemas que Pablo aborda, por lo que podríamos leer la carta como una colección de breves ensayos. En cada sección, Pablo define un problema y responde al mismo con una parte de la historia del Evangelio que ilustra cómo los miembros de la iglesia, en realidad no estaban actuando ni viviendo lo que decían creer. Este patrón, que presenta un problema seguido de una solución a partir del Evangelio, nos muestra cómo Pablo enseña a los Corintios a pensar como cristianos. Seguir a Jesús significa desarrollar la habilidad de ver todas las áreas de la vida y las relaciones a través del lente del Evangelio.
1 Corintios 1-4: Divisiones en la iglesia
En los capítulos 1-4, Pablo define el problema de las divisiones en la iglesia. Otros maestros cristianos, como Pedro y Apolo, habían pasado por Corinto después de Pablo. El problema fue que muchos corintios habían elegido su maestro favorito de entre los tres, se habían vuelto fanáticos y estaban insultando y menospreciando a quienes no pertenecían a su grupo. Pablo responde con fuerza, incluso con sarcasmo: "¿Acaso fueron bautizados en el nombre de Pablo?". Quiere dejar claro que la Iglesia no debe dar su lealtad a los maestros populares, sino solo a Jesús.
Se supone que la Iglesia debe ser una comunidad de personas centradas en Jesús. Sus líderes y maestros son simplemente siervos de Jesús, y aunque puedan preferir a unos más que a otros, no es algo por lo que valga la pena dividirse. El fundamento de esta comunidad no son los líderes, sino Jesús y la buena noticia sobre quién es y lo que ha hecho.
1 Corintios 5-7: La invitación del evangelio a la integridad sexual
En los capítulos 5-7, Pablo habla sobre problemas relacionados con la conducta sexual. Varias personas de la iglesia estaban teniendo relaciones sexuales ilícitas, incluyendo a un hombre que vivía con su madrastra. Algunos miembros también seguían adorando a los dioses griegos en los templos locales y se acostaban con las prostitutas del templo. A Pablo le resulta aún más inquietante el hecho de que muchos en la iglesia dijeran que todo esto estaba bien, como dando a entender que la libertad en Cristo significa que las personas pueden actuar de forma inmoral.
Pablo muestra cuán erróneo es este pensamiento a través del mensaje del Evangelio. Los llama a recordar que Jesús murió por las consecuencias de sus pecados, esto incluye la ruina de las relaciones rotas causada por la mala conducta sexual. Si alguien es cristiano, la integridad sexual y la pureza son una de las formas principales y no negociables de responder al amor y la gracia de Jesús.

Pablo también les recuerda que así como Jesús fue físicamente levantado de entre los muertos, también nuestros cuerpos lo serán. Esto significa que si tu cuerpo está siendo redimido por Jesús tanto ahora como en el futuro, lo que haces con tu cuerpo es importante. El cuerpo de un cristiano no es suyo para hacer lo que quiera. Pertenece a Jesús y será resucitado junto a él, por lo cual, el cuerpo está destinado a su servicio. Pablo es muy claro: ser seguidor de Jesús implica no transigir en lo que respecta a la integridad sexual.
1 Corintios 8-10: La comida sacrificada a los ídolos
En los capítulos 8-10, el problema está relacionado con la comida, pero no debido a simples preferencias alimentarias. Los corintios, por ejemplo, estaban divididos en cuanto al consumo de carne de animales sacrificados en los templos locales, a los dioses griegos y romanos. Esto probablemente fue una división entre los cristianos judíos y no judíos y, una vez más, Pablo apela a las ideas centrales del Evangelio. Él dice que la lealtad de un cristiano es solo hacia Jesús, no hacia otros dioses. Si te encuentras en una situación en la que hay carne dedicada a otro dios y otras personas te ven comiendo esa carne, podrían llegar a la conclusión de que los cristianos adoran a Jesús al mismo tiempo que adoran a otros dioses. En ese escenario, Pablo dice: no comas la carne. Tu fidelidad es hacia Jesús, y deberías amar a las personas por las que Jesús murió. No los confundas con tu propia libertad.
