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1-3 Juan

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1-3 Juan
9:36
Resúmenes del Nuevo Testamento
1-3 Juan

1 Juan es una carta anónima, pero 2 y 3 Juan están escritas por alguien llamado “el Anciano”. El lenguaje y el estilo de las tres cartas son idénticos entre sí y también al del Evangelio de Juan, así que la mayoría de la gente piensa que todas fueron escritas por el “discípulo a quien Jesús amaba” (Juan 21:20-24). Sin embargo, esta persona es otro enigma. Podría ser Juan hijo de Zebedeo y uno de los doce discípulos, o algún otro Juan de entre los primeros discípulos de Jesús, que más tarde fue conocido como el Anciano. Sea cual sea este Juan, ahora es un hombre mayor y supervisa una red de comunidades que se reúnen en casas, probablemente alrededor de la antigua Éfeso.

Por las pistas que encontramos en los relatos de los evangelios y en las cartas, parece que estas comunidades estaban formadas en su mayoría por judíos que seguían a Jesús. También vemos que recientemente habían pasado por una crisis, y eso motivó a Juan a escribir estas cartas. Él menciona que un grupo de personas se separó de estas iglesias y ya no reconoce a Jesús como el Mesías de Israel ni como el Hijo de Dios (1 Juan 2:18-23; 4:1-3). Para empeorar las cosas, estaban provocando hostilidad entre quienes se quedaron (1 Juan 3:4-10).

1 Juan 1:1-4: La Palabra de vida

La introducción de este libro es muy parecida al prólogo del Evangelio de Juan (compárese 1 Juan 1:1-4 con Juan 1:1-18). Está llena de ecos de Génesis 1 y Proverbios 8, cuando Juan habla de “la Palabra de vida” que estaba con Dios “en el principio”. Para Juan, la palabra “Dios” se refiere tanto al Padre como al Hijo, quien vino a traer vida al mundo. A quienes vieron, oyeron y tocaron al Hijo se les llama “nosotros”. En otras palabras, Juan está hablando de sí mismo y de los otros apóstoles que fueron testigos presenciales de Jesús. Y ahora “nosotros” tenemos un mensaje para “ustedes”, la siguiente generación. Cuando los testigos presenciales apostólicos comparten la “Palabra de vida” con otras personas, ellas también son llevadas a una comunión con el Padre, el Hijo y los apóstoles. La palabra para esto en griego es koinonia, que significa participación o compartir. Cuando las personas escuchan el mensaje genuino sobre Jesús de parte de los apóstoles que fueron testigos presenciales, ese mensaje las introduce en una relación real con el mimísimo salvador, y también en una participación real en la vida y el amor de Dios.

1 Juan 1:5-3:10: Caminar en la luz de Jesús

Esta idea nos lleva directo a la primera sección principal (1 Juan 1:5-3:10). El mensaje de los apóstoles es que el Dios revelado en Jesús es luz. Así que, si participan en la vida de Dios por medio de Jesús, entonces necesitan seguir “caminando en la luz”, lo que significa que deben seguir los mandamientos de Jesús. Cuando no lo logran, su muerte que expía el pecado cubre sus faltas, y de nuevo se les llama a obedecer sus enseñanzas. Juan les recuerda el mandamiento que Jesús dio a sus discípulos en la última cena: que se amen unos a otros como él los amó (Juan 13:34). Hacer esto es como caminar en la luz.

Si la luz de Dios ahora brilla a través de Jesús, eso significa que la oscuridad del mundo está desapareciendo y que los hijos de Dios ya tienen victoria sobre el pecado y la muerte que gobiernan en el mundo. Esto lleva a Juan a lanzar un desafío a las iglesias: no amemos al mundo; también va a desaparecer. Juan se refiere específicamente al orgullo y a la corrupción sexual, que probablemente estaban relacionados con el conflicto que había ocurrido recientemente en las iglesias.

Juan también se toma el tiempo para advertir a estas iglesias sobre las personas que se habían ido y que estaban negando a Jesús como el Mesías (1 Juan 2:18-3:10). Él los llama “anti-Mesías” y “engañadores”. Sin embargo, confía en quienes todavía conocen la verdad sobre Jesús. Ellos son realmente hijos de Dios, amados por el Padre, y muestran que forman parte de la familia de Dios al hacer lo que es justo y amarse unos a otros. Esto es muy diferente de los engañadores, que están tratando de provocar enojo y conflicto.

1 Juan 3:11-5:17: Dios es amor

Esto nos lleva a la segunda sección principal del sermón (1 Juan 3:11-5:17). Una vez más, Juan comienza diciendo que “este es el mensaje” de los apóstoles: que Dios es amor. Por lo tanto, sus hijos deben amarse entre sí y evitar el odio. No deben volverse como Caín de Génesis 4, cuyo odio lo llevó a asesinar a su propio hermano. Para los seguidores de Jesús, el amor se define por Jesús entregando su vida como un sacrificio por el bienestar de los demás. Cuando los hijos de Dios confían en el amor por ellos que se mostró a través de Jesús, eso transforma su corazón y su mente.

Juan vuelve a advertirles sobre los engañadores, y esta vez los llama “falsos profetas” (1 Juan 4:1-21). Cuando estas personas negaban que Jesús es el Mesías, también afirmaban hablar en nombre de Dios. Pero Juan dice que hay que “poner a prueba a los espíritus”. Si alguien afirma hablar de parte de Dios pero no se centra en Jesús, en realidad no habla por él. Los verdaderos hijos de Dios ponen en el centro de su vida a Jesús crucificado, porque ahí vemos el corazón de Dios. En la cruz, Dios se revela como un ser de amor totalmente entregado, que nos impulsa a amar a los demás de la misma manera. Cuando nos encontramos con este Dios de amor, el miedo y la angustia desaparecen para siempre.

Esto es parte de lo que Juan quiere decir cuando habla de tener victoria sobre el mundo (1 Juan 5:1-17). Cuando vemos la profundidad insondable del amor de Dios por nosotros, ese amor se convierte en lo que sostiene toda nuestra vida. Este amor llega cuando confiamos en el Jesús crucificado y confiamos en el testimonio de Dios, que nos llega tanto por medio del Espíritu como de los apóstoles. Cuando el amor de Dios nos toma por completo, abre la vida eterna. Es una forma de existir en el mundo, una manera de vivir impregnada de la vida y el amor de Dios, que empieza ahora y continúa por toda la eternidad.

1 Juan 5:18-21: Dios y Jesús como uno solo

Ahora llegamos a la conclusión culminante del sermón: “Sabemos que el Hijo de Dios ha venido para que podamos conocer al que es verdadero. Y estamos en el que es verdadero, en su Hijo Jesús el Mesías. Este es el Dios verdadero, y la vida eterna” (1 Juan 5:18-21)

Puede que tengas la cabeza dando vueltas y te estés preguntando: “Espera, ¿quién es el que es verdadero y me da la vida verdadera? ¿Jesús o Dios?”. Y la respuesta de Juan es simplemente: “Sí”. Juan no conoce a ningún Dios aparte de Jesús. Cuando él y los otros apóstoles se encontraron con Jesús, descubrieron al Dios que nos ama tan profundamente que ha decidido no existir sin nosotros, a pesar de nuestros fracasos. Esta revelación de Dios es tan sorprendente e inesperada que las palabras finales de Juan nos llaman a “mantenernos alejados de los ídolos”, es decir, a resistir cualquier tentación de rehacer a este Dios a nuestra propia imagen (1 Juan 5:21). Conocer a Jesús es conocer al Dios de amor creativo, que da vida y se entrega a sí mismo.

2 y 3 Juan: Una advertencia para quienes niegan a Jesús

La segunda y la tercera carta hablan claramente del conflicto entre las personas que siguen a Jesús y quienes niegan que él es el Mesías resucitado y el Rey. 2 Juan es una advertencia para una casa-iglesia específica. Es probable que las personas que niegan a Jesús, a quienes Juan llama “los engañadores”, vayan a buscar validación o apoyo. Juan le dice específicamente a la iglesia que no les ofrezcan ninguno.

3 Juan está dirigida a un miembro de una iglesia en casa llamado Gayo. Juan le pide a Gayo que reciba con hospitalidad a los misioneros legítimos que llegarán pronto, porque el líder de esa comunidad, Diótrefes, se está comportando de forma muy egoísta y está rechazando a las personas asociadas con Juan el Anciano.

Estas cartas nos dan una ventana a la tensión y el conflicto que Juan enfrentó dentro de estas iglesias. Esto nos ayuda a ver 1 Juan como una especie de control de daños literario. En ella, el Anciano les asegura a quienes todavía creen en el Mesías que Dios está con ellos mientras se mantengan fieles a la verdad. Y este contexto nos ayuda a entender mejor la singularidad de 1 Juan: que en realidad no es una carta. El libro se lee más bien como un sermón poético. Juan dice que no está comunicando información nueva (1 Juan 2:9). De hecho, casi todas las palabras clave e imágenes del sermón vienen directamente de las enseñanzas de Jesús en Juan 13-17. El objetivo de Juan es recordarles y convencer a estos cristianos de que se mantengan fieles a lo que ya creen.

Es importante notar la cualidad poética del mensaje de Juan, porque no desarrolla sus ideas de una manera lineal o lógica. Más bien, usa una técnica muy conocida de la retórica antigua llamada amplificación. Juan tiene solo unas pocas ideas centrales que quiere comunicar sobre la vida, la verdad y el amor, y vuelve a ellas una y otra vez. Cada vez ofrece un ángulo y un énfasis un poco diferentes, usando hipérboles y contrastes muy marcados con imágenes universales y sencillas. Pero no dejemos que la sencillez del mensaje nos engañe. Esta obra es profundamente significativa.

Además de la clara introducción y conclusión, los ciclos fluidos del sermón no siguen un diseño literario rígido. Aun así, parece que sí hay dos secciones más amplias (1 Juan 1:5-3:10 y 3:11-5:17). Ambas son fáciles de identificar gracias a la frase introductoria “este es el mensaje”, seguida por una concentración de imágenes de Dios como luz y amor.