Pablo continúa aclarando que Dios es el Creador de todas las cosas, esto incluye a los animales. Si no hay nadie que pueda malinterpretar tus intenciones, puedes comer tanto si es kosher como si no. Como nuevo humano en Cristo, eres libre de seguir tu conciencia en estos asuntos discutibles. El principio calificador que debería guiar tus acciones en situaciones como estas es el amor. El amor es una idea central del Evangelio y significa negarse a sí mismo para dar prioridad al bienestar de los demás. Este es el tipo de amor que Jesús nos demostró, por lo tanto, Pablo dice que este es también el tipo de amor que los cristianos deben demostrar a los demás.
1 Corintios 11-14: Caos en las reuniones de adoración
En los capítulos 11-14, Pablo aborda problemas en las reuniones semanales de adoración de los corintios. Durante la reunión, las personas tenían experiencias espirituales muy intensas en las que oraban en voz alta y en idiomas desconocidos. Había otros que de repente comenzaban a compartir una enseñanza o una palabra de Dios, y luego alguien los interrumpía para compartir algo con el grupo. Todo se volvió caótico, y la gente, especialmente los visitantes, se distraían al escuchar el Evangelio. Pablo los ayuda a pensar en el propósito primario de la reunión y a discernir qué tipos de comportamientos eran apropiados. Dice que el encuentro es un lugar donde el Espíritu de Dios puede obrar a través de todos, pero que debe suceder de una manera unificada.
Pablo desarrolla una metáfora de la Iglesia como un cuerpo. Aunque un cuerpo es un todo único y unificado, también está formado por diferentes partes que cumplen funciones únicas. Pablo enumera varias cosas que el Espíritu hace a través de las personas, todo con el propósito de construir la Iglesia. Concluye diciendo que el valor más alto de la reunión es un concepto que es fundamental para el Evangelio, el amor de Dios. El amor debería impulsar a cada persona a desempeñar su rol para servir a los demás.
Luego, Pablo aplica todo esto a los problemas de los corintios. Algunas personas pensaban que el propósito de la reunión consistía en tener experiencias espirituales intensas o expresar su opinión a los demás. Pablo dice que aunque cree en las experiencias poderosas al orar, cuando esto hace que las personas se distraigan o se asusten, hay que parar. Este es un ejemplo de lo que pasa cuando nos amamos más a nosotros mismos, que a nuestro prójimo. La reunión debe ser ordenada para que todos puedan aprender, adorar y escuchar a Dios hablándoles en su propio idioma.

1 Corintios 15: La resurrección de Jesús y la esperanza cristiana futura
En el capítulo 15, Pablo aborda el tema final de la resurrección de Jesús y la esperanza futura de sus seguidores. Algunas personas de la iglesia decían que el concepto de la resurrección era ridículo y que no afectaba a su identidad como cristianos. Pablo reacciona furtemente ante esto, diciendo que la resurrección es una parte indispensable del Evangelio. Creemos en la resurrección debido a los cientos de testigos oculares que vieron a Jesús vivo después de ser ejecutado públicamente. Si Jesús no resucitó de entre los muertos, su muerte no tendría sentido y todos seguiríamos estando perdidos en nuestro pecado y egoísmo. Si así fuera, todos deberíamos dejar de ser cristianos.
Pablo muestra, detalladamente, cómo la resurrección fue la victoria de Jesús sobre la muerte y el mal, ya que además de ser una fuente de vida y poder para nosotros, promete esperanza a todo el mundo. Debido a la resurrección, tenemos una razón para estar unidos en Jesús, una motivación para la integridad sexual, el poder para amar a los demás más que a nosotros mismos y, en última instancia, la victoria sobre la muerte.
Pablo concluye diciendo que creer que Jesús fue resucitado de los muertos es el fundamento de la fe cristiana. La verdad de la resurrección significa que el Evangelio no es un simple consejo moral o una receta para la espiritualidad privada. Es un anuncio sobre Jesús que abre una nueva realidad.
El libro de 1 Corintios gira en torno a ver cada uno de los aspectos de la vida, a través del lente del Evangelio.

